Falsos candidatos

Por Adrián Ventura

El kirchnerismo oficializó la mentira. Listas sábana, listas colectoras, listas colectoras inversas y, ahora, listas simuladas: son el último desarrollo de ingeniería electoral del kirchnerismo.

Gobernadores e intendentes se postulan para cargos legislativos, aunque anuncian de viva voz que nunca asumirán sus bancas. El único objetivo es comprometerse con el modelo K y traccionar votos. Así, Néstor Kirchner diseñó un seguro contra la traición, sin importarle que esté empujando al sistema institucional al precipicio.

Los argentinos con frecuencia nos quejamos de las boletas con listas sábana, porque bajo esa larga grilla de nombres ignotos sólo emergen a la luz los primeros dos o tres candidatos. Ahora, las cosas serán peores: los dos o tres primeros candidatos de la lista kirchnerista, es decir, funcionarios que se dirán candidatos y actuarán como tales, no asumirán. Los cargos serán ocupados por quienes vengan debajo, en el orden la lista.

La opacidad fue reemplazada por la total oscuridad. ¿Quiénes son los candidatos suplentes, es decir, aquellos que realmente ocuparán los escaños en juego? ¿Cuánto le costará al oficialismo conservar su fidelidad? En el ocaso de una gestión, el precio de la fidelidad se cotizará en alza.

El kirchnerismo las llamó "listas testimoniales". Esa es la primera falsedad, porque "testimonio" es lo que da fe, lo auténtico ?por ejemplo, la copia de la escritura de un departamento, que se llama "primer testimonio"?, y nada menos auténtico que listas de candidatos que, según confiesan, no asumirán. Son listas simuladas o falsas.

Pero el engaño que oficializó Kirchner es impune: una mentira que, por haber sido fraguada por políticos poderosos que están fuera del alcance de la ley, no tendrá consecuencias legales, pero una mentira al fin, con suficiente gravedad como para manchar los comicios y la democracia.

Las listas simuladas o falsas van contra todo sentido democrático y republicano. Ese mecanismo desprecia la división de poderes y postula a integrantes de poderes ejecutivos para cargos legislativos; vacía de contenido a los partidos, porque los candidatos no surgen de internas ni son los mejores, sino que son los caciques con capacidad para arrastrar votos, y, además, hace que se dilapide el presupuesto de las campañas, que estará destinado a ensalzar a figuras que nunca asumirán, pero que ocultan a los verdaderos candidatos, en las sombras.

Mientras que la Convención Americana de Derechos Humanos y el Pacto de Derechos Civiles y Políticos exigen que los comicios sean auténticos y la Argentina les dio jerarquía constitucional a ambos, nuestros comicios serán oficialmente falsos. Estamos frente a una maquiavélica paradoja, construida o tolerada por una clase política que se volvió mendaz y desprejuiciada.

Según el Código Penal, si usted vende o entrega algo de calidad distinta de la prometida ?por ejemplo, en lugar de vino, entrega agua coloreada ? incurre en el delito de defraudación y puede ir a prisión. En cambio, el ardid de Kirchner, capaz de llevar a millones de personas a votar por candidatos falsos, nos dicen que no es ilegal. En la Argentina, las cosas funcionan al revés de lo imaginable.

Es claro que nadie pretende que se aplique el Código Penal a los políticos por las mentiras que dicen en las campañas, pues pocos quedarían libres.

Tampoco se puede reclamar que los jueces, en un acto heroico, se inmolen en una lucha despareja con todos los integrantes del grupo político más fuerte del país. Pero es evidente que algo falla y parece que es cierto modo de hacer política. Si la boleta simulada obtiene una victoria importante, la foto de familia garantizará sonrisas y más reparto. Pero si obtiene un margen estrecho, un resultado deslucido, ¿no pierden todos, además de Kirchner?

Frente a una coyuntura económica que exija tomar medidas de emergencia, ¿quién tendrá poder político para adoptar esas medidas, quién podrá asegurar la gobernabilidad? Por otra parte, cuando el kirchnerismo busque nombres para 2011, ¿no los habrá incinerado de antemano? Los kirchneristas replican que todos los partidos postulan candidatos ejecutivos para cargos legislativos, como es el caso de Gabriela Michetti. Pero la situación no es idéntica porque ninguno de ellos confesó, de antemano, que no asumirá su cargo.

La situación actual tampoco es idéntica a la que vivió la Argentina cuando, en 1973, el pueblo votó a Héctor J. Cámpora, previendo que él no sería el verdadero factor de poder. En efecto, el peronismo venía de una situación de proscripción y, además, el que reemplazó a Cámpora, nueva elección mediante, fue Juan Domingo Perón, una personalidad mucho más importante que el hasta entonces diputado. La Argentina no vive en un sistema democrático ni republicano, sino en sus márgenes exteriores. Recordaba Borges que los compadritos o pendencieros se batían a cuchillazos con la policía, encarnación de la ley. El compadrito político, más moderado, no mata, pero engaña a la ley sin vergüenza alguna.

Comentá la nota