Un eterno sobreviviente

Por Mariano Martín.

Juan José Zanola, el líder sindical de los bancarios, lleva veintisiete años en su cargo. Sorteó varias causas judiciales e incluso otra intervención en los años noventa. Un amigo de todos los gobiernos.

Si muchos sindicalistas sobrevivieron en sus sillones a todos los gobiernos desde el retorno de la democracia, Juan José Zanola puede jactarse de manejar los destinos de La Bancaria ya durante la intervención dispuesta por la dictadura militar. Tampoco le resultará novedoso afrontar la intervención de la obra social del gremio (OSBA) a un hombre que ya lidió en la década pasada con una medida similar dispuesta por Carlos Menem, y de la que resurgió con las fuerzas renovadas.

Zanola cumplirá en octubre 75 años y luce alejado de cualquier hipótesis de retiro. De hecho, antes del estallido de la causa que investiga el juez Norberto Oyarbide, se encontraba abocado de lleno a las elecciones del gremio previstas para el 23 de septiembre. Su as en la manga para esos comicios era, hasta el escándalo de los medicamentos truchos, una fuerte alianza política con el matrimonio Kirchner, habitué de los actos organizados por La Bancaria tanto como Zanola es número puesto en los de la pareja presidencial.

Con apenas dieciséis años consiguió su primer trabajo –y único, como le gusta recordar– en el Banco de Italia, donde su facilidad para la oratoria y modales correctos le granjearon la confianza necesaria entre sus pares para elegirlo delegado, previo paso por el servicio militar. Zanola cobró visibilidad en 1959, durante una huelga que duró tres meses y medio y de la cual salió encarcelado.

El salto a la Primera División en el sindicato lo dio en los últimos meses de la dictadura, en 1982. Entonces se puso al frente de la negociación con el ministro de Trabajo, Héctor Villaveirán, para liderar la comisión normalizadora que derivó en la primera conducción formal del gremio tras la recuperación de la democracia. Otro as en la manga: Zanola, con su título de abogado, había compartido estudio jurídico con Villaveirán.

Desde entonces se mantuvo en forma inalterada al frente de un gremio que tiene en la actualidad más de 100 mil afiliados, pero que en la década pasada llegó a tener apenas 20 mil.

También se dio un gusto que comparte con varios dirigentes sindicales: liderar el club de fútbol de sus amores. Fue presidente de Huracán entre 1988 y 1991 y mantuvo a lo largo de los años una relación fluida con sectores internos del Globito. En mayo último, la comisión directiva de Huracán dio a conocer que Zanola "decidió aportar dinero para las divisiones inferiores". Durante los incidentes de ayer en la Policlínica Bancaria varios trabajadores dijeron haber sido agredidos por barrabravas del club.

Las causas judiciales golpearon una y otra vez su gestión, pero no alcanzaron para destronarlo ni para romper sus alianzas con los sucesivos gobiernos. Así salió indemne de una investigación llevada a cabo también por el juez Norberto Oyarbide, por el presunto desvío de un préstamo de 285 millones de dólares otorgado por el Banco Mundial para la reconversión de varias obras sociales, entre ellas OSBA.

También resistió el embate de varios trabajadores bancarios que intentaron frenar por vía judicial el aporte forzoso de sus salarios para el funcionamiento del gremio. Las denominadas "contribuciones solidarias", habituales en el ámbito gremial, representan el 1% de todos los empleados bancarios –incluso los no sindicalizados– y le suman a la organización unos 50 millones de pesos anuales, según los cálculos de la CTA.

A pesar de contar con esos ingresos la OSBA acumula un déficit crónico. Si bien Zanola figura como presidente de la obra social, la verdadera cabeza de la organización es su actual pareja, Paula Aballay. En los pasillos de la Policlínica Bancaria confirman que la última palabra sobre cada acto administrativo la tiene Aballay, que es secundada por Susana Fiona, la mujer que ayer debió salir del establecimiento protegida por policías para evitar la agresión de decenas de trabajadores y pacientes. Ambas comparten el manejo de la sociedad anónima Home Therapy, dedicada a prestaciones sanitarias.

Aballay hizo una carrera meteórica en la policlínica: pasó de enfermera a liderar a sus compañeras una vez que atendió en persona a Zanola. Y de ahí a liderar en los hechos la obra social hubo un solo paso. La crisis de la policlínica fue el principal desvelo del veterano dirigente. Al punto que en cada negociación salarial intentó incorporar cláusulas no escritas para garantizarse aportes extraordinarios de los bancos que le permitieran solventar el déficit.

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