La Evita ucraniana va por más

La bella y poderosa dos veces primera ministra buscará convertirse en presidenta en las elecciones del domingo que viene. De origen humilde, busca imitar en cada gesto a su admirada Evita. Por eso Washington no la quiere.
La bella y poderosa Yulia Tymoshenko, dos veces primera ministra de Ucrania, buscará el domingo que viene convertirse en presidenta de esa ex república soviética, bastión clave del tráfico de gas entre Rusia y Europa. Esta semana su nombre comenzó a hacerse más conocido en todo el mundo luego de que un ex colaborador suyo confesara a la revista estadounidense The New Republic que la mandataria cree ser, nada más y nada menos, que la reencarnación de Evita, algo que le fue revelado por uno de los muchos magos y videntes que consulta. Aunque las encuestas la dan en segundo lugar, debajo de Viktor Yanukovich (el mismo que realizó el fraude en las últimas elecciones presidenciales, en 2004, que de-sembocó en la llamada Revolución Naranja), los analistas coinciden en que tendría muchas chances de derrotarlo en una eventual segunda vuelta. Así, la Evita ucraniana lograría aquello que la original no llegó a lograr: un cargo ejecutivo elegido por el voto popular.

"Le dijeron que ella es la reencarnación de Eva Perón y ella lo cree –sorprendió Dmitry Vydrin, quien fuera un dirigente cercano a Tymoshenko durante casi una década–. Lo admite ante su círculo más cercano y la copia, tanto a nivel consciente como subconsciente." Las declaraciones del diputado Vydrin se difundieron la semana pasada en los Estados Unidos, donde ven el ascenso de Tymoshenko con temor, debido a su estilo populista, tan contrario a los gustos de Washington. "Es la forma en la que coquetea con la gente, como los llama `mis queridos’", graficó Vydrin.

Nacida hace 49 años en una casa humilde, Tymoshenko vuelve siempre sobre sus orígenes a la hora de explicar su papel en la política: "Sé muy bien qué significa vivir sin agua, gas o calefacción –se jactó en una entrevista–. Por eso es que quiero acabar con esta situación". De adolescente comenzó a militar en el Komsomol, el ala juvenil del Partido Comunista Ucraniano, donde conoció a Oleksandr Tymoshenko, el hijo de un burócrata de cierta importancia que se convertiría en su primer marido y le daría el apellido con el que se hizo famosa. Dedicada a la actividad privada, a mediados de los ochenta fundó una exitosa cadena de videoclubs con la que empezó a hacer fortuna.

Con la caída del comunismo y la independencia ucraniana, vinieron los oscuros procesos de privatización de todas las industrias que estaban en manos del Estado. Como en toda la región, la gallina de los huevos de oro era la extracción y comercialización de hidrocarburos, área en la que Tymoshenko se desempeñó entre 1990 y 1996, ganando contactos con muchos de los hombres más poderosos del país, una de las fortunas más grandes de la región, varias acusaciones de corrupción (que le costaron varias semanas de cárcel en 2002, pero concluyeron sin condenas) y una plataforma ideal para dar el salto a la política.

Electa como legisladora por primera vez en 1996 (con el voto de más del 90 por ciento de su distrito) y reelecta dos años más tarde, su popularidad fue en ascenso hasta que en 2001 fundó su propio bloque parlamentario, llamado –nada más y nada menos– "el Bloque de Yulia Tymoshenko". A fines de ese año selló una alianza con Viktor Yuschenko, el hombre fuerte de la oposición, con vistas a las presidenciales de 2004, que estipulaba que ella sería su primera ministra en caso de que llegaran al poder.

Lo que pasó en esas elecciones recorrió el mundo: tras una campaña violenta que incluyó un intento de envenenamiento contra Yuschenko, el candidato oficialista, Viktor Yanukovych, anunció su victoria a pesar de las masivas denuncias de fraude, lo que desató una reacción popular que incluyó manifestaciones espontáneas y un paro general. Cinco días más tarde, la Corte Suprema ordenó hacer una nueva votación, en la que Yuschenko (y con él, Tymoshenko) ganaron por algo más del 8 por ciento de los votos.

Durante su primer mandato, la primera ministra Yulia Tymoshenko (electa por el Parlamento con una mayoría arrasadora) fue considerada por la revista Forbes como la tercera mujer más poderosa del mundo en 2005, sólo por debajo de Condoleezza Rice y Wu Yi, miembro influyente del gobierno chino. Pero tras sólo ocho meses a cargo su alianza con Yuschenko se rompió y se vio obligada a renunciar. Sin embargo, dos años más tarde, ambos volvieron a aunar fuerzas para sacarlo a Yanukovych, que había alcanzado la jefatura de gobierno tras las elecciones parlamentarias de 2007. A fines de ese año, la Legislatura ucraniana volvió a nombrarla primera ministra, aunque esta vez no le sobró, literalmente, ni un voto.

Ahora, la Evita ucraniana, señalada cómo "la mandataria más sexy del mundo" por la página de Internet Hottest Head of State (que pone a nuestra Cristina Fernández en el sexto lugar del ranking), se enfrentará cara a cara con su némesis del último lustro. Yanukovych y ella son los dos candidatos con chances para las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el domingo que viene. Según todos los pronósticos, el pleito sólo se resolverá a través de una segunda vuelta, a llevarse a cabo en febrero. En una batalla política que lleva años y no tiene cuartel, Yulia Tymoshenko llegó a adjudicarle a su rival la culpa de que la selección ucraniana haya quedado afuera del mundial de fútbol (según escribió en su blog, Yanukovych le transmitió su "mala suerte" al equipo cuando fue a la cancha a presenciar el partido de repechaje contra Grecia) y no se cansa de repetir, ante todos los medios que le preguntan que ella, aunque pierda, no va a cambiar los resultados de los comicios.

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