Las explicaciones del intendente: "No aclares porque oscurece…"

En ningún momento el Jefe comunal bahiense imaginó que el ocultamiento de su viaje a Alemania traería como consecuencia un sinnúmero de opiniones y posibles incumplimientos a la Ley.

En los ámbitos de comunicación profesional está absolutamente contraindicado ocultar una información que pueda tener una mínima crítica, porque puede ser "solventada con una gran noticia", pasando ese hecho a un segundo plano.

Este razonamiento, indican los comunicólogos, está determinado porque "cuando tienes que salir a explicar, siempre pierdes…."

En el pago chico, Cristian Breitenstein prefirió, vaya uno a saber por qué, no decir que se ausentaría por más de una semana de nuestra ciudad. No sólo se lo ocultó a los ediles, y a algunos de sus miembros del gabinete, sino a la población en general.

A partir de esto, se empiezan a cuestionar diferentes aspectos de esta situación, hasta el momento desconocida para la comunidad, como si debía solicitar licencia, si pidió viáticos, si la firma del decreto para incautar bienes de la empresa Tarjebus fue el día 18, entre otras cosas.

Pero la verdad es que más allá de estas consideraciones muy importantes que deberá analizar e investigar el cuerpo deliberativo, lo que nos importa es la intencionalidad del joven intendente de ocultar una información pública.

Es que el hombre no puede despojarse de su investidura, más allá de que la invitación haya sido personal, porque está cumpliendo una función pública, y tal cual enumera nuestra Constitución, todos los actos públicos deben ser abiertos a la comunidad. Además, ningún funcionario puede admitir desconocer las leyes que lo rigen.

Por eso el punto de discusión es el ocultamiento de la información, que no fue fortuito como lo intenta decir el jefe comunal, sino orquestado u organizado.

Algunas de las razones para sostener esta afirmación se basan en el desconocimiento de algunos de sus colaboradores directos; en los partes de prensa de la Municipalidad que lo mostraban diariamente recorriendo obras; en la mención de sus más "íntimos" secretarios diciendo que estaba gestionando en Buenos Aires y Capital Federal; o en la rápida e inusual incursión periodística un sábado a la mañana, luego de un muy largo viaje.

En su libro "Reconstrucciones", el recientemente fallecido sociólogo Oscar Landi, recordó la ruptura de credibilidad del ex presidente, Raúl Alfonsín con la sociedad, luego del discurso de Semana Santa.

El profesional explicó que Alfonsín perdió el "kerigma", el dar testimonio, el valor de la palabra, intachable hasta ese momento, luego del envío de las leyes de obediencia debida y punto final al Congreso de la Nación.

Es menester recordar que en la década del 90, el Capitolio de los Estados Unidos no juzgó al ex primer mandatario, Bill Clinton, por lo que había hecho o no con la becaria Mónica Lewinsky en el Salón Oval, sino para conocer si le había mentido al pueblo norteamericano.

Salvando las diferencias, y más allá de las cuestiones legales, nosotros también, como habitantes del partido de Bahía Blanca, queremos y necesitamos saber si el Intendente Cristian Breitenstein ocultó, faltó a la verdad o nos mintió.

Algunas contradicciones en las cuales ha incurrido el jefe comunal en las últimas horas respecto de los días que se ausentó, ratifican aquella frase del Nano Serrat: "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio…"

Lic. ARIEL A. BIAGETTI. Publicado en el periódico bahiense Atico

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