Una exaltación de patriotismo.

Una exaltación de patriotismo.
Fútbol americano / El XLIII Super Bowl: Hoy, desde las 21, Pittsburgh y Arizona definirán el título de la NFL, un partido en el que se confunden deporte, consumo y nacionalismo.
Durante el show del entretiempo del Super Bowl de 2002, Bono, cantante de U2, abrió su campera de cuero y reveló en el forro de su interior una bandera de los Estados Unidos. Antes del partido, los jugadores de ambos equipos habían recitado la Declaración de la Independencia de 1776. Fueron sólo dos de las tantas demostraciones de americanismo de aquella final, jugada a casi cinco meses del fatídico 11 de septiembre de 2001. El campeón fue, casualmente, New England Patriots.

Aquellas exaltaciones de patriotismo se reiteran, con distintos matices, año tras año, cuando los norteamericanos viven lo que para ellos es la expresión máxima del deporte: la final de la National Football League (NFL, la liga profesional de fútbol americano). Allí, deporte, consumo y nacionalismo se confunden para generar un espectáculo tan monumental como particular.

Acaso hoy, cuando desde las 21 (TV por ESPN) se dispute el Super Bowl XLIII en el Raymond James Stadium, de Tampa, Florida, no se alcancen los niveles de aquel 3 de febrero de 2002. Pero las reminiscencias de la crisis económica y la brisa esperanzadora que representa la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca serán los disparadores de la devoción hacia los colores rojo, blanco y azul.

Para los norteamericanos, se trata de un ritual impostergable y está considerado un feriado de facto. En este siglo, los nueve programas con mayor rating fueron los nueve Super Bowl. Entre amigos, se reúnen desde temprano frente al televisor y se entregan a un festín de comida rápida y cerveza. En los días previos, supermercados y vendedores de televisores con pantalla gigante multiplicarán sus ventas. Sólo el Día de Acción de Gracias lo supera en índices de consumo.

Lo que suceda dentro de la cancha quedará en segundo plano. El interés pasará por saber si el veterano Kurt Warner, de 37 años, paradójicamente el quarterback que perdió inesperadamente aquella final de 2002 al mando de Saint Louis Rams, podrá guiar a los Arizona Cardinals, que llegan por primera vez a un Super Bowl, a propinar una estocada más en su sorprendente campaña y derrotar a los amplios favoritos, Pittsburgh Steelers (6,5 a 1 en las apuestas), que buscan el sexto trofeo Vince Lombardi de su historia.

Para darse una idea de cuán secundario es el partido, sobra mencionar que el entretiempo, que normalmente dura 15 minutos, se extenderá a 30. Este año, el honor de brindar el show le corresponderá a Bruce Springsteen, el artista que más apoyó la campaña de Obama, que cantará Born in the U.S.A . Antes de la patada inicial, Faith Hill interpretará God Bless America y la ex American Idol Jennifer Hudson cantará el himno, un momento que, por las circunstancias, alcanzará un alto grado de emotividad. Previamente, la NBC, que televisará el juego dentro de los Estados Unidos, emitirá una entrevista con Obama, en vivo desde la Casa Blanca.

El entretiempo también será el momento en que las grandes compañías como PepsiCo o Budweiser se mostrarán con un original aviso publicitario, usualmente teñido de rojo, blanco y azul. Aunque la crisis no es ajena al Super Bowl, los 30 segundos de publicidad durante el partido alcanzaron la cifra récord de 3 millones dólares.

A pesar de que 72.500 espectadores colmarán el estadio, se calcula que alrededor de 100.000 turistas visitan Tampa. El acontecimiento acaparó toda la semana e incluyó diversos recitales, el campamento NFL Experience y una gran cantidad de fiestas privadas, la más fastuosa, organizada por la revista para hombres Maxim .

Es difícil medir cuánto hay de patriotismo y cuánto de exagerada pomposidad en el Super Bowl, pero, en todo caso, ello también es reflejo fiel de la cultura norteamericana.

Ah, Bono es irlandés.

* El aura de Barack Obama estará presente

Barack Obama no asistirá a Tampa, pero su confesa afición por los Pittsburgh Steelers no pasará inadvertida. Dan Rooney, dueño de la franquicia, apoyó al presidente durante la campaña y Mike Tomlin, el DT, se convirtió en el entrenador más joven en llegar al Super Bowl y el tercer negro en conseguirlo. Quiere ser el segundo en ganarlo (en 2007, los Colts de Tony Dungy vencieron a los Bears de Lovie Smith).

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