Falta discutir para qué se usará la deuda

Por Hernán de Goñi

Hay un punto que debe ser destacado en la preocupación que demuestran todos los actores que reclaman una reforma del decreto que implementó el Fondo del Bicentenario. Es el deseo de no permitir que se vulnere el funcionamiento institucional del BCRA.

La Argentina tiene malos antecedentes históricos en esta materia. Y no hablamos solo del BCRA. Desde el default de 2002 hasta el presente, el respeto por los contratos dejó de ser una obligación de cualquier integrante del Estado, para pasar a ser una decisión tan arbitraria como la de elegir una corbata.

Por eso también vale la pena remarcar el segundo factor rescatado por la actitud de varios dirigentes políticos interesados en el destino de la deuda pública. Desde la Presidenta, que remarcó que ya no tiene sentido discutir sobre ilegitimidad (un elemento que la embestida de los fondos buitre puso de moda en el propio entorno K) hasta aquellos que ofrecen soluciones para pagar, sin sugerir ni por un momento la posibilidad de incumplir o diferir pagos.

El punto en contra es que la urgencia hoy favorece resolver esta discusión más preocupados por el cómo que por el para qué. La alternativa a usar las reservas es otro tipo de deuda. Nadie se pregunta para qué se usarán los recursos.

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