El eterno retorno del desarrollismo

Los estrategas arturistas, en más de una oportunidad, se han referido al proyecto "desarrollista" del Gobierno provincial. Obviamente que no se referían a una afiliación masiva a un partido sobreviviente de mejores épocas, el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).
Pero sí había cierta alusión o inspiración en el fundador de ese partido y verdadero estadista que fue Arturo Frondizi, que en la segunda mitad del siglo XX intentó sumar a la Argentina a las naciones progresistas del Mundo. Localmente, esos pasos fueron imitados por Fernando Pirayine Niveyro.

Decíamos que lo intentó. Pero la poderosa reacción oligárquica que lamentablemente tuvo un peso decisivo desde el comienzo de la historia (y que de alguna manera persiste en la actualidad) le dijo no, como tantas veces, a una nueva posibilidad que la Argentina sea otra cosa distinta a lo que fue. Ya le había dicho no a Yrigoyen en 1930 y a Perón en 1955.

A Frondizi le tocó el turno de escuchar ese no el 29 de marzo de 1962 y fue llevado a la cárcel en la isla Martín García (era el Gulag de moda de la época, que ya había habitado Juan Domingo Perón), en ese deporte autodestructivo que el país ha practicado durante casi dos centurias para frustrar sus potencialidades nacionales.

VOLVER

Pero luego de la debacle neoliberal cuya semilla se plantó al promediar los ’70, vuelven aquellas viejas figuras de la política y del pensamiento nacional para instarnos a retomar una senda perdida para reencontrarnos con el mejor destino de la patria. Ayer, aquí en Corrientes, le tocó el turno de la reivindicación a Arturo Frondizi.

En lo profundo, con él vuelven al primer plano los ensayos del estructuralismo que tuvo su expresión en las ciencias económicas, en la teoría política y en la cultura, como se encargó de recordarlo ayer Axel Kicillof, uno de los expositores de la jornada de homenaje al líder desarrollista ya fallecido.

De algún modo, esta onda reivindicatoria sigue el mismo compás que en el plano internacional tienen los sones keynesianos y aun los marxistas, como si el eterno retorno nietzscheano viniera a decirnos que nunca es posible escribir del todo la última palabra.

La historia se repite. Sólo cabe esperar que no sea como una farsa, sino como esa página gloriosa que tanto esperamos desde el fondo del tiempo.

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