Extensos cacheos para poder viajar desde Madrid

Más controles en los vuelos hacia EE.UU.
WASHINGTON (De nuestra corresponsal).- Demoras en el horario de partida de los vuelos, pérdidas de conexión y largas filas, a la espera de la humillante experiencia de ser cacheado en público, a la vista de cientos de pasajeros de mirada cansina por la fatiga de la espera.

Esas son algunas de las incomodidades que, según el humor del aeropuerto de turno, soportan quienes intentan llegar a los Estados Unidos tras el reciente atentado fallido en Detroit.

Para los cientos de pasajeros que, en el día de Reyes, intentaron abordar cuatro vuelos de Iberia que partieron hacia Boston, Nueva York, Chicago y Dallas desde la madrileña Terminal Cuatro del aeropuerto de Barajas, la experiencia valió para desatar las más bajas pasiones contra la -hasta ahora- popular administración demócrata. Con partidas programadas con diferencia de pocos minutos, el minucioso cacheo a los cientos de pasajeros convirtió la terminal en escenario de histeria, entre empujones, apretujamientos y llantos de bebes.

"Que esto es tercermundista", "no nos tratéis como animales", "a ver si apuráis que perdemos el avión", "digan que esto lo hace Obama, que si lo hacía Bush, hay que ver la que se armaba", fue el clamor de los irritados viajeros. Eso, junto con la amenazante promesa nacida del hartazgo que aseguraba la intención de "no volver a pisar los Estados Unidos" hasta que las cosas no cambien.

El primer control de seguridad fue el habitual, el que compete a todos los viajeros que intentan abordar un vuelo, trámite que se cumplió sin mayores demoras. Los problemas comienzan con los vuelos a los Estados Unidos. En ese caso, hubo tres revisiones adicionales: una nueva verificación de documentación, un cacheo en público y una revisión manual de todo el equipaje de a bordo.

Nadie se salvó del chequeo manual, ni siquiera los bebes. Y no hubo piedad con ellos ni con mujeres embarazadas. La tarea fue encomendada a personal de empresas de seguridad privada, que actuó con la discrecionalidad del caso. A algunos pasajeros se les pidió que dieran vuelta su valija sobre una mesa y se les revisó prenda por prenda y libro por libro. A otros, no. A algunos bebes se les quitaron hasta los pañales. A otros, no.

Como alternativa, más de un pasajero clamó por los escáneres de cuerpo completo que tanta resistencia generan por ser violatorios de la intimidad y por su elevado costo.

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