Los excesos del Estado los paga el contribuyente

Por Hernán de Goñi

Administrar los recursos de un gobierno es una tarea con grados de complejidad enorme. Sin embargo, los principios básicos que deben seguirse no solo son sencillos sino universales.

En materia de funcionamiento, un Estado opera como una familia. "Vive" con sus ingresos corrientes y toma crédito para solventar los gastos de capital (la compra de una casa o un auto, por ejemplo). Toda ampliación de este esquema requiere asegurarse fondos extras, ya sea un nuevo ingreso corriente o acceso a mayor endeudamiento. Si esto se corta, lo más probable es que la familia entre en mora o directamente en default.

En la Argentina, sólo el Ejecutivo tiene crédito a mano (la ANSeS, el Banco Nación o el BCRA). Las provincias, en cambio, deben exprimir los recursos de sus propios habitantes. Quienes piden subir el gasto no suelen hacerse cargo de esta realidad, agravada por distritos que a la vez permitieron que el recaudador de turno use recetas de dudosa legalidad.

El contribuyente bonaerense, al que hoy se le da la razón con la corrección de estas medidas, no debería olvidar que la plata siempre sale del mismo bolsillo: el suyo. Para que no haya inequidades, el sentido común tiene que estar en los dos lados del mostrador.

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