Falca mucho.

Radamel apareció a los 92 minutos para empatar un mal partido de River contra Racing. La gente pidió a Ortega y, a poco del superclásico, Ahumada vio la roja.
Yacob hace su primer gol en Primera. Festeja, con poco, Racing. Se preocupa, por mucho, River.

A Yacob le sacan la roja. A River, también, pero en las tribunas.

Falcao salta como un Tigre y mete el gol del empate. Se aplaca, con poco, el clima de River en la previa al partido con Boca. Se revuelve la atmósfera en la tropa del Chocho Llop.

Falcao le da una plegaria a River y un gualicho a Racing.

Así, con espasmos y emociones, con vaivenes y contradicciones, se resolvió el clásico. Un clásico devaluado, mal jugado, friccionado y fronterizo con el desencanto hasta que llegaron los goles. Porque el resultado terminó siendo lo mejor que consiguieron River y Racing. River, porque se supo recuperar en la desventaja, igual que contra Independiente y a diferencia de lo que le sucedía en los últimos tiempos del 2008. Y Racing porque, en días de tensiones, estuvo a medio paso de superar el estigma con la camiseta de la banda roja.

River cambió de sistemas durante el partido, pasó de un 4-4-2 a un 4-3-1-2, de probar por la banda derecha a insistir con el pelotazo, y llegó a una conclusión: aún "Falca" mucho. Llegó apenas dos veces con peligro y no fue convincente a la hora de desacreditar el tema de la semana: la falta de incorporaciones. La gente lo hizo notar cuando cantó por Ortega.

Racing fue práctico en un comienzo. A los 4 minutos, Lugüercio le ganó a un estático Cabral y sacó un remate que rozó el palo de Vega. Se trató de un aviso. Insistió con un remate-centro de González, con la proyección de Lluy, con las diagonales del mismo Lugüercio y con el empuje de Yacob. No mucho más.

Pero aun así a River le costó encontrarle la vuelta. Gorosito pretende imprimir una idea de juego prolija, con circulación y cambio de ritmo que se diferencie de la acelaración del ciclo de Simeone. El plato termina siendo parecido. Sigue preocupando la falta de conducción. Buonanotte arrancó por izquierda bien abierto y después se cerró para intentar ejercer los roles de un enganche. De las dos formas perdió puntos en el scoring de su registro para manejar a River. Sí se pueden rescatar cierto chispazos de Rosales, que volvió a interpretar lo que más sabe hacer: desequilibrar por derecha y mandar el centro. Y lo otro para realzar es el amor propio de Falcao, quien transformó un pelotazo de Ferrari en una oportunidad para volver a creer.

Comentá la nota