Si no existe una ‘ganancia asegurada’ no hay inversión, y menos aún en la Argentina

"¿Quién va a comprar una máquina para fabricar lo que no vende?" se preguntaba el ex presidente desarrollista Arturo Frondizzi. La misma pregunta hoy se la hacen los empresarios que no ven un horizonte despejado y, como consecuencia de ello, frenaron las inversiones.
Tal situación quedó de manifiesto la semana pasada en Córdoba, donde en un congreso de la Unión Industrial Argentina (UIA), el presidente de la entidad, Héctor Méndez, lo dijo con todas las letras: "En la Argentina no hay inversión". Claro, el duro discurso del también titular de la Cámara del Plástico fue consentido por otro empresario de peso: Luis Pagani, titular de la alimentaria Arcor y de la influyente Asociación Empresaria Argentina (AEA).

Los dichos de ambos popes no pasaron desapercibidos para el Gobierno. Es que todo parece indicar que con el resultado de las elecciones sobre la mesa los empresarios se animan a decir lo que hace un tiempo callaban.

Otro ejemplo de descontento con el Gobierno se vio luego de escuchar el último sábado el duro discurso del presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, en la inauguración de la feria ganadera, cuando los hombres de negocios que compartían el palco en Palermo, aplaudieron y felicitaron al dirigente del campo. Biolcati obviamente hizo alusión a la "voracidad fiscal del Gobierno por el tema retenciones" y dio a entender que de esta forma el sector que representa no estará presente en el Consejo Económico y Social.

Uno de los que escuchó a Biolcati era precisamente Méndez, protagonista otra vez de una frase inesperada para el oficialismo. "Sin el campo no hay Consejo Económico posible", dijo el industrial dando otro signo más que sin acuerdo entre los principales sectores de la economía, el sindicalismo y el Gobierno, el escenario será más complejo.

De todos modos, el freno en las inversiones tiene varias aristas. En lo que corresponde al plano internacional hay que buscarlo en lo que ocasiona la tormenta financiera que hoy vive el mundo. Es decir, no se puede negar que hoy los países desarrollados son más pobres y que por lo tanto tienen menos poder de compra. A eso se suma que los bienes ya fabricados, por lo general en Asia, forman parte de un stock mundial donde claramente al no poder venderse a los valores que se estimaron cuando fueron producidos (porque la demanda en menor), se ofrecen a precios de regalo. Ante ese panorama de mayor competencia las industrias locales tienen que hacerse un lugar para sobrevivir y hoy no basta como en otras épocas con un dólar más caro. Un dólar más alto hoy sirve para frenar una posible invasión de productos, es cierto, pero no alcanza para vender al exterior ya que la demanda externa está paralizada en algunos sectores.

Ahora, en lo que refiere al plano local, la preocupación del empresariado es mayor. La mayoría de los hombres de negocios todavía no pueden dilucidar si el llamado al diálogo que está realizando por estos días el Gobierno tiene que ver con una señal de acercamiento y de encontrar una solución en conjunto, o es más de lo mismo.

La incertidumbre radica en que el Gobierno que antes de las elecciones acusó a los empresarios de defender a los paraísos fiscales y que no está dispuesto a ceder en las retenciones, por ejemplo, ahora envió a las reuniones de la UIA al jefe de Gabinete y al ministro de Economía con dos mensajes que ilusionaron a más de uno. Fue el mismo Amado Boudou que ante industriales reconoció que el Indec no reflejaba los datos reales de la economía. También como la preocupación de los empresarios es facilitar el consumo y no restringirlo, Boudou se encargó de aclarar que el Gobierno no iba a implementar ningún plan que aumente los impuestos. Aníbal Fernández, en tanto, aseguró que va a salir pronto una nueva Ley de ART. Para los empresarios el vacío legal que existe al no contar con dicha ley provoca que varias firmas vayan a la quiebra, ya que los trabajadores hoy están habilitados ante un accidente laboral iniciar juicios por doble vía (civil y laboral).

Con todo, los empresarios, desconfiados, dicen que mientras la Argentina no cuente con un plan económico, cualquier solución está muy lejos de generar confianza para volver a invertir. Mientras tanto, muchos de ellos prefieren invertir, pero no en el país.

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