Europa descubre las ventajas del ahorro y de la imaginación

Crecieron la venta de artículos de segunda mano, la búsqueda de descuentos y el canje
PARIS.- Alto ejecutivo en el norte de Francia, Yan Pascal no tiene nada de un militante ecologista. Sin embargo, acaba de equipar su automóvil con un sistema de combustión a etanol. A pesar de tener ingresos más que confortables, tampoco dudó en acudir al servicio de donaciones del sitio Consoglobe para hacerse de una sillita de bebe usada para bicicleta. Yan también prohíbe a los abuelos que hagan demasiados regalos a sus hijos. Habitué de las nuevas ferias de intercambio, no tiene ningún escrúpulo en ofrecer a sus chicos juguetes de segunda mano.

"En estos tiempos de crisis, es absurdo comprar cuando se puede dar una segunda vida a un objeto", precisa.

Desde hace meses, Yan Pascal forma parte del 34% de los europeos que recurren a los circuitos alternativos para consumir. La tendencia al "desconsumo" es tan sólida, que los sociólogos hablan de "cambio durable y profundo", mientras que los economistas lanzan señales de preocupación. "¿Adónde iremos a parar si hasta las clases acomodadas comienzan a adoptar hábitos de compra tan sobrios?", se alarmó recientemente el vocero de la Unión de Anunciantes franceses.

Según un estudio del instituto Sociovision, el 40% de los europeos decidió restringir sus compras en 2009 y el 26% se declara dispuesto a estudiar con lupa cada gasto.

Pero aun aquellos que no corren riesgos rechazan cada vez más el hiperconsumo y el derroche. En la Europa de hoy, el conductor de una 4x4 en plena ciudad es mal visto, casi como un criminal. El que todavía paga a precio normal su jean de marca aparece como un ingenuo. No se considera demasiado vivo al viajero que desconoce los sitios para comprar pasajes a tarifa reducida. En cambio, es decididamente fashion la madre de familia equipada con su filtro de agua o su yogurtera. Y como desacomplejado, el cliente que llega a la caja del supermercado armado con sus bonos de descuento.

La crisis, con su cortejo de desgracias, parece estar revolucionando las mentalidades. Todo parece indicar que, en un medio hostil, el Hommo consumerus está en vías de mutación. Mientras los doctores en economía se ocupan de ese gran enfermo que es el sistema financiero, a nivel microscópico los individuos practican la automedicación. Y la primera de las terapias es, naturalmente, ajustarse el cinturón. La segunda, poner a prueba su imaginación.

En Gran Bretaña, se han multiplicado los freegans que, para denunciar el derroche, llenan sus alacenas y heladeras con alimentos recuperados de los contenedores de residuos de los supermercados. O los miembros de la corriente The Compact, que propone renunciar a comprar cualquier producto nuevo durante un año.

En Francia, la asociación Amap pone en contacto directo a consumidores y agricultores, y defiende una agricultura campesina, de estación, sana y ecológica.

Otro signo de los nuevos tiempos son los negocios hard discount , que durante mucho tiempo fueron considerados los supermercados de los pobres. Esos negocios, que venden productos de baja gama a precios un 30 y un 40% más baratos, ahora son frecuentados por todo tipo de clientela.

Creatividad

La crisis, sin embargo, no ha conseguido terminar con la dimensión lúdica presente en el espíritu de todo consumidor. "Es difícil transformar de un día para otro a un hedonista hiperconsumista en un monje abstinente. Para salvarse de la morosidad, la gente echa mano de la imaginación", afirma Lolivier.

En ese marco, la panoplia de la creatividad anticonsumo es infinita. La gente practica las compras agrupadas entre varios para obtener fuertes rebajas. El alquiler compartido de una vivienda es cada vez más popular entre jóvenes y gente de tercera edad. También el hecho de compartir el automóvil para ir a trabajar o hacer un viaje, o de intercambiar casas o departamentos en períodos de vacaciones. Y se imponen con fuerza el alquiler -en vez de la compra- de prendas de lujo, máquinas de coser o perforadoras, la utilización de transportes low-cost y de sitios de intercambio de billetes de tren, avión o autobús.

Todas esas prácticas son la demostración de un cambio profundo en la manera de pensar, "de descolonizar el persistente terreno del consumo a ultranza", precisa Paul Ariès, uno de los principales defensores del "decrecimiento".

"Es necesario aprender a vivir con menos. Es necesario recuperar en forma colectiva e individual el sentido de los límites", insiste.

Einstein afirmaba que cuando se tiene la cabeza en forma de martillo, se ven los problemas con forma de clavo. Como Ariès, muchos están convencidos de que esta crisis conseguirá demostrarle al hombre occidental que no nació sólo para consumir y que debe cambiar radicalmente su forma de pensar el mundo.

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