Hay más expectativa por el mediano plazo que por el rumbo que puede tener el 2009

Por Hernán De Goñi

Hay un extraño clima de calma en el escenario económico. El Gobierno parece más enfocado en el mediano plazo que en los próximos meses, lo cual no es necesariamente malo. Lo que debe resurgir es la gestión, ya que si bien hoy en los empresarios hay menos temor a un volantazo inesperado, tampoco hay certeza sobre lo que debe esperarse del Poder Ejecutivo para los próximos meses.

Amado Boudou está completamente abocado a dos misiones prioritarias: acordar con el Club de París y con los bonistas que no entraron al canje de 2005. Pero para lograrlo, tiene que cruzar por un puente llamado FMI. Su prueba de fuego será hoy. El organismo sabe que puede darle lugar a alguno de sus pedidos, pero después de que el G-20 ratificara el valor de la revisión anual a la que se resiste el Gobierno, por lo menos dejará ver que quien cede no es la institución que debe diseñar la nueva arquitectura financiera internacional. "¿Qué le pueden exigir a un país grande o chico si arrancan aflojando todo con la Argentina, que es un incumplidor serial?", se preguntaba un hombre que conoce la entretela del Fondo.

El Club de París, por su parte, ha dejado ver que está más dispuesto a una renegociación rápida que a hacer escarmentar a la Argentina con condiciones excepcionales. El plan de pagos propuesto, que gira en torno a una refinanciación a cinco años, será celebrado políticamente y le dará aire al Palacio de Hacienda para concentrarse en los bonistas. En este caso, si bien el interés demostrado por los inversores permite anticipar cierta velocidad para preparar una nueva oferta, los requisitos legales a cumplir indican que este paso difícilmente esté listo antes de fin de año.

En el medio siguen flotando cuestiones que no son menores, como el reordenamiento del Indec. En este tema Boudou tiene un punto a favor: se trata de un problema que ya fue "descontado" por los inversores y sobre el que se creó alguna expectativa de cambio, que por ahora es baja. Los antecedentes juegan a favor de los pesimistas: si logra plasmar alguna política que introduzca transparencia y desactive la sensación de que cualquier número que elabore puede ser manipulado, entonces cualquier mejora será ganancia.

¿Qué sigue para el Gobierno? El próximo casillero es el encuadramiento del sector público. Una vez que el Congreso resuelva el debate sobre la ley de medios, la oposición tratará de recuperar terreno con el Presupuesto 2010 y la prórroga de los impuestos que le dan sustento a la recaudación (Ganancias y transferencias bancarias, entre otros). A diferencia de otros años, la crisis le achicó al Ejecutivo el margen de dibujo en sus números. Sin embargo, adjudica para el año próximo próximo un nivel de inflación y de tipo de cambio por debajo de lo esperado, con lo cual Boudou ya sabe que tendrá dos factores "ajustadores" de los ingresos a su favor. Con un gasto proyectado a un ritmo sensiblemente menor que el del 2009, los riesgos de que la discusión ponga en riesgo la sanción de la norma es baja. Sus retos son dos: el primero es vencer la resistencia de los legisladores (y por ende de los usuarios) a hacerse cargo del verdadero valor de la energía y a achicar el peso de los subsidios que el Estado le carga a todos los contribuyentes. El segundo es plasmar los prometidos límites a los superpoderes.

Lo que todavía falta es la conexión entre este horizonte macro y lo que cabe esperar en el día a día. Los números de julio en materia de actividad económica prometían un rebote con algo más de vigor. Pero agosto y septiembre marcaron que todavía hay un fuerte amesetamiento. Los más escépticos vuelven a pensar en la L como la letra que describe el momento actual (caída sin repunte). La inversión está sostenida por un Estado cada vez más anémico y las ofertas de financiamiento no alcanzan para darle más vuelo al consumo.

Si Aníbal Fernández consigue que la designación de Julián Domínguez como ministro de Agricultura no sea sólo una jugada destinada a ganar tiempo y a cubrirse de las críticas de quienes le achacan al Gobierno un desinterés total por la suerte del campo, el premio puede ser mayor al esperado. Todos los analistas coinciden en que la recuperación del 2010 será financiada, en buena medida, por una cosecha que aportará 35 millones más de granos y oleaginosas. Recrear la idea de que el sector puede volver a trabajar dentro de un clima de negocios razonable puede darle más aire a la economía de la que esperan tanto los funcionarios como los empresarios.

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