Extorsión en la granja

El gremialista le habría ofrecido dinero al trabajador que denunció la explotación de niños y trabajo insalubre en una granja. El aporte lo hacía la empresa y era para que retire la denuncia judicial.
Oscar Taboada está virtualmente atrapado en su casa y si lograra escaparse no tendría a donde ir. “Me acaban de despedir”, explica a Página/12, “pero mi mujer todavía sigue trabajando y acabamos de tener una bebé. No puedo irme porque por un amparo judicial tengo que seguir viviendo en esta granja. Mis abogados me piden que espere, yo no sé qué hacer”. El año pasado Taboada se animó a denunciar dos veces la explotación que sufrían él, los suyos y otras familias que trabajan de sol a sol en las granjas avícolas Nuestra Huella SA, en la localidad de Exaltación de la Cruz. Las condiciones laborales mejoraron después de su reclamo pero él y su familia quedaron marcados. Ahora asegura que antes del despido la presidenta de la empresa intentó sobornarlo a través de un dirigente del sindicato de peones rurales (Uatre), que le habló en nombre de “los intereses del trabajador”. Le ofrecieron dinero para que retire su denuncia. El grabó la conversación y presentó, junto con la prueba, una denuncia por extorsión ante la Justicia federal.

Taboada es oriundo de Potosí y tiene siete hijos. Asesorado por sus abogados, grabó ocho conversaciones telefónicas que tuvo con un hombre que se presentó como José Luis. Acercó las cintas a la Justicia y ahora espera que se hagan los peritajes del audio. Lo hizo con el apoyo de la Cooperativa La Alameda, una organización que trabaja en la denuncia de casos de trabajo esclavo. El mismo equipo lo asistió en agosto último, cuando filmó las instalaciones de la granja y registró cómo una decena de niños de 2 a 13 años, eran obligados a trabajar en condiciones sanitarias peligrosas, un caso que publicó en ese momento Página/12.

Taboada denunció a los directores y accionistas de Nuestra Huella por “reducción a la servidumbre”, “trabajo infantil” y “fraude al fisco”; también pidió investigar la muerte de dos compañeras, una posiblemente intoxicada por agroquímicos y pesticidas, la otra por ausencia de atención médica durante el embarazo.

Su primera denuncia, en abril de 2008, derivó en un allanamiento y una multa de más de 600 mil pesos ordenada por la Subsecretaría de Trabajo bonaerense, que la empresa nunca pagó. Después del escándalo, Taboada conservó su trabajo gracias a una orden judicial pero “le hicieron la vida imposible”, según denunció Gustavo Vera, titular de La Alameda, a Página/12.

Finalmente, según relata el trabajador, la empresa quiso comprar su silencio. Según denunció, lo llamó un sindicalista del gremio que nuclea a los trabajadores rurales para ofrecerle dinero a cambio de modificar su declaración. En su presentación identificó al hombre como José Luis Cáceres, un dirigente de la Uatre local, cercano al titular de la filial Pilar, Jorge Herrera.

El sindicato, desde el principio, no había respaldado la denuncia del trabajador contra la empresa. El propio Herrera había asegurado en su momento que la escena de la cámara oculta donde se ven a los niños levantando los huevos en corrales diseñados para su altura “fue armada por los denunciantes con fines espurios”. Para Herrera y los suyos, “todos los trabajadores relevados están encuadrados dentro de la Seguridad Social”. Hasta se lamentó del “daño irreparable” que se había cometido contra los dueños de Nuestra Huella al difamarlos. Y tras la primera inspección llegó a contradecir al subsecretario de Trabajo bonaerense, Oscar Cuartagno, quien había constatado las “condiciones de explotación y la falta de seguridad e higiene” en las granjas inspeccionadas.

Según relató Taboada, la oferta del soborno se produjo en octubre, dos meses después de aquella cámara oculta. Cáceres apareció por La Mimosa III con una oferta de dinero de parte de la dueña de la empresa, María Luz Suaces. Debía retirar la denuncia. El hombre consultó con sus abogados.

“Y los abogados decidieron arriesgarse a grabar las charlas, estábamos seguros que iban a subestimarlo, que pensaban que Taboada no los iba a volver a denunciar”, admitió Vera, de La Alameda. En esas grabaciones, que presentó a la Justicia –y a las que accedió Página/12– Taboada le pide a José Luis que agilice la negociación porque Eli, su mujer, está por dar a luz y no quieren vivir más allí. “Quedate tranquilo que yo estoy para defenderte a vos”, responde el supuesto sindicalista. Los siguientes fragmentos pertenecen a los 8 llamados que se registraron entre ambos, entre octubre y noviembre del año pasado:

Taboada: –Eli necesita la credencial de la obra social. Hace un año que no le llega la credencial. Va a tener un nene estos días.

José Luis: –No te preocupes que, tengas la credencial o no, te van a atender igual.

T: –Y sobre lo que me charlaste lo anterior... Marilú (María Luz Suaces, la presidenta de la empresa), que quería arreglar, que quería reunirse conmigo. ¿Sigue en pie la oferta que me hiciste vos de parte de Marilú?

JL: –Sí, yo te hago todo lo posible Oscar, vos quedate tranquilo. Yo te dije bien clarito, hermano: si hay una guita que hay que llevar que te la lleves vos, viste.

T: –¿Cuánto es?

JL: –No tengo idea. Vos poné algún número y yo hablo con la dueña y agarramos y hacemos las cosas como corresponde.

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Taboada: –Voy a renunciar, irme, no quiero que mi bebé nazca allá. Encima sabés las moscas que hay allá ahora. Es imposible. Yo quería de una vez solucionar eso.

José Luis: –¿Cuánto pretendés vos Oscar?

T: –Y, unos 40 mil más o menos. Con Eli más. 50 mil. Y yo los abogados los dejo, yo no quiero saber más nada.

JL: –Ta, dejame que yo hable con la empresa y en un rato yo te llamo. Oscar, confío en vos y espero que esta conversación que tenemos los dos no sea divulgada.

T: –Si hay que firmar, lo hago. Llamame a este número que sale en tu celular. Me hice unos análisis y salieron positivos sobre los agroquímicos, de eso yo no quiero saber nada. ¿Eso también va a incluir?

JL: –Dejame que yo hable con esta chica y vemos qué podemos hacer. ¿Dónde estás ahora?

T: –En Pilar, me voy para mi casa, para la granja.

JL: –Bueno, mirá. Cuanto mucho hacemos una reunión media secreta y vos te venís para acá, para el sindicato, y vemos como arreglar esto. Yo te vuelvo a repetir, si hay más guita en el medio yo quiero que te la llevés vos, hermano. Porque yo sé bien que vos de toda la plata que tengas que cobrar (del juicio), bien o mal, vos vas a agarrar menos de la mitad.

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JL: –¿Oscar?

T: –Sí, ¿quién habla?

JL: –José Luis. Che, querés que vayamos a la empresa, que los cite ahí.

T: –Si vos querés, vamos. Yo no tengo problemas, confío en vos.

JL: –Mira, quedate tranquilo. Es como te dije el otro día, yo estoy a favor del trabajador. Ya te dije, si hay un mango de por medio, quiero que te lo llevés vos. Seguramente la empresa te va a pedir, en primer lugar, que le saqués el poder a tu abogado, eso es fácil. Firmas otro poder con otro abogado. Si te llama tu abogado vos no le digas que vamos a la empresa.

T: –No, claro. Ellos me dicen “espera, espera” y yo no quiero más esperar.

JL: –Noo, vas a esperar 10 años y no te van a dar un peso. Dejame con la empresa y te vuelvo a llamar. ¿Confío en vos Oscar?

T: –Sí.

JL: –Yo confío en vos, vos confiá en mí, que yo te voy a pagar, hermano.

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José Luis: –Vos tendrías que hacer otro poder para que te represente un abogado del sindicato. ¿No tenés problemas con eso?

Taboada: –No, yo me quiero ir. Ellos no hacen nada. Yo quiero irme de la granja.

JL: –Bueno, dejame que yo hable con un contacto mío y arreglamos las cosas como corresponde (inaudible). Te van a pagar todo junto.

T: –¿Cuánto es más o menos, te dijo la empresa entonces?

JL: –No me dijeron la cifra. Vos me dijiste 30 mil pesos.

T: –No. Yo te dije 40 mil, 50 mil pesos.

JL: –Eso se negocia Oscar. Vos quedate tranquilo que yo estoy para defenderte a vos.

T: –¿Y vos vas a cobrar algo de eso?

JL: –Nada, yo no me quedo ni con diez centavos.

T: –Y su abogado, el de su sindicato, ¿va a cobrarme algo? Un porcentaje.

JL: –No señor, no creo.

José Luis Cáceres sería el mismo que, en abril del año pasado, participó de una inspección realizada tras la primera denuncia hecha por Taboada y su mujer. Recorrió las instalaciones compartiendo la indignación del jefe de la misión diplomática boliviana, Sixto Valdez Cueto y el fiscal de Zárate-Campana Juan José Maraggi. Después exigiría, entre otras cosas, que “en el día” el Ministerio de Trabajo “blanquee” a los “trabajadores en negro”.

Finalmente, la empresa decidió cesantear a Taboada hace poco más de un mes. El motivo, según contó Rodolfo García, uno de sus abogados, era el supuesto “ausentismo reiterado” del trabajador. “Pero en verdad estaba enfermo y no le dieron los días para ir al médico”, precisó el abogado. “Quiero que me paguen las horas extra, las vacaciones que nunca tuve, todo. Y lo mismo a mi mujer”, pide y sigue: “Igual nadie me devuelve la vida. La vida del bebé que perdió mi mujer mientras trabajaba acá”.

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