La fábula de la varita mágica

Bien podría ser el remate de una fábula de Esopo la moraleja que acuñó el gobernador acerca de que "no hay que almorzarse la cena". Huelgan las explicaciones acerca del sentido que tiene este autoconsejo que pronuncia Gioja cada vez que la prensa intenta presionarlo con alguna definición política cuyo tiempo no es el oportuno, al menos, a juicio del protagonista. La pregunta es si la misma moraleja puede caberle a la fábula de la varita mágica.
A saber: orgulloso de su militancia política -universitaria, pero política al fin- el flamante secretario de Gobierno de la Municipalidad de la Capital, Ricardo Pintos, asumió con la espada afilada. Al día siguiente de su asunción dijo en una entrevista radial que la actividad de los cuidacoches es incompatible con el nuevo sistema de Estacionamiento Controlado (Eco) y que habrá policías para velar porque las cosas se encaminen según los planes de la gestión Lima.

Atrás quedó la mesura. Por primera vez un funcionario municipal dijo -palabras más, palabras menos- que si los cuidacoches no cesan en su accionar, habrá policía para sacarlos de las calles. A pesar de que hubo una ordenanza sancionada el año pasado que permitió el arresto a los cuidacoches, lo cierto es que los hombres de Lima tuvieron mucho cuidado de plantear un enfrentamiento feroz. En su discurso siempre ganó la prudencia y evitaron hacer referencia a la policía cada vez que se refirieron al estacionamiento.

Eran tiempos de intentar la vía del diálogo y de la negociación. Las circunstancias han cambiado, evidentemente. Los plazos se terminan, los cuidacoches se resisten a dejar la vía pública y rechazan las ofertas laborales de la Intendencia.

"Cuando empiece el sistema Eco, no habrá más cuicacoches en la calle", sentenció Pintos en comunicación telefónica, en el aire radial. "¿Y eso cómo será posible? -repreguntó el periodista- ¿con la varita mágica o con la policía?" Tras un silencio de segundos que parecieron largos minutos, el secretario de Gobierno aseveró que se hará uso de los uniformados para despejar el estacionamiento. Luego abundó en consideraciones acerca de que el municipio hizo todos los esfuerzos para llegar a un entendimiento con los cuidacoches y que su actividad siempre estuvo fuera de la ley. Una verdad muchas veces olvidada por las gestiones municipales que pasaron por la Capital.

No resulta grato, menos en un año electoral, hablar de mano dura en la calle. Aún cuando se trata de un aspecto de la ciudad que hace tiempo merece un ordenamiento. Sin embargo, también es cierto que muchos automovilistas han consentido la apropiación que los cuidacoches hicieron de las cuadras del centro. Esto es así a tal punto que algunos dejan la llave de costosos importados o camionetas doble tracción en manos del cuidador de ocasión.

Varita mágica o policía. El remate de esta historia todavía está abierto. Y la moraleja de "no almorzarse la cena" sobrevuela en la Capital. La pregunta que queda pendiente es si no habrá llegado la hora de cenar luego de un largo ayuno. En ese caso, habrá que cuidarse de una indigestión por un atracón de medidas políticas todas juntas.

Comentá la nota