Falta un gesto que traduzca límites al endeudamiento

Por Hernán de Goñi

El día que Amado Boudou anticipó formalmente que habrá una nueva oferta para los tenedores de deuda en default, consiguió despejar una duda que en el mercado todavía tenía cierto peso: los inversores querían saber hasta dónde la promesa que había hecho el ministro tenía el respaldo político del Gobierno

Ese gesto sirvió para darle credibilidad a una decisión que el Ejecutivo ya había capitalizado: la revalorización que tuvieron los bonos mejoró el riesgo país, bajó las tasas y creó un efecto riqueza que fue beneficios para el Estado, como lo atestiguan los balances del Banco Central y la ANSeS.

Hoy sería aconsejable que suceda algo similar para la política fiscal. El Presupuesto 2010 fue elaborado con la pretensión de mostrar equilibrio. Pero las cifras del 2009 no están alineadas con esa meta. El gasto primario crece casi tres veces más que los ingresos. Algunos rubros (salarios, jubilaciones, asignación por hijo, inversiones en infraestructura) tienen el justificativo de la política contracíclica, pero lo que preocupa es la creación de una inercia difícil de cortar.

El Gobierno, como si fuese poco, en breve podrá sumar financiamiento a través del crédito. No debería olvidar que en esta materia es mejor ponerse un límite antes que quien lo haga sea el mercado.

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