Exabruptos

La jurisconsulta Elisa Carrió alega en público, sin ruborizarse, que las hordas fascistas del Gobierno "están preparando un fraude para el 28 de junio, porque quieren ganar de cualquier modo". Francisco de Narváez puso en el aire un largo aviso en el que exhorta a no permitir el robo de votos en las próximas elecciones. No son los únicos pero, debido a su gravitación en las encuestas, el peso específico de tan rotundas afirmaciones es mayor que en todos los demás.
No es la primera campaña denigrante para la democracia republicana, sobre todo porque sus prevenciones no están acompañadas de ninguna evidencia que las corrobore, pero en los últimos días las palabras fueron sucedidas por actos de violencia ("escraches") que parecían programados por los núcleos extremos de Quebracho. Fue el titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, quien aclaró el origen copiando del breviario peronista: "La violencia de arriba engendra la violencia de abajo". Otro candidato agrario en Entre Ríos sugirió que en estos combates hay que liquidar a los de la primera fila.

Este asunto del fraude hay que empatarlo con una sugestión previa: si pierde el oficialismo los Kirchner se tienen que ir. Ahora resulta que la eventual victoria será el resultado de fraude, por lo que pierdan o ganen deberían irse. ¿Por qué no? Alfonsín y De la Rúa se tuvieron que ir antes, depuestos por las protestas populares (organizadas por peronistas, aseguran los antiperonistas que siempre le han otorgado las mejores virtudes conspirativas a los protagonistas de sus peores pesadillas). Sería como una revancha histórica y a falta de tanques, dice Néstor, usarán los tractores.

El único factor que ninguno toma en cuenta es el único que vale: nadie sabe cómo reaccionará la ciudadanía ante cualquier manotazo golpista. Las lecciones del pasado todavía son presente.

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