Se evidenció la crisis terminal del sistema político

La maniobra repudiable de las "candidaturas truchas", expuestas en las elecciones del 28 de junio, evidenció la crisis terminal de nuestro sistema político. Con la deliberada intención de engañar al electorado, el oficialismo buscó presionar e inducir a error a los votantes para que sufragaran por sus listas. Las encabezaron funcionarios que, manejando sectores claves del aparato estatal, nunca estuvieron dispuestos a asumir. Hicieron campaña sin confesar a los electores sus intenciones. Daniel Scioli, en Buenos Aires, y José Alperovich, en Tucumán, fueron candidatos, desplegando su propaganda política en el proceso electoral.
El caso de Osvaldo Jaldo es paradigmático en igual sentido. Su candidatura fue decidida y anticipada por la exclusiva voluntad política de Alperovich. Fue cabeza de lista porque en su rol ministerial controla todo lo atinente a la utilización de los fondos públicos del llamado "Pacto Social" y del denominado "Fondo Federal Solidario", suscrito con los municipios y comunas, que incluyen sus planes de obra pública. Era el hombre ideal para digitar, presionar y condicionar el voto en todo el territorio provincial. Jaldo suscribió su candidatura y convalidó todo el proceso de su postulación ante la Justicia Federal Electoral. Nadie pudo imaginar en una "elección auténtica" que su candidatura fuese "eventual". Alperovich anuncia ahora que Jaldo no asumirá. El malogrado candidato confesó que esta decisión fue "del conductor", y que él la comparte. Sin comentarios.

Argentina reafirma con estos hechos vergonzosos su inconfiabilidad. Es un país al margen de la Constitución y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Mi reconocimiento a Alberto Dalla Vía, quien votara ejemplarmente en disidencia en el caso "Novello", condenando las "candidaturas testimoniales".

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