"Falló ante la fuga de capitales"

Las medidas que el Banco Central pudo tomar y no tomó para evitar una fuga que se llevó del país 24.000 millones de dólares en 2008 y otros 13 mil en 2009. Vanoli recuerda sobre lo que se le advirtió y no escuchó el desplazado funcionario.
Cuando Martín Redrado lanzó la advertencia, con atuendo de amenaza, de que tenía la lista de "los amigos del poder" que habían comprado dólares, puede haber abierto una estrategia de confrontación de alto vuelo para la que contaría con el suficiente arsenal pesado para emprender la contienda. O, por el contrario, cometió un terrible error de cálculo político por el que no midió sus propias debilidades. Quienes abonan esto último recuerdan que, en su función de presidente del Banco Central, "dejó escapar" del país nada menos que 23.098 millones de dólares en 2008 y otros 14.081 millones en los primeros meses de 2009 (balance cambiario del BCRA). Una cifra que representa casi seis veces el monto del Fondo del Bicentenario (6569 millones de dólares) que el separado funcionario se negó a constituir con argumentos adornados de patriotismo. Alejandro Vanoli, presidente de la Comisión Nacional de Valores, denunció esta situación cuando se estaba produciendo, de lo cual Página/12 dio cuenta en varias oportunidades en plena fuga. El funcionario, quien por entonces era vicepresidente del organismo, rememora cómo ocurrieron los hechos.

–¿Pudo evitar el Banco Central semejante huida y no lo hizo?

–Si se hace un balance sobre la gestión de Redrado al frente del Banco Central, indudablemente va a surgir que hubo errores de política que hacen a lo monetario, lo cambiario, en mantener el statu quo del sistema financiero, pero también fallas en la lucha contra la fuga de capitales.

–Si se hace un repaso de los acontecimientos, ustedes ya habían advertido sobre estas falencias, incluso en notas que hemos publicado en esa época. Y en particular, en medidas que tenían que ver con el control de operaciones con el exterior.

–Hubo varias medidas que se podrían haber tomado para evitar los efectos de la fuga. Por ejemplo, se podría haber limitado la autorización de giro al exterior de fondos, que se mantuvo hasta mediados de 2009, es decir durante todo el tiempo que duró la fuga, en dos millones de dólares por mes por persona jurídica (sociedad) o física. Se hubiera podido reducir a 100 mil dólares mensuales ese monto por una simple resolución del Central y nadie hubiera dicho nada en contrario. Otro ejemplo fueron las llamadas operaciones de contado con "líqui", que consisten en comprar un título, ya sea un bono o una acción, en el mercado local, pagando con pesos, y vender el mismo título en una plaza financiera del exterior, cobrándolo en dólares. Es una forma de sacar dólares del país. Estas operaciones sucesivas se llegaron a hacer hasta en un mismo día, lo cual constituía una maniobra perfecta de salida de capitales del país.

–¿Ustedes, desde la CNV, advirtieron al Banco Central puntualmente sobre estas maniobras?

–Cuando le advertimos al presidente del Banco Central, desde la CNV, sobre estas maniobras y pedimos algún tipo de acción, sólo recibimos evasivas. Le sugerimos frenar estas maniobras cuando se detectara la intención de fugar divisas disfrazadas de operaciones de mercado, y nos respondió que cómo se hacía para detectar la intención de una operación. Le propusimos que se verificara si existía una inmediata operación de venta en el exterior de los títulos después de ser adquiridos localmente. Nos respondió que cómo se definía la inmediatez: ¿diez minutos, tres horas, dos días? Finalmente, decidimos sacar una resolución prohibiendo a los agentes de bolsa hacer operaciones con entes radicados en paraísos fiscales, para limitar al menos la operatoria. Después de eso, el Banco Central decidió instruir a las entidades financieras para que tomaran medidas que restringieran estas operaciones. Sin esa medida, las operaciones no se paraban.

–¿Es responsabilidad de las autoridades del Banco en general o de su presidente?

–En todo ese período, el Directorio había delegado el manejo de la política cambiaria y monetaria en el presidente del Banco Central, situación que ahora afortunadamente se modificó.

–¿Cómo afectó a la actitud del Banco Central que no se hayan modificado la ley de entidades financieras o la carta orgánica?

–La falta de modificación a la ley de entidades financieras, vigente desde los años de la dictadura, y a la carta orgánica del Banco Central, aportó a que el Banco Central no actuara en forma coordinada con las políticas de promoción del crecimiento. Frente a un contexto internacional en el que los bancos centrales de las principales economías promovían una fuerte baja en las tasas de interés para evitar el impacto de la crisis internacional, en Argentina fue el sacrificio fiscal (aumento de transferencia a sectores productivos) el que debió suplir la ausencia de aporte del sistema financiero al estímulo de la economía. La política de intereses caros y crédito escaso siguió siendo la característica del sistema aun en el momento más severo de la crisis. La política monetaria reaccionó con lentitud y poca profundidad, podría haber sido más expansiva para que Argentina saliera más rápido de la crisis internacional.

En su última gestión, Redrado se abrazó a la letra de la carta orgánica para negarse a constituir el Fondo del Bicentenario con recursos de las reservas, argumentando que su misión era preservar la moneda y, por lo tanto, las divisas que la respaldan. Pero el repaso de su accionar durante la mencionada etapa de la fuga de divisas no indica que haya puesto el mismo esmero cuando los que se las llevaban para sacarla del circuito económico eran empresarios que huían sus capitales hacia paraísos fiscales.

Lo curioso es que Redrado haya traído el tema a la mesa de discusión. Su pasado quizá lo condene. Por ahora, lo pone en el banquillo.

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