Las extrañas llamadas que hubo antes de que Antonini huyera

Tras el decomiso, fue buscado por Aníbal Fernández, la Cancillería y la embajada venezolana
Aquella noche fue movida. El "caso de la valija" o, más simple, "el maletinazo" despuntaba sus primeras horas y los gobiernos de la Argentina y de Venezuela entraron en alerta total mientras rastreaban al empresario Guido Alejandro Antonini Wilson, que no aparecía por ningún lado. Todos lo buscaron, incluido el entonces ministro del Interior, Aníbal Fernández, hoy jefe de Gabinete; también, la Cancillería argentina y la embajada venezolana.

Dos años después de aquella madrugada frenética, LA NACION accedió a la lista de esos llamados telefónicos que recibió el servicio de guardia de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). Fue la madrugada del martes 7 de agosto de 2007. Es decir, horas después de que se filtrara en la prensa el decomiso de 790.550 dólares en un vuelo chárter con funcionarios argentinos y venezolanos que había ocurrido tres días antes en el mismo aeroparque Jorge Newbery.

La lista figura en el reporte interno que la PSA entregó a su interventor, Marcelo Saín, para detallar la labor de su personal. Desde la agente que detectó la valija, María de Luján Telpuk, hasta sus superiores, y desde la madrugada del sábado en que ocurrió el decomiso hasta la del martes, cuando Antonini se marchó a Uruguay.

Apenas doce horas antes de fugarse de la Argentina, Antonini había asistido a un acto en la Casa Rosada, según testificó la secretaria de Uberti, Victoria Bereziuk, y confirmaron a LA NACION el propio Antonini y otro pasajero de aquel vuelo, Daniel Uzcátegui, hijo de Diego, el gerente general de la petrolera estatal venezolana Pdvsa.

Festejo en San Isidro

Tras el acto, el grupo marchó a celebrar al restaurante Rosa Negra, frente al Hipódromo de San Isidro. Fueron Antonini, Bereziuk, Diego y Daniel Uzcátegui, otro pasajero más de aquel vuelo, Wilfredo Avila Driet, y la gerente de Asuntos Internacionales de Pdvsa, Maryory Gutiérrez, mano derecha de Diego en la petrolera.

Allí celebraron que "el problema" parecía quedar atrás. Brindaron hasta que la cuenta trepó a los 1770 pesos, que pagó Antonini con su tarjeta de crédito American Express. "Me recostaron los venezolanos", dijo el empresario a LA NACION en su única entrevista con un medio gráfico del continente. Aun así, se sacaron varias fotos como un grupo unido, tranquilo y feliz.

De Rosa Negra marcharon al Gran Bar Danzón, donde recibieron la llamada fatídica. Les informaron que el decomiso se había filtrado en la prensa y Antonini se enfureció. Se marchó al hotel Sofitel, apagó su celular, reservó un billete de avión, se duchó y pagó su habitación sin que nadie se percatara.

El empresario venezolano no era el único ansioso. Más aún cuando comenzó a resultar inhallable para los funcionarios argentinos y venezolanos, que temieron lo que estaba por ocurrir. Por eso, el teléfono 4514-1541 del servicio de guardia de la PSA en el Aeroparque registró varios llamados peculiares preguntando "si se [encontraba] detenido un ciudadano venezolano en esa Unidad Operacional", según reconstruyó LA NACION.

El primer llamado ocurrió a las 2,25. Llamó un "oficial inspector César del Departamento Central de la PFA", es decir, de la Policía Federal.

Un ministro

Pero el plato fuerte llegó cinco minutos después. A las 2.30, alguien se identificó como "el secretario del señor ministro del Interior", Aníbal Fernández, quien meses después tildaría a Antonini de "mequetrefe de alquiler".

Desde las 3.10, y "en reiteradas oportunidades", llamó otro oficial principal desde el Departamento Central de la Policía Federal, "informando que con él estaba el señor embajador de la República Bolivariana de Venezuela", Arévalo Méndez Romero.

A las 3.30, le tocó el turno a alguien que se identificó como el comisario inspector Alejandro Di Nizo, jefe de Interpol de la Policía Federal, quien no recordó ese llamado ante la consulta de LA NACION.

"Puede ser que haya llamado gente mía, quizás alguna autoridad me lo pidió", dijo, aunque remarcó que siempre actuó por "orden del juzgado" y que fue Interpol el que rastreó y ubicó al empresario en los Estados Unidos. "Todo lo que hicimos en el «caso Antonini» fue impecable", destacó.

A las 5.20, llamó el "señor Juan Franco, secretario consular de la embajada de Venezuela", es decir, Juan Franco Prat, que venía de coordinar el viaje, dos semanas antes, de una delegación de alumnos de una escuela chaqueña a Venezuela, donde conversaron con el presidente Hugo Chávez. "Aun con su corta edad, mostraron un llamativo interés por conocer el proceso político venezolano", celebró el diplomático.

Prat y Antonini se conocieron tres meses antes, cuando Diego Uzcátegui los presentó en el hotel Sheraton de Buenos Aires. Y volvieron a cruzarse en el restaurante Cabaña Las Lilas, horas antes del acto del lunes en la Casa Rosada, según reconstruyó LA NACION de fuentes venezolanas.

Los llamados continuaron, según el reporte de la guardia de la PSA, ya con cierto tono de fastidio y sin saber que lo que ocurría esa madrugada reeditaba lo que había sucedido tres días antes en otras oficinas del mismo Aeroparque, cuando demasiados jefes se interesaron por quien, por lo menos en teoría, no era más que un patán solitario.

Ya bordeando las 6 de la mañana, el personal de tierra de Aerolíneas Argentinas comenzó a embarcar a los pasajeros del vuelo AR 1202. Cuarenta minutos después, al fin, Antonini cruzó el último umbral y comenzó a alejarse de Buenos Aires. Sintió que había sorteado el primero de muchos escollos, tras 76 horas de locura.

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