Expectativas por la relación con Washington.

Por: Jorge Oviedo.

La designación de Vilma Socorro Martínez, una embajadora política, es seguramente una señal de que quedan desafíos por resolver.

Hay quienes creen que la profundización del modelo de intervención empresaria del matrimonio gobernante podría generar un encontronazo con los Estados Unidos, pero los tiempos de los roces con Washington parecen haber pasado. "Cristina está encantada con Obama", dice alguien que conoce a los Kirchner y habla con ellos. Fue en orden a preservarse y preservar la relación que el gobierno matrimonial hizo, sin éxito, todo lo que pudo para lograr que Tom Shannon fuera el embajador norteamericano en Buenos Aires en reemplazo de Earl Anthony Wayne, quien acaba de dejar el país.

Wayne fue un componedor, que hizo todo lo que estuvo a su alcance para mantener la relación bilateral en los mejores términos posibles. Por su actitud, en la interna de la política exterior norteamericana podría haber sido llamado una "paloma". A su antecesor, Lino Gutiérrez, el enfrentamiento con los Kirchner, la rotura de los puentes entre los dos gobiernos y el escandaloso choque de Néstor y Chávez con Bush en la cumbre de Mar del Plata le costaron un serio daño a su carrera.

A Wayne le tocó lidiar con los cortocircuitos por el caso Antonini Wilson, en el que al escándalo de la valija con dólares se sumó la fortísima pirotecnia verbal del gobierno matrimonial. Prefirió la moderación pública y pareció no irle mal. Pero fue seguramente por los antecedentes y las tensiones crecientes alrededor de ese tema que la entonces secretaria de Estado, Condoleezza Rice, eludió pisar la Argentina en marzo de 2008, cuando visitó Brasil y Chile. Fue en parte afortunado para ella. Su eventual visita habría coincidido con el inicio del conflicto con el campo por la controvertida resolución 125.

Wayne deberá encarar en Afganistán uno de los mayores desafíos para la política exterior de Obama: lograr que ese país no se convierta en un nuevo pantano al estilo Vietnam.

Shannon, en tanto, consiguió en Brasil el destino que parecía preferir, pese a que siempre trató a la Argentina con gran consideración, lo que hizo que los Kirchner lo vieran como a un amigo. Quienes querían ver a la Casa Blanca encarrilando un poco más al matrimonio protestan que "los verdaderos amigos son los que le dicen a uno la verdad, no los que son siempre complacientes".

Shannon, en tanto, alcanza un logro relevante: ser una pieza relevante en la diplomacia para la región tanto para la administración de Bush como para la de Obama. Y aunque a los Kirchner les guste pensar que Obama los imita y quiere parecerse a ellos, luce mucho más probable que el mandatario norteamericano, miembro de una minoría que ha padecido la pobreza y la discriminación, se sienta más indentificado con su par brasileño, un tornero sindicalista que conoció el hambre y la marginación, que está llegando al fin de su segundo mandato con una de las popularidades más altas del mundo y un éxito económico considerable, incluso en medio de la crisis internacional.

Probablemente por todo esto es que, además de por las obvias diferencias de tamaño e importancia entre los dos países, Lula ya ha tenido los encuentros, diálogos y fotos con Obama que Cristina y Néstor aún ansían. Brasil ofreció además al presidente demócrata la gran ventaja de que no había que recomponer una relación que por momentos agonizó y que sólo cuadros detrás de las primeras líneas en las dos administraciones parecían interesados en preservar, como en el caso argentino.

Qué papel jugará la nueva embajadora, Vilma Socorro Martínez, es un misterio. La abogada no proviene de la carrera diplomática. ¿Es eso una señal? A los Kirchner les encanta que sea una mujer y que tenga amplios antecedentes en la defensa de los derechos civiles. Se dice que a los embajadores políticos se los designa en países tranquilos, hermosos, donde alguien de gran confianza de un primer mandatario obtiene un cómodo lugar expectante para un futuro recambio de figuras. También lo logran quienes reciben un premio por sus esfuerzos para que el mandatario lograra alcanzar el cargo.

Obama, en su mensaje de cambio, prometió tener muy pocos embajadores políticos. Por ejemplo, designó a Louis Susman en Londres y a Charles Rivkin en París. Los periodistas le preguntaron al secretario de Prensa Roberto Gibbs cuáles eran los antecedentes de ambos, si, por ejemplo, Rivkin habla francés. Y contestó: "Sí, lo habla". Cuando le preguntaron por los pergaminos del designado embajador en Inglaterra dijo en broma: "Habla inglés".

Susman y Rivkin fueron grandes ayudas para recaudar fondos de campaña. Rivkin es un magnate del espectáculo que alguna vez presidió Jim Henson Company, la propietaria de los Muppets. También van los embajadores políticos, dicen, a destinos complejos donde el Presidente quiere tener una mirada directa. ¿Cuál de los dos casos será la Argentina? Tal vez Obama no cumpliría del todo esa "norma no escrita" de los embajadores políticos si es que Wayne, un diplomático de carrera, se ocupara sin compañía del complejo destino de Afganistán. Pero lo hará justamente junto con un embajador político, el ex general de tres estrellas Karl Eikenberry.

Pero si pareciera que no ganan la interna del Departamento de Estado los que quisieran tensar un poco la relación con la Argentina, lo mismo parece pasar en la administración Kirchner. La imagen del matrimonio gobernante cenando con mínimo protocolo, casi con amistosa intimidad y en un lugar público, con Bill Clinton, esposo de la actual secretaria de Estado, lo dice todo. El discurso "antiimperialista" desapareció de las bocas de los K más combativos, como el proiraní Luis D´Elía. Pese a ese silencio, el Gobierno parece querer mantenerse lo más lejos posible de algún enojo de Irán. Evitó, tal vez por ello, impulsar la elección del argentino Rogelio Pfirter al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el ente de control nuclear que debe supervisar al régimen de Teherán y su programa de desarrollo de armas de destrucción masiva. Y también a la díscola Corea del Norte. No son pocos los que creen que la Argentina y los Kirchner perdieron una oportunidad de oro de lograr lo que los desvela: congraciarse con Obama. Sin embargo, en Washington nadie pareció tampoco por ahora preocupado por "cobrarle" al matrimonio su falta de interés en un tema candente. Al menos pareciera que quienes así piensan no logran que se imponga su criterio.

¿Podría la ley de blanqueo empeorar las cosas? Habrá que ver, porque el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, desde sus tiempos en la Aduana, ha cuidado muchísimo la relación con los Estados Unidos, incluso cuando el gobierno local y el de la Casa Blanca no parecían demasiado interesados en no dañar los vínculos.

Fue Echegaray el que se apuró, junto con su entonces jefe Alberto Abad y a pesar de las colosales diferencias entre ambos, a cumplir las exigencias de sistemas electrónicos de inspección de las exportaciones para mantener fluido el comercio luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Wayne y un grupo de legisladores norteamericanos recorrieron con satisfacción las instalaciones portuarias de inspección de contenedores en enero último. Entre ellos había un diputado demócrata de la misma circunscripción electoral de Obama, Dan Lipinski.

¿Ocasión para modificaciones?

¿Hay en Washington quienes creen que hay que ser más duros que Wayne o Shannon con la Argentina? Sí, incluso en el Departamento de Estado. Pero, como se dijo, Vilma Socorro Martínez no proviene de la carrera diplomática. Algunos de los que constituyeron el equipo de Wayne aquí en la Argentina se marchan. Con él a Afganistán va el consejero económico, Douglas Climan, quien había cambiado antes Kabul por Buenos Aires.

Y la encargada de la relación con la prensa, Mara Tekach, quesuperó el duro desafío de lograr que el cambio de tono de la relación se reflejara en los medios, se va a la representación ante las Naciones Unidas. Su sucesora vendrá de Beirut, lo que algunos se toman con ironía diciendo que es uno de los pocos lugares donde se puede adquirir experiencia sobre realidades más complejas que la Argentina. El antecedente de Tekach es tal vez favorable para su sucesora. Llegó aquí de otro sitio ciertamente más complicado: Haití.

Hasta que el Senado norteamericano apruebe la designación de Martínez, la embajada está a cargo del encargado de negocios, Thomas Kelly.

¿Alguien pensará en Washington que el deseo de Cristina de estar bien con Obama es una ocasión para sugerirle que no manipule al Indec, que tenga una política un poco menos alejada del mercado, que tenga un poco de flexibilidad con los bonistas aún en default, que arregle con el Club de París? Los Kirchner estaban dispuestos a hacer algo de todo eso en 2008, antes de que la crisis empeorara e hiciera imposibles las gestiones ¿Le tocará a Vilma Socorro Martínez ayudar en esos acuerdos? ¿O verá a los Kirchner emperrarse en sus peores errores y pasar con Obama del amor al fastidio, como les ocurrió con el uruguayo Tabaré Vázquez?

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