Falta de códigos

La semana se despidió con sorpresas tanto por el enojo de un funcionario como por los enredos de la elección de Estofán así como también el premio para Obama. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
Esta semana hubo frases y señales. Hubo funcionarios que demostraron que no siempre están a la altura de sus cargos. Hubo elecciones en la Corte que dejaron al descubierto las debilidades de sus vocales y, al filo del domingo, hasta el belicista Barack Obama recibió el Nobel de la Paz.

Tan sorprendente como eso fue el desplante del espadachín de Domingo Amaya y de Germán Alfaro que demostró que, como secretario político del municipio de la capital, es un buen vocero de la confusión.

El artículo 9 del código de ética pública de la República Argentina dice: "El funcionario público debe actuar con pleno conocimiento de las materias sometidas a su consideración, con la misma diligencia que un buen administrador emplearía para con sus propios bienes. El ejercicio de la función pública debe inspirar confianza en la comunidad. Asimismo, debe evitar acciones que pudieran poner en riesgo la finalidad de la función pública, el patrimonio del Estado o la imagen que debe tener la sociedad respecto de sus servidores".

Es muy posible que el secretario de Gobierno de la Municipalidad de Tucumán no haya podido leer este compilado. De lo contrario, no se puede entender cómo esta semana el doctor Walter Berarducci fue incapaz de aceptar la crítica de un concejal de la oposición y, lo que es peor, dijo que LA GACETA había mentido al publicar que dos oferentes tenían el mismo domicilio, tal cual lo había denunciado el edil José Costanzo y cuyos facsímiles se pusieron en las páginas de la edición del viernes pasado.

El funcionario no contestó a LA GACETA sobre este tema, pero sí se dirigió a LV12 para despotricar contra la publicación. Habló de mala fe e indicó que recurrió a la radio "porque sé que LA GACETA no me va a permitir hacer porque ellos defienden su corporación; sé que, seguramente, están en una lucha -que mañana (la declaración fue el jueves), si Dios quiere, va a tener fin- contra el monopolio, en este caso, de la pluma, que tenemos en LA GACETA en Tucumán".

Tal cual lo pidió Berarducci, Dios quiso, pero sus ruegos no tienen absolutamente nada que ver y la ley recientemente sancionada está muy lejos de legislar sobre esto que el secretario de Gobierno de la Municipalidad afirmó. En síntesis, él que habló de mentir no tuvo ningún problema de confundir a la audiencia porque total no importaba. Su intención era hablar mal del diario, indudablemente, y no aclararle a la sociedad lo que un concejal (no el diario) había planteado.

Los verdaderos estadistas son los que se preocupan por los detalles y le dan prioridad a la cuestión pública, que es de todos. Y suelen buscar argumentos que les permitan defender sus posiciones, no confundir. "El funcionario público está obligado a expresarse con veracidad en sus relaciones funcionales, tanto con los particulares como con sus superiores y subordinados, y a contribuir al esclarecimiento de la verdad", dice el artículo 18.

El artículo 11 del Código de Etica Pública recomienda tener templanza. La letra dice que debe desarrollar sus funciones con respeto y sobriedad, usando las prerrogativas inherentes a su cargo y los medios de que dispone únicamente para el cumplimiento de sus funciones y deberes.

Más allá de las imposibilidades o de las mocedades para llegar a ejercer algunos cargos públicos es comprensible que los funcionarios, ante las cargas que tienen, se vean desbordados. No obstante el código les exige que tengan cierta tolerancia; exactamente, en su artículo 34: "El funcionario público debe observar, frente a las críticas del público y de la prensa, un grado de tolerancia superior al que, razonablemente, pudiera esperarse un ciudadano común". Berarducci, después de tratar de mentirosos y hasta de señalar a periodistas de LA GACETA, habló con el diario y en el típico doble discurso manifestó que no tenía nada contra el medio.

Cuán lejos han quedado los grandes funcionarios que solían dar la cara, responder, criticar y argumentar ante cualquier cuestión sin echarle la culpa a la prensa por sus incapacidades. Se ajustan al lema de confrontar y de embarrar la cancha, dicho en lenguaje de barricada. Allá lejos quedaron los consejos de las abuelas, que decían que para ser (funcionario) también había que parecer.

En otro romance, el artículo 35 del Código de Etica Pública le pide equilibrio: "El funcionario público debe actuar, en el desempeño de sus funciones, con sentido práctico y buen juicio.

Esta semana algunas leyes parece que han quedado en desuso.

Cortesía, vocal ausente

La falta de modales descripta por aquel joven y poco fundamentado secretario municipal es nimia a la par de la acomplejada elección del presidente de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán. Al desnudo quedaron ambiciones desmedidas y extemporáneas, desconfianzas y deslices trascendentales. Todo casi quiebra el equilibrio que debe primar en la cúpula del Poder Judicial.

Se discutió quién tenía capacidad para manejar las elecciones de 2011. Hubo quien llegó a mentir que contaba con los votos que después no tenía. Cuentan que hasta hubo alguien que dijo que el Espíritu Santo lo había iluminado para reflexionar y decidir a quién votar. Y, hasta -afirman algunos cercanos a los vocales- hubo quien llegó a reconocer que desde la Casa de Gobierno le dieron señales de cómo sufragar. Los votos de los vocales René Goane (optó por Antonio Gandur), de Gandur (por Goane) y de Alberto Brito (por Antonio Estofán) se cumplieron tal cual lo habían anunciado. También aunque quede mal se dio que Estofán respetara la "jurisprudencia" de "la gran Dato" y se votara a sí mismo. Hubiera sido innecesario porque la quinta en elegir era Claudia Sbdar y Estofán de haber sabido qué iba a hacer su colega un segundo después, no hubiera necesitado elegirse a sí mismo. La desconfianza fue el sexto vocal de la Corte.

Sbdar mezcló sus dudas y sus exageradas ambiciones para alguien que acaba de aterrizar en el Poder Judicial.

En la XIII Cumbre Judicial Iberoamericana se elaboró un Código de Etica Judicial. Entre los artículos 48 y el 52 se desarrolla el capítulo de la Cortesía, la gran ausente en esta elección que sentó a Antonio Estofán en el sillón más alto. "Los deberes de cortesía tienen su fundamento en la moral y su cumplimiento contribuye a un mejor funcionamiento de la administración de Justicia. (art. 48).

Todos los vocales respiraron cuando consiguieron ungir a un presidente de la Corte. Las primeras declaraciones del flamante titular de la Corte tuvieron más la impronta brutal que solía (la prudencia lo ha dominado en el último tiempo) tener el gobernador. Estofán justificó el voto por sí mismo, pero asustó cuando dijo que "hay cosas que el gobernador no es capaz de pedirme". Es decir que hay cosas que le va a pedir y no transmitió la tranquilidad de que estaba dispuesto a decirle que no para que no entorpezca la independencia de los poderes.

Ya no son las palabras del fiscal de Estado ni la del vocal se trata del presidente de la Corte que, como "juez íntegro, no debe comportarse de una manera que un observador razonable considere gravemente atentatoria contra los valores y sentimientos predominantes en la sociedad en la que presta su función. (art.54).

Hay una vieja anécdota del periodismo de los 70. En 1973 Henry Kissinger recibió el premio Nobel de la Paz y en aquella oportunidad, un caricaturista del diario The Washington Post dijo que ante aquella noticia debía retirarse porque la realidad había superado su capacidad humorística.

Esta semana que pasó, los hechos han sobrepasado la posibilidad de sorprenderse. Desde el Nobel a Obama hasta la enredada trama de la elección del nuevo titular de la Corte Suprema de Justicia. La publicación de la denuncia del concejal Costanzo fue calificada por Berarducci como una falta de respeto a las instituciones.

Una exageración que hubiera movido al retiro al humorista del The Washington Post.

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