Fallas y lecciones de un fallo

Por: Ricardo Roa

Si algo estaba cantado era que Chabán terminaría condenado. Ya lo había sido por la sociedad. Era el dueño de Cromañón aunque tuviese todo a nombre de otros. Y la noche del 30 de diciembre del 2004 dejó entrar tres veces más gente de la permitida y para que no hubiera colados encadenó las salidas de emergencia. Con una banda pirotécnica como ninguna, lo que montó fue un escenario perfecto para la tragedia. Le dieron 20 años

También era previsible que la policía cargara con un castigo ejemplar. El subcomisario Díaz debió clausurar preventivamente ese local que violaba todas las reglas. No sólo no lo hizo. Además cobró coimas por no hacerlo. Le dieron 18 años.

Hasta acá, todo políticamente correcto. Como la sanción a la jefa de inspectores. La discusión es sobre Callejeros. Para los jueces, toda la responsabilidad del grupo empezó y terminó en su manager. Como si hubiese sido un personaje autónomo que hacía y deshacía por su cuenta.

Callejeros promovía el uso de bengalas, las llevaba a los recitales y era parte del show esa pirotecnia. La que causó 193 muertos. Los músicos fueron absueltos. El manager, condenado a 18 años.

Cuesta entender cómo los jueces encontraron culpas casi idénticas en Chabán, el subcomisario corrupto y el manager y ni una sola en la banda. Que hubieran inundado Tribunales de policías era un aviso de lo que iba a provocar el fallo: el rechazo y la furia de los familiares.

A esta altura es secundario quién tiró la bengala de la tragedia y que no pudo ser identificado. Si no era ésa, pudo haber sido cualquiera de las decenas que se arrojaron. El fallo no es definitivo. Pero hay otra lección más allá de la sentencia: la responsabilidad de los padres por no cuidar adecuadamente a sus hijos.

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