La extraña relación entre el poder y la ficción

La extraña relación entre el poder y la ficción

Por Carlos Pagni

Al postularse como candidata a vicepresidenta de Alberto Fernández, Cristina Kirchner abrió ayer una incógnita interesantísima: hasta qué punto es tolerable la relación del poder con la ficción. Hay un conjunto de límites que bien mortificaban a la expresidenta. Uno era, en caso de recuperar la primera magistratura, cómo pactar con el FMI y acercarse al mercado financiero sin incurrir en ese pecado que tanto repugnaba a su esposo: "Dejar las convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno".

Otro, ligado al anterior: cómo corregir un alineamiento bolivariano que la convertía en repudiable para los Estados Unidos y las principales potencias occidentales. También la crítica tenaz de los medios de comunicación independientes, en especial del Grupo Clarín, al que considera poco menos que un partido político.

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La desvelaba, además, la posición de la Corte Suprema de Justicia frente a su tormentosa peripecia judicial. Con la postulación de su exjefe de Gabinete pretende, en lo inmediato, tender un puente con esos "poderes fácticos". Y desalentar la presunción de que un eventual reflujo kirchnerista abra paso a una radicalización bolivariana. Al hacerlo, pretende, como es obvio, flexibilizar su techo electoral. Es decir, seducir a votantes que la repudian como candidata a la presidencia, pero tolerarían a Alberto Fernández con ella de vice.

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Este excéntrico movimiento puede tener consecuencias paradójicas, sobre todo para quien lo diseñó. En lo inmediato, si logra persuadir a los sectores del establishment a los que está destinado, es posible que distienda a los agentes financieros. Y, por lo tanto, que desaliente una corrida hacia el dólar de quienes, con un regreso de Cristina Kirchner, ven un cambio de 180 grados en la política económica. Si ese fuera el efecto, el beneficiario más inmediato sería Mauricio Macri. La principal amenaza que se cierne hoy sobre el Presidente es que el riesgo de un regreso populista genere una ola de inestabilidad que, además de impedir su reelección, ponga en duda también la normal terminación de su mandato. Si la jugada de ayer fuera creíble, ese peligro podría, en alguna medida, despejarse.

No es posible saber si el objetivo electoral de mediano plazo de la receta difundida ayer logrará cumplirse. Es decir: si el kirchnerismo reducirá su nivel de rechazo electoral. La expresidenta supone, y puede estar en lo cierto, que con Alberto Fernández no pierde un solo voto propio. Hasta en el pabellón de Ezeiza, donde odian al nuevo candidato, votarán la nueva fórmula. Ella confía también en que, como no tiene imputaciones judiciales y sabe hablar ante los medios, Fernández puede acercar a electores indecisos.

Es verdad que habló pestes sobre su antigua y nueva jefa. Pero esas declaraciones, que en su momento fueron la señal de la traición, ahora serán presentadas como una medida del pluralismo que reina en el grupo. Son casi méritos del elegido: cuando tuvo que ser crítico, no guardó silencio. Este montaje se proyectará a nivel territorial. Es probable que Cristina recorra el conurbano y que su candidato se dedique al interior.

La postal del tramo del video en el que Cristina anuncia a Alberto Fernández como candidato a PresidenteCrédito: Captura de video

Quienes conocen de cerca a la expresidenta, insinúan otros criterios en la selección. Uno de ellos, explicó: "El Alberto que ve ella no es el que ve casi todo el mundo. Para ella es un intelectual. Y, como vive en Puerto Madero, casi un aristócrata. Dos por tres, como se nota en el libro que publicó, afloran esos tics tan poderosos de clase media de La Plata". Otro dirigente, miró desde este ángulo: "Alberto es una persona que le da seguridad. Desde que murió Néstor, Cristina necesita mucho eso. Con Máximo no alcanza". Un halo machista en el corazón del progresismo.

Este plan debe superar muchos exámenes para demostrar que es eficaz. Exhibe una fragilidad inicial en el timing del anuncio. Si se inicia la Semana de Mayo y el 25 se cumple un nuevo aniversario de la asunción de Néstor Kirchner, ¿por qué no esperar hasta esa fecha? Es obvio que la expresidenta está muy ansiosa por disimular su foto en el banquillo, el martes próximo, rodeada de "presos políticos" a los que, insensible, no ha ido nunca a visitar: Julio De Vido, José López, Lázaro Báez. ¿Alcanza Alberto Fernández para pixelar ese retrato? Algunos informes internacionales, como el de Bloomberg, vinculaban ayer el lanzamiento de Fernández con estos avatares policiales desde la primera línea.

La situación judicial de la expresidenta es un inconveniente principal para el nuevo aspirante a la presidencia. Se notó el miércoles pasado, cuando profetizó que los jueces Hornos, Geminiani, Irurzun, Bonadio y Ercolini tendrán que rendir cuentas algún día de sus fallos. La reconstrucción que ayer hacían desde las oficinas de Fernández de la secuencia que desembocó en su candidatura, databan su ofrecimiento el miércoles por la mañana. Es decir, antes de que se pronunciara esa amenaza. Menos mal que fue así. De lo contrario, hubiera quedado la impresión de que el exjefe de Gabinete lanzó ese ataque para terminar de ganarse su postulación. De ser así, el método con el que llegó desmentiría las razones por las que lo eligieron.

La otra dificultad para este audaz experimento es elemental. Con Cristina Kirchner en la fórmula, como vicepresidenta, Fernández puede parecer un títere. Ayer en el mercado predominaba esta impresión, como insinuó un reporte de Eurasia Group. Pesa ahora sobre Fernández la afirmación que él hiciera hace pocos días: "Cristina es candidata o se va a su casa". Claro, es posible que cuando emitió ese veredicto Fernández no sabía que el ungido sería él. A la luz de esa novedad, es posible que todo cambie. Sobre todo para él.

Si por el modo de decisión y comunicación, la bengala de ayer tiene un parecido con el lanzamiento de Amado Boudou como vicepresidente. Un dedazo mayestático. Si es por el formato, el aire de familia remite al binomio Daniel Scioli-Carlos Zannini. En ambos casos el aspirante a presidente corre el riesgo de ser visto como un candidato testimonial, dependiente del segundo, que regula la ortodoxia del discurso y, si la alquimia fuera venturosa, de la administración. La comparación es imperfecta. En 2015, Scioli era gobernador de Buenos Aires y contaba con un importante caudal de votos. Fernández fue, hasta ahora, un gerente de la política. Imposible nombrar a Scioli y esquivar este interrogante: hace 4 años, Alberto Fernández lo quiso sumar en una alianza con Massa, alegando que Cristina Kirchner lo iba a traicionar. ¿Cómo habrá pasado el día de ayer el motonauta?

El kirchnerismo como la Casa Rosada comenzaron a estudiar ayer la nueva escena a la luz de un objetivo: profundizar la polarización. En ambos comandos de campaña se pretende lo mismo: eliminar el centro. Esta pretensión significa reducir el espacio del peronismo federal y de Roberto Lavagna. En el Instituto Patria, sede de la expresidenta, confían en que Fernández atraiga dirigentes del interior. En el centro de ese deseo está Juan Schiaretti. Hasta ahora el triunfal gobernador de Córdoba no tuvo contactos con la señora de Kirchner. ¿Será Fernández el más indicado para generar ese vínculo? Entre los muchos tramos del pasado que el nuevo candidato debería borrar está aquel feroz enfrentamiento del año 2007, cuando el entonces jefe de Gabinete se sumó a Luis Juez para denunciar que Schiaretti había ganado la gobernación con fraude. Dicen que Schiaretti no es rencoroso. Pero que en su entorno más cercano tiene gente rencorosa.

Un blanco importante en esta conquista del centro es Sergio Massa. En el comando de Cristina Kirchner quieren sumarlo desde antes del anuncio de la fórmula, calculando que trae un porcentaje indeterminado de adhesiones. Massa y sus colaboradores interpretaron ayer la fórmula con Alberto Fernández de un modo que permite acelerar ese reencuentro. La lectura sería: la expresidenta dio un generoso paso al costado, ahora se puede reunificar el peronismo. Una novedad providencial para quien necesita retener a la dirigencia de Tigre, dispuesta a seguir a la expresidenta. Con su presentación de los hechos, Massa no se apartaría de Alternativa Federal, sino que iría a una confluencia entre ese sector y Unidad Ciudadana. O, para que suene menos irritante para sus votantes antikirchneristas, el PJ. El exintendente colabora con su antigua jefa exagerando la renovación que significaría la postulación de Alberto Fernández. Ahora que quedó descartado que él fuera el depositario del renunciamiento de Cristina, Massa insinúa enfrentar a su antecesor en la Jefatura de Gabinete en una primaria. Otro detalle imposible de ignorar: apareció ayer un colaborador más de Massa convertido en candidato a presidente. Fernández se suma así a Lavagna y a Felipe Solá.

El Gobierno también pretende romper el centro y mantener la escena partida en dos. El procedimiento es, también, vaciar Alternativa Federal. En la Casa Rosada no descartan incorporar a Juan Manuel Urtubey a la oferta electoral. También miran a Miguel Pichetto. Ambos podrían compartir una fórmula con Macri, si la UCR y Elisa Carrió autorizan la jugada. Urtubey, en principio, no acepta ese destino. Al revés que Massa, cree que con Fernández como candidato a presidente Cristina Kirchner empeora su protagonismo de la peor manera. Como el poder detrás del trono. Urtubey insiste con fortalecer una tercera posición desde Alternativa Federal. Y no descarta que Lavagna pueda sumarse a esa corriente. La estrategia depende de un factor importantísimo: lo que opine Schiaretti. La semana pasada, reunido con Pichetto y con Miguel Lifschitz, el gobernador insistió con su criterio: dado que no aparece un candidato ante el que los demás deban inclinarse por su potencial electoral, solo se puede apelar a una primaria.

Macri tiene en la semana dos encrucijadas claves. Se reunirá con Schiaretti, a quien tratará de persuadir para una alianza antikirchnerista. Igual que la que Massa quiere contra Cambiemos. El otro proceso es la discusión de la UCR, que el lunes 27 celebrará su convención. El Presidente ruega contar con la ayuda de Cristina Kirchner en ese itinerario. Que su descenso a la vicepresidencia calme a los mercados.

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