Falta rumbo

Por: Jorge Fontevecchia.

Un embajador europeo con experiencia en destinos subdesarrollados de Asia me contó esta semana lo escandalosa que le resultaba la actitud de los intendentes del Conurbano bonaerense, a quienes conoció hiperkirchneristas hace cuatro años cuando presentaba sus cartas credenciales, y que ahora, al despedirse, le confiesan abiertamente que en la interna del PJ apoyarán al opositor peronista que mejor mida en las encuestas: "Duhalde, De Narváez, el que sea, porque Kirchner ya fue".

Para el embajador, los intendentes no disimulan, como normalmente harían los políticos de todo el mundo, sino que exponen abiertamente un espíritu típicamente comercial donde lo único que importa es maximizar el beneficio.

También le resultaba de mal gusto una actitud similar en los jueces expresada en las últimas sentencias sobre la Ley de Medios, que en una sola semana acumuló tres fallos adversos, un récord pocas veces visto. Para el embajador, aunque disimulen en sus declaraciones públicas, estos jueces no son tan distintos a los primitivos intendentes del Conurbano, por lo menos en lo que hace a seguir la dirección del viento.

Estos fallos, y su rapidez, mínimamente contrastan con la demora que sufrió el amparo por la discriminación con la publicidad oficial iniciado a comienzos de 2006, con un fallo adverso en primera instancia y recién uno favorable en segunda instancia casi tres años después. Más aún teniendo en cuenta que sobre la Ley de Medios existen opiniones divididas, mientras que sobre el uso abusivo de la publicidad oficial no hay quien salga a defender lo que hizo el Gobierno, ni siquiera los propios oficialistas.

De la misma forma que Clarín se dañó a sí mismo asumiendo una línea editorial opositora que no resultaba natural ni coherente con su pasado reciente con el Gobierno, porque demostraba así que tanto lo que había hecho en el pasado como lo que hace en el presente no es íntegramente periodismo, la Justicia, con algunos de estos fallos igualmente sobreactuados, se daña a sí misma, porque el contraste de sentencias tan distintas en el pasado próximo con las actuales no hace más que revelar que no es íntegramente justicia lo que hizo ni lo que ahora hace.

Si uno se encontrara perdido en medio de una geografía desconocida, la recomendación sería siempre mantener un único rumbo que aunque terminara siendo el más largo por lo menos llevaría a alguna parte, mientras que si se tentara con los atajos, se correría el riesgo de recorrer un camino en círculos que llevaría de vuelta al lugar de partida.

Esta recomendación es también válida y evidente para la economía: es casi tan grave ir siempre en la dirección equivocada como cambiar de rumbo cada pocos años.

La decadencia argentina no es sólo fruto de equivocaciones de los políticos, también el periodismo y la Justicia son copartícipes de esos errores. Al igual que cualquier sistema, el poder es un entramado de componentes donde, como si fuera una tela, uno tira de una parte y se mueve todo el resto. Los políticos, los periodistas y los jueces en el campo de lo inmaterial, y los empresarios y los sindicalistas en el campo de lo material, son esa trama. No resulta disculpa para ninguno de los sectores el error del otro, ni se puede justificar la necesidad de adaptarse al resto para sobrevivir porque, como es un sistema, alcanzaría con que alguno de los sectores cambiara para que comenzara el cambio de todos los demás. El peronismo se ha comportado como una sociedad anónima, pero si el periodismo no hubiera seguido su ejemplo, el peronismo sería otro. La adaptación de cada componente del entramado del poder a los errores de las otras partes no hace más que reforzar el círculo vicioso y es funcional a la perpetuación de la lógica de reelección o cárcel para la política, Justicia superadaptada al humor social, periodismo lacayo-extorsionador y empresarios acomodados al beneficio de corto plazo. Eso es el subdesarrollo.

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Post scriptum: Más importante que preguntarse sobre el fallo de Oyarbide acerca de la fortuna del matrimonio presidencial sería hacerlo sobre si en España el juez Garzón, de haber tenido un caso como el de la efedrina, los medicamentos y los aportes a la campaña presidencial, no habría puesto ya a un político preso.

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