"Fabbiani puede ser el Barros Schelotto de River".

Pipo asumió y aunque su única cara nueva-vieja fue Abreu, ya empezó a engordarle el ego a su Mellizo. "Si está bien, es jugador de Selección". El Ogro no ve la hora de ir a Núñez.
Tiene estilo. Rulos proporcionales a su picaresca. Y una labia con pocas eses pero con muchas sorpresas. En su primer día al frente de la Primera de River, Néstor Raúl Gorosito usó tales atributos para hablar de lo que tiene y de lo que sueña. Esto último lo resumió en un nombre: Cristian Fabbiani. "Estando bien, es un jugador de Selección". El Pipo de oro para el Ogro.

"Aguanta bien la pelota, es muy dúctil a pesar de su peso y altura, devuelve de espaldas, cabecea bien y es completo", siguió con su ramo de elogios el DT. ¿Algo más? Sí, una comparación sorpresivamente superclásica, que de paso ha servido como título de la crónica: "Es inteligente. Fabbiani puede ser el Barros Schelotto de River".

Para bien o para mal, la frase que le dijo a Fernando Niembro quedará en el decálogo de Gorosito. De un Gorosito que se arriesga en su metáfora a pesar de que la misma pueda tomarse como una alabanza para el ídolo de Boca. ¿Lo es? Sí. Y no resulta caprichosa. El Ogro no tiene mellizo pero sí muchas cualidades guillermianas: el don innato de la provocación, la capacidad de exasperar a los rivales, el carisma y la pinta de atorrante. "Voy a seguir tirando chiches. Me da bronca que se piense que lo hago para cargar. Lo hago hasta perdiendo", declaró varias veces con su alma de potrero made in Ciudad Evita, donde inventó la dormilona, esa pisadita tan suya. Algo de esto mostró en la apilada que hilvanó en el clásico rosarino, top en las búsquedas de YouTube: "Fue maradoniana hasta que definí: ahí volví a ser Fabbiani". Indudablemente, le gana a Guillermo. Fuera de la cancha nunca abandona el libreto del personaje. Mejor dicho: su forma de ser.

Fabbiani es un antihéroe. Es un Homero Simpson. El Flavio Pedemonti del fútbol vernáculo. El tipo que pasó la Navidad en Esperanto. El que anda en Porsche. El que en el 2006 fue a la iglesia después de su tercera expulsión al hilo. El que presentó su histrionismo en el comedor de Susana. El que se peleó con un integrante del grupo Mekano en un boliche. El que paseó sus 90 kilos y sus 189 centímetros con orgullo por todas las canchas argentinas. Los de San Lorenzo le pusieron una bandera que decía "Vomitá el Fitito". Los de Argentinos, "la cancha no es chica, vos estás gordo". Los de Banfield, "Cormillot, Fabbiani es argentino". Ningún problema. Una vez mostró su panza en un festejo. A los demás les respondió frente al micrófono. "Soy gordo como Ronaldo". "Soy el mejor delantero del país".

Y Fabbiani también es el que ahora se planta para expresar que sí o sí quiere cumplir el sueño de su vida: jugar en River. Y no le importa resignar sueldos, la prima y 40 mil dólares que le adeudan. Y se enfrenta directamente con los dirigentes de Newell's, quienes hoy lo esperan en Rosario para que comience la pretemporada. Y se arriesga a que lo manden a cortar el pasto al complejo de Bella Vista. Y está decidido a llevar su caso a Agremiados. Y a poner en el medio un "problema familiar" del que en su club descreen. Y, mientras tanto, mantiene varias conversaciones con Néstor Raúl Gorosito. Pipo le hace la cabeza. Hasta en público.

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