A falta de sesiones, el Congreso se pobló de albañiles y restauradoras

A falta de sesiones, el Congreso se pobló de albañiles y restauradoras
Las obras terminarían justo cuando Cristina abra el período ordinario, el 1° de marzo.
Taladros vibrando a full. Caños y cables sueltos. Andamios y ladrillos esparcidos por los pasillos. El emblemático salón de los Pasos Perdidos convertido en un gigantesco taller artístico de restauración. Si los diputados hubieran sido convocados a sesionar en febrero, la actividad legislativa se habría transformado en una verdadera carrera de obstáculos.

Tan pintoresca imagen no fue puesta en escena por una sencilla razón: la presidenta Cristina Kirchner se abstuvo de convocar a sesiones extraordinarias, interrumpiendo un hábito que se mantuvo durante los cinco años anteriores de gestión kirchnerista. Habrá que esperar hasta el 1° de marzo --las vacaciones parlamentarias concluirán justo un domingo--, para que Cristina pegue el grito de largada de un año legislativo que se mezclará con aromas de campaña electoral.

Los pocos legisladores oficialistas que en pleno verano se asentaron en sus despachos recitan el artículo de la Constitución que le otorga la prerrogativa de llamar a extraordinarias al Ejecutivo. "No hay temas urgentes desde el punto de vista parlamentario", se animó avanzar el jefe de los senadores K, Miguel Pichetto.

Por su lado, la oposición se apropió de la teoría física por la que el espacio que deja vacío un cuerpo lo ocupa otro. Y se paseó por los salones del Senado --donde no hay obras a la vista-- para quejarse por la negativa del Gobierno a enviar una ley de emergencia agropecuaria. Aunque la estocada más a fondo la dio al atribuir la ausencia de extraordinarias al temor del Gobierno de no contar con mayoría en la Cámara baja, tras las ajustadas votaciones de finales del año pasado. "Y después de las elecciones legislativas el kirchnerismo perderá la mayoría parlamentaria definitivamente", azuzó el senador y jefe radical, Gerardo Morales.

"La oposición pide sesiones, pero cada vez que el Ejecutivo manda una ley se niega a dar quórum. ¿En qué quedamos?", replicó el jefe de los diputados oficialistas, Agustín Rossi. Y le explicó a Clarín que "el Gobierno no tiene necesidad de informar por qué no convoca. Tampoco nos avisó a nosotros".

Con todo, al jujeño Eduardo Fellner, presidente de la Cámara baja, alguien le habrá adelantado al oído que el Gobierno no estaba con ánimo de prestarle escenario a la oposición en plena sequía del campo y con la crisis internacional soplando en la nuca.

De otro modo, no se justificaría que las múltiples obras que ordenó comenzar en enero recién tengan fecha cierta de finalización a finales de febrero.

Las quejas más zumbonas que ya resuenan en su despacho provienen de los empleados que retomaron sus tareas y descubrieron que hay un solo baño habilitado para los 13 pisos del edifico anexo, donde funcionan las oficinas de los diputados y de las comisiones parlamentarias.

La antesala de la Presidencia espera el regreso del gigantesco óleo de la Primera Junta, que fue sometido a chapa y pintura --incluido el marco-- por el equipo de restauración, en Pasos Perdidos (ver foto). El cuadro fue pintado en 1904 por Julio Vila y Prades, un valenciano radicado en la Argentina. Ese equipo también recuperó el piso original de baldosas calcáreas en la Contaduría.

Aviso: este relato se escribió fuera del Congreso, porque la sala de prensa está cerrada a la espera del nuevo mobiliario que, según prometen, será emplazado en dos semanas.

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