El Eto'o de River.

Many Essomba Alexandre, nueve potente y goleador como Samuel, es el primer camerunés en fichar en River. A los 17, ya deslumbra a sus compañeros de la Quinta.
Español?

-No, no.

-Do you speak English?

-Only a little. I speak French.

-Comment-tu t'appelles?

-Okey. Español, yo, poco.

Es imposible trasladar con fidelidad el comienzo de la conversación con Many Essomba Alexandre. Se mezclan como en Babel cuatro idiomas: el castellano, el inglés, el francés y, esencialmente, el lenguaje universal de señas. Menos mal que el entrevistado, generoso y piadoso de la pronunciación de nuestro bonjour, sugiere utilizar una suerte de espanfrench: "Yo soy River". Traducción: Many es el primer camerunés fichado en el club de Núñez, se presenta como delantero, tiene 17 años, forma parte del plantel de la Quinta y está a medio paso de su debut oficial (sería el otro sábado ante Los Andes). Many es también todo un personaje, que combina jean, buzo polar y ojotas en un día de 8°. Y es, por cierto, un soñador que arrastró a su mamá hasta este confín del mundo por el fútbol.

-¿Cómo llegaste?

-Avión (planea con una de sus manos).

-Claro, seguro. La pregunta es cómo se te ocurrió venir a River.

-Yo, hincha (se golpea el corazón). Y mi representante, hincha. De Camerún, vivió acá. Yo conocer jugadores River.

-¿Y de Boca? Ahí jugó tu compatriota Tchami.

-No, yo River. En River mucho jugador: Saviola, Higuaín, Gallardo... Ufff.

-¿Gallardo?

-Sí, sí. Amigo mío. Muñeco habla francés.

-¿El es tu ídolo? ¿De quién sos fanático?

-Ah, Samuel Eto'o. Ufff. Mejor todo mundo.

A todas las respuesta Many le agrega el IVA. Es un 21% de gestos de admiración, sorpresa, asombro. Así pasa sus días en una de las habitaciones de la pensión de River. Sus compañeros le van enseñando los secretos de una cultura muy diferente a la suya. "Los melli Funes Mori, amigos". "Hondureño Jaime Alas, amigo". Dos frases y dos impactos rectos a su pecho. Lo mismo hace cuando comenta sobre su programa de TV favorito: "Pasión de Sábado, mucho reggaeton. Ufff". Y sigue en esa línea en materia culinaria: "Acá, asado. Ufff".

Su primer nombre es musical. Podría prescindir de un apodo. Pero a Many, aparte del cariñoso Negro, lo bautizaron como Many-gol. "Yo hacer goles", se ríe. Es un punta zurdo pero maneja los dos perfiles. Tiene buena técnica, es vivo para pivotear y dispone de un físico que hace diferencias: 1,88 de altura y 77 kilos de fibras. Cuentan que en su primer partido amistoso con la camiseta de River la rompió. Hasta los rivales, de Estudiantes, lo fueron a felicitar. Ahora espera ansioso que la AFA lo autorice a entrar en el torneo. Many tiene un poco de frío y pide ingresarr al famoso hall del Monumental. Justo cuando se le pregunta su fecha de nacimiento, pasa un jugador de la Primera de River que se tienta. Pero la cara de Many acusa ese 10-10-1991. Es oriundo de Yaoundé, la capital de Camerún. Allí estudió hasta el cuarto año del Secundario. Pero el futbolista apareció en los suburbios de Mvog-Ada, donde siempre vivió con sus padres, dos hermanas y dos hermanos, a quienes quiere ir trayendo a la Argentina.

Black Panthers y Canon de Yaoundé fueron sus primeros equipos. El tercero es el que dirige Ricardo Valiño en la 5ª del club. "En Camerún, fútbol ser rápido. Acá mucha técnica. Ufff", compara y admite su devoción por el Chino Diego Ortega de su categoría. "En Camerún, gimnasio, no. Acá, sí", continúa. Y a pesar de las diferencias, a Many no le costó la adaptación. Llegó mientras los chicos de su edad se habían ido a jugar la Copa Chivas, y se quedó entrenando con la Cuarta. Pero enseguida los convenció de que estaba preparado para usar la camiseta de la banda roja.

Many baila hip hop y rap. Los técnicos lo definen como un profesional. Se cuida. Deslumbra a sus compañeros. Aprende todos los días una nueva palabra. Mata las horas libres en Internet y en la Play: "Con Barcelona. Ufff". Y sólo se arrima a la tele cuando escucha la movida tropical o sus compañeros sintonizan algún partido de fútbol. La ventana de la habitación de Many da hacia una cancha que había visto por la tele a más de 15.000 kilómetros de distancia. Ahora la observa de cerca. "¿Yo jugar ahí? -señala la parte de adentro del estadio-. Síiiiiiiiiii", se pregunta y se contesta. Y llega el saludo. A bientôt. "Chau, loco"

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