Un fallido revela poca confianza en el peso

Por Carlos Pagni

Tal vez fue por los globos y papelitos de colores o por la emoción de exhumar una mesa que, en los años 50, había utilizado Eva Perón. Lo cierto es que el martes pasado, cuando se explicó la transferencia de fondos de la Anses al Banco Hipotecario, hubo una acotación de Amado Boudou que pasó inadvertida: "Lo hacemos en dólares para defender los fondos de los jubilados, que quede bien claro".

Inesperada sugerencia: para Boudou, el peso es una moneda poco confiable para prestar a largo plazo. ¿Qué dirá ahora Néstor 0Kirchner, que presiona a los bancos para que ablanden los créditos? Si ésa es su meta, debería estimular a los ahorristas que se mortifican con la incesante devaluación de Martín Redrado, pero terminan negociando sus plazos fijos en pesos. Ahora Boudou les recomienda sacar la plata del sistema y refugiarse en otra divisa. Dicho en forma diferente: imitar a los financistas de Techint, que tanto enojaron a la Presidenta por dejar fuera del país los primeros 400 millones de dólares que les pagaron por Sidor.

La disociación de Boudou podría ser explosiva: hace temer una devaluación cuando los mercados se preguntan de qué modo el Gobierno resolverá, después del 28 de junio, las inconsistencias de su política económica. Por suerte, todos saben que las decisiones las toma Néstor Kirchner, a pesar de que el titular de la Anses se promueva como ministro de Economía para cuando pasen los comicios.

La hilacha noventista de Boudou desnuda más contradicciones. El se propone invertir los ahorros de los jubilados de tal modo que preserven su valor. No es lo que se desprende del discurso de la Presidenta. Ni de su propia conducta.

El Gobierno se ufana de que, ahora que no están en las AFJP, los fondos previsionales van a proyectos con valor social, que mantienen el empleo o reactivan la economía.

Esos objetivos no siempre garantizan una buena tasa de retorno. Alfonso Prat-Gay hizo notar que "si el Gobierno se empeñara en custodiar los activos de los jubilados, defendería las empresas estatizadas por Hugo Chávez, donde la Anses tiene una participación".

Sólo porque la preservación de esos ahorros es secundaria, Boudou podría aplicarlos en Papelera Massuh, donde un par de opositores acaban de posar los ojos: quieren indagar cómo fue el proceso de deterioro que la puso en manos de Guillermo Moreno.

Tampoco el lanzamiento de créditos hipotecarios a una tasa más baja que la del mercado garantiza la rentabilidad de la inversión. La Anses colocará sus fondos a cambio de un papel que emitirá el Hipotecario, del que Boudou es director. Pero ¿a ese organismo no le convendría comprar obligaciones negociables del banco en el mercado, donde rinden 25% en dólares?

Los mecanismos para preservar los ahorros de los trabajadores no siempre permiten, por ejemplo, reactivar la construcción. Ahora los recursos no se les darán a los desarrolladores inmobiliarios para que hagan countries, dijo la señora de Kirchner. ¿Y si prestarles a esos insensibles fuera para los jubilados mejor negocio que darle plata al Tesoro para que Juan Carlos Pessoa llegue a fin de mes? En la Argentina es habitual sacrificar el futuro en el altar del presente.

Muchos aportantes, igual, aplauden. Como cuando les decían que los bonistas soportarían la quita más grande de la historia: no se daban cuenta de que los bonistas eran ellos, con sus fondos hundidos por las AFJP en títulos públicos comprados a la fuerza.

Boudou se sabe metido en un brete y habla de mantener el valor de los ahorros jubilatorios. No quiere ser el Madoff del sector público. De allí que, para indignación del voraz Roberto Baratta, se están suspendiendo algunos proyectos del Ministerio de Planificación (Atucha II, por ejemplo) y se postergaron algunas operaciones con bonos.

Boudou hace bien en cuidarse. Como es muy joven, las derivaciones de sus actos podrían encontrarlo todavía en la vida pública. Ya hay quienes quieren explicaciones de su antecesor, Sergio Massa. En 2007, Massa mejoró la remuneración de los aportes al sistema de reparto, para estimular el pase abierto desde las AFJP. Si la operación salía bien, pensaba, tal vez lo nombrarían vicegobernador, con Daniel Scioli.

Lo que no contempló es que, un año después, todos los afiliados al régimen de capitalización serían transferidos a la Anses. Según los expertos, la mejora que utilizó Massa como anzuelo podría llevar al organismo, en 10 años, a la quiebra.

Liberalismo

El fallido de Boudou revela un fenómeno más interesante: el principal dispositivo del estatismo kirchnerista, la Anses, está en manos de un graduado en las aulas monetaristas del CEMA y atrapado en los malditos 90 para pensar la economía. Alguien que todavía no se anima a manejar activos previsionales como si fueran donaciones y quiere "proteger los fondos de los jubilados".

Esa paradoja es la propia biografía de Boudou, un joven de derecha que cambió la costa marplatense -que ahora recorre en Harley-Davidson sólo los fines de semana- por la de su departamento de Puerto Madero, en un condominio kirchnerista.

Cuando finalizaban los 80, en Mar del Plata, Boudou pasaba el día como gerente de la recolectora de residuos Venturino Eshiur y la noche como disc jockey de Frisco Bay. Esos vínculos tuvieron mal final: los Venturino culpan de la quiebra de su empresa a Boudou y no al intendente que les rescindió el contrato.

Después Aimé -desde chico lo llamaron en francés- fundó su propia basurera, Ecoplata, que contrataron varios intendentes de la costa. Graduado en Economía, se trasladó a Buenos Aires y llegó a la Anses de la mano de su actual colaborador, el académico Benigno Vélez, otro marplatense. Allí Boudou fue descubierto, con los años, por Massa.

Gotas de agua

Massa y Boudou se reconocieron como dos gotas de agua. Ambos provenían de la Ucedé. El actual titular de la Anses había militado en UPAU, el brazo estudiantil de ese partido. No son los únicos cancerberos del modelo que, antes de entusiasmarse con los Kirchner, se apasionaron por los Alsogaray.

Ricardo Echegaray, mandamás de la AFIP, era un talibán del liberalismo en la Facultad de Derecho marplatense. Su álter ego en la Oncca, Fernando Villaverde, también se inició en la Ucedé de aquellos años. Igual que Iván Budassi, quien secunda a Echegaray en la AFIP y se postula como diputado provincial bonaerense.

Llama la atención: la Anses, la AFIP y la Oncca -"las grandes cajas" diría el administrativista Luis Barrionuevo- fueron confiadas a profesionales criados en el liberalismo más conservador.

Que se cuiden. Ya lo decía otro marplatense, el sindicalista Diego Ibáñez, hablando de María Julia Alsogaray: "¿No sabe que el peronismo es una hoguera? La vamos a quemar".

Pero estos jóvenes pragmáticos no necesitan consejos. Desafían aquella sentencia según la cual "quien no fue de izquierda cuando joven no tiene corazón, y quien no es de derecha cuando adulto no tiene cerebro".

Un caso para la anatomía de estos muchachos: se los ve bastante habilidosos, a pesar de que les faltan los dos órganos.

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