El falo

Por Jorge Fontevecchia

Dicen que Alberto Fernández, siendo jefe de Gabinete, cuando hablaba por teléfono con Héctor Magnetto, el CEO de Clarín, lo llamaba "jefe". Dicen que si Néstor Kirchner fuera presidente, habría negociado con Magnetto y seguirían siendo aliados.

Dicen que cuando Cristina Kirchner asumió y Alberto Fernández le explicó que había que consultar ciertas decisiones con Magnetto, ella respondió que no había llegado a presidenta para tener que consultar con otro hombre: "Si no consulto al rey de España, menos consultaré al CEO de una empresa". Dicen que esta nueva Ley de Medios es fruto de la primera mujer elegida presidente de la Argentina, para quien, quizá más que para cualquiera de sus predecesores varones, el no reconocimiento de sus atributos de mando resulta muy ofensivo.

Ella habría sido quien decidió avanzar sin mirar costos, pero no está sola en el deseo. Muchos políticos sienten su autoestima herida por el poder de Clarín de atemorizarlos. Todos recuerdan el "síndrome Lafferriere", en referencia al senador por Entre Ríos Ricardo Lafferriere, quien propuso una ley de derecho a réplica (espacio en el medio que criticó a una persona para que ésta responda) e hipotecó su carrera política porque desapareció de los principales medios para siempre.

De la misma forma que el Gobierno logró que se aprobaran las leyes que permitieron estatizar los fondos de las AFJP y Aerolíneas Argentinas, a pesar de la prédica de Clarín y casi todos los medios privados, y no sólo gracias a los votos de los legisladores kirchneristas, también esta vez hay voluntades que trascienden a los Kirchner en el ánimo anti Clarín.

Se discute quién manda en la Argentina y, aunque no lo parezca, para algunos legisladores es la segunda parte del "que se vayan todos" de 2002. Desde la perspectiva de ciertos políticos, los grandes responsables del fracaso de la Argentina que desembocó en la salida explosiva de la convertibilidad son quienes tuvieron el poder en los 90, que no eran los políticos sino las grandes corporaciones. Y Clarín es su quinta esencia porque influye determinantemente sobre AEA, la Asociación de Empresarios Argentinos, y a la vez encabeza la corporación de la comunicación. Ya en 2002 se popularizaron las pintadas que decían: "Nos mean y Clarín dice que llueve".

Así como en los 70 la palabra "multinacionales" era utilizada casi como un insulto, las palabras "monopolio" y "corporaciones" (en sentido simbólico más que literal) cumplen hoy ese papel. Son "el sistema", "la matrix" contra la que todo político comprometido debería luchar. Esto explica el voto a favor de la nueva Ley de Medios de los socialistas y otros aliados del Gobierno impensados.

Otra palabra cuyo significante pasa a ser también insultante desde ciertos sectores de la política es "telefónicas". Monopolio, corporaciones y telefónicas cargan el mismo disvalor porque cuando lo pequeño es lo bello, lo grande es feo. Y si hay algo que tenga que ser grande, que sea el falo de la política.

Eso explica la algarabía de los diputados en la madrugada del jueves al dar media sanción a la nueva ley: vencieron a los pulpos que pretenden cogobernar, al poder detrás del poder.

Asumiendo que se está en el contraciclo de los 90, "falta" concluir la obra de disciplinamiento de las corporaciones. Por lo menos de aquellas que se pueda.

Esa no es la posición de aquellos que llegaron a la política sin ideología. Llama la atención cómo Clarín no critica a Scioli a pesar de su ser formalmente kirchnerista. Reutemann y Macri directamente están en la vereda de enfrente.

Otro caso sintomático es el de Luis Barrionuevo, quien se queja de que Clarín "no tiene códigos" porque su esposa, la diputada Graciela Camaño, tuvo que soportar insultos de sus colegas por ser una de las primeras en defender a Clarín y él, días después, vio con sorpresa que el diario había publicado que era uno de los diputados con peor performance en la Cámara baja: "Estas descoordinaciones con Magnetto no pasaban", dicen que le vociferó a Jorge Rendo, director de Relaciones Externas del Grupo. Rendo, hoy, es asesorado por Alberto Fernández, que ni siquiera logró que sus diputados de confianza le fueran leales y votaran contra el proyecto.

La política se divide hoy entre los adaptados (paradójicamente integrados por la nueva y la más vieja política) y los ideológicos.

Al clausurar el debate previo a la votación, Agustín Rossi dijo: "Tenemos que agradecer a la Presidenta, que puso lo que había que poner para que tengamos esta ley". Cuando las decisiones son tomadas con esos órganos, las emociones y no la razón guiarán los comportamientos.

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