Euforia de los frentistas en las calles de Montevideo

La lluvia no impidió el festejo de una multitud
MONTEVIDEO (De nuestro corresponsal).- "¡El Frente! ¡Ya está!", se apresuró a exclamar el diputado Jorge Orrico cuando faltaban segundos para las 20.30, cuando se conocía la primera proyección de escrutinio que daba ganador a José Mujica. El legislador de Asamblea Uruguay, grupo de Danilo Astori, estaba frente a las pantallas de televisión de la sala de prensa de la base frentista, instalada en el hotel NH Columbia.

Segundos después, Orrico se abrazaba con su colega de bancada Carlos Varela y ahí se desató un festejo que fue creciendo en magnitud y en emoción. Y que se coronó con el mensaje del presidente electo bajo una marea de militantes frenteamplistas, bañados por una lluvia persistente.

Las avenidas de Montevideo, sobre todo en la rambla que bordea el río, se convirtieron en el escenario de los festejos, cuando decenas de miles de militantes frentistas, con banderas tricolores y uruguayas y a los bocinazos, comenzaron los festejos poco después del cierre de las urnas.

En medio del festejo, dos figuras históricas se abrían paso, con la emoción de la algarabía contagiosa. Hugo Villar integró la "primera fórmula" del Frente Amplio. Fue en 1971, cuando, al no tener chance a nivel nacional y querer dar sensación de victoria montevideana, hizo su campaña como parte del trío Seregni-Crottogini-Villar. Los dos primeros eran candidatos a presidente y vice, y el tercero, a intendente de la capital.

Se cruzaba anoche con el general Víctor Licandro, de los militares leales a Líber Seregni en aquellos duros años de ruptura institucional. Esos hombres tienen grabada en sus vidas la historia de la unidad de la izquierda.

El hotel se convirtió en un hervidero cuando llegó el presidente Tabaré Vázquez, junto con su esposa e hijos, a saludar a la fórmula triunfadora. Se hizo un espacio en el lobby para el abrazo esperado entre Vázquez y Mujica, que fue apretado, sentido y emocionado, entre dos líderes que tuvieron repetidos cruces en los últimos tiempos.

La intimidad del cuarto piso permitió un diálogo con calma, pero la presión popular bajo un aguacero demandaba a los triunfadores de la noche. Afuera, Astori y Mujica asignaban el triunfo al pueblo frentista y reclamaban respeto para los perdedores. Adentro, abrazos, lágrimas contenidas, voces afónicas de alivio por la victoria para otro quinquenio y de aliento para reforzar una unidad que estuvo en duda hace un año.

La rambla se pintó con los colores artiguistas que en 1971 tomó el Frente Amplio como propios. El Templo Inglés, frente a la Rambla Sur, quedó desbordado de militantes que buscaban refugio por la lluvia, pero no querían perderse las palabras de Mujica.

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