Extorsión

Está a la vista de cualquiera que la protesta que desde hace semanas paraliza al puerto de Bahía Blanca no es una mera manifestación sectorial.
Quienes dicen reclamar por la escasez de pesca en la ría demostraron ser en realidad un grupo de violentos con voluntad de amenazar, agredir, destrozar y extorsionar.

Sería completamente inadmisible que una patota así mantenga como rehén a una ciudad y a un puerto. Sobre todo a uno de magnitud como el de Ingeniero White, que es nada menos que la clave económica de Bahía Blanca, su valor agregado, su conexión con el mundo. El factor productivo que determina que ésta no sea una ciudad más.

En un país donde se hizo costumbre cortar calles, bloquear rutas y adueñarse arbitrariamente del espacio público sin que nadie haga valer los límites establecidos por la propia Constitución nacional, esta vez, las fuerzas de seguridad actuaron con todo el rigor que les impone la ley.

Es de esperar que, a partir de ahora, los encargados de investigar estos actos de delincuencia lisa y llana trabajen con similar firmeza. Y que las autoridades no cedan a la demagogia de justificar esa delincuencia esgrimiendo un supuesto daño laboral, cuando claramente se trata de una extorsión.

Comentá la nota