Explota un camión con nafta en Kenia: hay 111 muertos

Mientras centenares de personas trataban de recoger gasolina de un camión cisterna volcado, una explosión repentina los envolvió a todos en una bola de fuego. El accidente sucedió el sábado a la noche en las cercanías de la ciudad keniana de Molo y dejó un saldo de más de 111 muertos y 200 heridos, según informó ayer la Cruz Roja. La mayoría de las víctimas son mujeres y niños.
"Todos estaban gritando y muchos de ellos corrían" convertidos en antorchas humanas, dijo Charles Kamau, un conductor de 22 años que casualmente presenció el accidente. Minutos antes había estacionado su auto porque la carretera estaba bloqueada por un grupo de personas. Algunas tenían envases en sus manos para conseguir algo del combustible derramado, otras sólo observaban, como Kamau, lo que pasaba.

Pero mientras el conductor aguardaba a que se dispersaran y la policía intentaba cercar la zona sin éxito, una explosión cambió completamente la escena. Autos calcinados, entre ellos un ómnibus escolar repleto de niños. Ropa quemada desperdigada por el suelo. Muchas de las personas tenían tal nivel de quemaduras que estaban irreconocibles. Los restos del camión cisterna todavía permanecían en la carretera de Molo, a unos 170 kilómetros de Nairobi, la capital del país. "En el bosque hay más cuerpos", decía un policía interrogado por un periodista del diario The Standard.

Según explicó en una rueda de prensa el primer ministro de Kenia, Raila Odinga, la causa de la explosión podría haber sido la colilla de un cigarrillo encendido. Para la policía, el caso todavía se encuentra bajo investigación.

Los hospitales de los alrededores no daban abasto. Decenas de víctimas de quemaduras eran colocadas en los pasillos porque no habían suficientes camas ni bolsas para los cadáveres.

A través de helicópteros eran enviados algunos suministros. Llegaban desde las bolsas para los muertos que faltaban a medicamentos adicionales, y los que sufrían las peores lesiones eran llevados en esos mismos helicópteros hasta hospitales de la capital keniana.

Michael Siele, habitante de un pueblo cercano, se salvó únicamente por no tener un bidón. Estaba buscando una tienda para conseguir uno cuando escuchó la explosión. Su primera reacción fue buscar a su hermano, con el que había ido al lugar del accidente. "No puedo hablar por teléfono con él", se lo escuchaba decir.

En la mañana de ayer, todavía habían 47 personas desaparecidas. Los familiares intentaban identificar a los suyos, pero muchos cadáveres estaban carbonizados e irreconocibles. La Cruz Roja ayudaba a esas familias desde una carpa levantada cerca del lugar.

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