La falta de agua: un flagelo que amenaza a un cuarto de la población mundial

La falta de agua: un flagelo que amenaza a un cuarto de la población mundial

Cada vez son más las ciudades, en todo el mundo, que corren el riesgo de quedarse sin agua. Cómo prevenirlo.

Diversos países que albergan en total la cuarta parte de la población terrestre se enfrentan a un riesgo cada vez más inminente: la posibilidad de quedarse sin agua.

Desde la India a Botsuana, hay en la actualidad 17 países de todo el mundo bajo estrés hídrico extremadamente alto, lo cual significa que están utilizando casi toda el agua que tienen, de acuerdo con nuevos datos publicados el martes por el Instituto de Recursos Mundiales.

Una balsa sobre el lecho seco de la laguna Leona Vicario, en Bacalán, en el estado de Tabasco (México), en una imagen de mayo pasado. La zona padece la peor sequía de los últimos 30 años. /EFE

En primer lugar, muchos son países áridos; otros derrochan toda el agua que tienen.

Algunos dependen demasiado del agua subterránea, cuando en su lugar deberían estar reponiéndola y guardándola para las épocas de sequía.

En esos países hay grandes ciudades consumidoras de agua que recientemente han pasado por una carencia aguda, entre ellasSan Pablo, en Brasil, Chennai, en India, y Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, que en 2018 apenas si superó lo que denominó Día Cero: el día en que todos sus embalses podrían estar secos.

“Lo más probable es que tengamos más de estos Días Cero en el futuro”, dice Betsy Otto, directora del programa de agua global del Instituto de Recursos Mundiales. “La situación es alarmante en muchos lugares del planeta.”

El cambio climático incrementa el riesgo. Al volverse más errática la lluvia, el abastecimiento de agua se hace menos seguro. Al mismo tiempo, dado que los días van siendo más calurosos, es mayor la cantidad de agua que se evapora de las represas, así como su demanda aumenta.

Una mujer carga un balde con agua en un barrio de las afueras de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.

A veces, los sitios con estrés hídrico padecen situaciones opuestas. Un año después de que en San Pablo las canillas prácticamente se agotaran, la ciudad fue asolada por inundaciones. Chennai también se inundó funestamente cuatro años atrás y hoy sus depósitos de agua están casi vacíos.

El agua subterránea se acaba rápido

El distrito federal de México, capital de su país, está extrayendo agua subterránea tan rápido que la ciudad literalmente se hunde. Daca, en Bangladesh, depende tanto de sus napas subterráneas que ahora extrae agua de sus acuíferos a cientos de metros de profundidad. Los necesitados residentes de Chennai, acostumbrados durante años a usar el agua subterránea, hoy comprueban que no les queda nada. Todo a lo largo de India y Pakistán los granjeros están agotando acuíferos para proveer de agua a sus demandantes cultivos, como los de algodón y arroz.

Bangalore, en la India, es otra ciudad que sufre la falta de agua. /AP

Pronóstico de mayor estrés

Hoy, entre distintas ciudades con más de 3 millones de personas, el Instituto de Recursos Mundiales llega a la conclusión de que 33 de ellas, con una población que en total supera los 225 millones de habitantes, tienen alto estrés hídrico, lo cual repercute en la salud pública y el malestar social.

Se espera que para 2030 el número de ciudades de la categoría de estrés más extrema se eleve a 45 y abarque a cerca de 470 millones de personas.

¿Cómo resolver el problema?

Es mucho lo que está en juego para los lugares con estrés hídrico alto. Cuando una ciudad o un país usa prácticamente toda el agua de que dispone, una sequía fuerte puede resultar catastrófica.

Después de tres años de sequía, Ciudad del Cabo se vio forzada en 2018 a adoptar medidas extraordinarias para racionar lo poco que quedaba en sus reservas. Esa crisis aguda no hizo más que magnificar una dificultad crónica. Los 4 millones de habitantes de Ciudad del Cabo compiten con los productores agropecuarios por sus limitados recursos hídricos.

Otro tanto ocurre en Los Ángeles, California. Allí, la sequía más reciente terminó este año. Pero sus recursos hídricos no llevan el paso de su demanda galopante y la inclinación por tener piscinas privadas no ayuda.

En cuanto a Bangalore, un par de años de lluvias miserables revelaron lo mal que la ciudad administró su agua. Los numerosos lagos que en algún momento se esparcían en torno a la ciudad y sus alrededores han sido reemplazados por construcciones o rellenados con desperdicios de la ciudad. Ya no pueden ser las reservas de agua de lluvia que alguna vez fueron. Entonces, la ciudad debe arriesgarse más y más lejos parsa extraer agua para sus 8,4 millones de habitantes, y es mucha la cantidad que se pierde en el camino.

Sin embargo, es mucho lo que se puede mejorar en cuanto al manejo del agua.

Primero, los empleados municipales pueden tapar las filtraciones del sistema de distribución del agua. Las aguas residuales pueden reciclarse. El agua de lluvia puede recolectarse y guardarsepara tiempos de vacas flacas: pueden limpiarse los lagos y las tierras pantanosas y restaurarse los viejos pozos. Los productores agrícolas, por otra parte, pueden pasar de cultivos que requieren mucha agua, como el arroz, y dedicarse a otros que la necesitan mucho menos, como el mijo.

“El agua es un problema local y requiere soluciones locales”, dice Priyanka Jamwal, integrante de la junta de gobierno del Trust para la Investigación en Ecología y Medioambiente, de Bangalore.

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