Se extiende la práctica del ajedrez en las escuelas

Se extiende la práctica del ajedrez en las escuelas
Más de 600 chicos jugaron ayer partidas en la Plaza de Mayo
Hay que hacerse responsable de cada movimiento y ponerse en el lugar del otro. Y, así, lo que se aprende frente al tablero bien puede ponerse en práctica en otros escenarios. Las enseñanzas del ajedrez van mucho más allá de las estrategias para mover con éxito las 16 piezas.

La postal era inusual. Cientos de chicos sentados alrededor de la Pirámide de Mayo, concentrados frente a un tablero. Para celebrar el Día del Ajedrez Escolar, fecha que se instituyó para recordar el nacimiento de Miguel Najdorf, más de 600 chicos participaron ayer de una partida gigante.

El ajedrez se enseña hoy a 14.000 chicos porteños en 160 escuelas primarias comunes, cuatro escuelas de recuperación y dos hospitalarias.

De manera optativa y a contraturno en las escuelas de jornada simple y como una materia más en las de doble jornada, este deporte mental apasiona a miles de chicos. Y más de 200 chicos participan cada sábado de torneos intercolegiales gratuitos que recorren los barrios.

¿Por qué enseñar ajedrez en las escuelas? "El ajedrez no suele ser muy jugado en las casas y el hecho de llevarlo a las escuelas permite que los chicos accedan a herramientas que los hagan pensar, reflexionar, buscar estrategias y compartir con otros", explicó la subsecretaria de Inclusión Escolar del gobierno porteño, Ana María Ravaglia.

"Muchas cuestiones relacionadas con el pensamiento se ponen en juego en el ajedrez", opinó Daniel Justel, uno de los tres coordinadores del programa del Ministerio de Educación de la ciudad. Dijo que el ajedrez convierte la violencia física en agresividad simbólica y enfrentarse en el tablero ayuda a dirimir diferencias fuera de él.

"En un contexto lúdico, se desarrollan estrategias intelectuales, se razona cuál es el mejor camino. Es un juego lógico en el que nada está librado al azar. Lo que pasa en el tablero es consecuencia de las movidas que uno hizo", ejemplificó Gustavo Aguila, otro de los coordinadores.

Pensar para jugar

Tomás y Andrés tienen diez años y asisten a la escuela N° 25 de Boedo. Aprendieron a jugar ajedrez el año pasado y ayer discutían movidas mientras esperaban que el profesor pasara por sus tableros para mover sus piezas. Coincidieron en que lo mejor del juego es que "te hace pensar". "Es divertido cuando quedás atrapado y no sabés para dónde mover", confesó Andrés.

A Daniela, de nueve años, le gusta tanto jugar que no le importa no tener contrincante. "En casa juego sola. Voy de un lado al otro del tablero y ¡siempre ganan las blancas!", confirmó. Más allá de las estadísticas, jugando sola siempre gana.

Camila y Brenda van juntas a la Escuela N° 5 de Palermo. "A veces nos juntamos a jugar al ajedrez en casa", contó Camila. "Al principio parece difícil, pero cuando aprendés a mover las piezas es divertido", acotó Brenda.

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