En la etapa de hacer todos los cambios

De acá a diciembre José Eseverri debe cambiar (o al menos debe decidir si cambia o no) de sector político, de estilo de Gobierno, de alianzas, de personalidad, de funcionarios y de presidente de Concejo Deliberante. Son seis cambios que, por ser tantos, implican una verdadera transmutación. Pero los días pasan y no define ninguno de los giros. Y las permanencias ya hacen mucho ruido.
En diciembre de 2007, cuando asumió como Intendente de Olavarría, José Eseverri giró de un volantazo la gestión de centroderecha y caudillesca de su padre, sostenida hasta donde le fue posible por Julio Alem, y emprendió un rumbo que tuvo dos etapas claras.

Uno se pareció a una apertura: día a día, comenzó a convocar a los sectores que habían estado enfrentados con su padre, Helios Eseverri, y los sumó al proyecto local. Era incluso un paso razonable: le quitó conflictividad a la gestión local.

Pero la otra definió alejamientos: poco a poco se pegó a los mismos sectores que se vinculaban con el Gobierno nacional, y empezó a desplazar a aquellos actores locales que formaban parte de alianza central del eseverrismo histórico.

Ese fenómeno fue leído, en clave de análisis sesudo, como "cambio de la base de sustentación electoral". Más claro: se creyó que José Eseverri abandonaba al votante que le pedía que fuera como su padre (un Eseverri conductor tozudo, concreto, autoritario, conocedor del ciudadano de a pie y hacedor) y empezaba a sumar a otros votantes nuevos, que reclamaban un cambio de estilo.

Si ése era el rumbo, el 28 de junio quedó en evidencia su fracaso. José Eseverri quedó asociado a un kirchnerismo en declive, y al mismo tiempo entendió que la gente, cuando vota, quiere poner en el Municipio a un hombre que le solucione los problemas cotidianos, con el que pueda hablar sobre cómo hacer cosas concretas.

El 28 de junio, además, tampoco perdió contra un rival indiscutido a Intendente en 2011. Ernesto Cladera capitalizó un voto de descontento, pero que deberá retener con mucho esfuerzo en la carrera hacia el Ejecutivo. El rival interno de José, Julio Alem, tiene mucho más carisma y entrada en el electorado de Don Helios, pero no tiene estructura. El resto de los rivales potenciales, Julián Abad y Miguel Santillán, aún deben mostrarse en la cancha. Mario Cura dice que quiere ser Intendente, pero probablemente esté entrando en el juego de pedir abajo para obtener (una diputación) arriba.

Aún así, José Eseverri sigue siendo el Intendente y solamente con eso está en carrera para seguir siéndolo: un Intendente es siempre un candidato a Intendente.

Pero el 28 de junio quedó en claro que Eseverri no llegará en condiciones a esa contienda si en breve no define los siguientes cambios:

1. De personalidad. La distancia involuntaria que pone con la gente es la contracara exacta de lo que le exigen: previsibilidad y convicción. Como la mayor parte de los actores institucionales no tiene con José un trato frecuente, y a veces son atendidos apenas por su secretario personal o, con suerte, por el jefe de Gabinete Héctor Vitale, muchos no saben exactamente qué piensa y qué siente. Su política de comunicación casi exclusivamente mediática tampoco ayuda.

2. De estilo de Gobierno. La gestión estructural, la de los números, tiene pocos problemas serios. Pero falla en cualquier tema donde deba generar entusiasmo humano, sobre todo en los grupos que no le responden políticamente o que no son rentados por el Municipio. El Intendente, más que como un jefe político del pueblo, actúa y se muestra como un Supersecretario de Hacienda. De hecho, ese cargo está vacante.

3. De funcionarios. El Municipio local debe haber sido uno de los pocos donde se perdió por casi 10 puntos la elección local y ningún funcionario de Gabinete puso la renuncia a disposición del Intendente. Ni siquiera la más obcecada de las gestiones derrotadas, la de Cristina Kirchner, ignoró el mensaje de las urnas de esa manera. El eseverrismo, como se verá, sospecha que debe recambiar figuras.

4. De sector político. Si las críticas al kirchnerismo podían hasta la fecha ser cuestionadas por opositoras, esta semana hubo un hecho lapidario: el Papa encendió la alarma sobre la situación de pobreza en la Argentina. Ni siquiera Néstor Kirchner pudo contradecirlo.

5. De presidente de Concejo (y de concejales). Julio Alem está en la vereda de enfrente, cada vez más. Si José no cambia al menos tres o cuatro de los puntos que marca esta columna, lo estará todavía más. Entre los concejales oficialistas que asumen no hay ninguno que pueda comandar el deliberativo como Alem. Por eso la hipótesis del regreso de José "Pepe" Valenza, desde el Ioma a su banca y de allí a la presidencia, es muy verosímil.

6. De alianzas. Si sale del kirchnerismo activo (un lugar que ni siquiera le sirvió para evitar que el principal gremio kirchnerista del país, los camioneros de Hugo Moyano, le paralizaran las canteras y la obra publica 10 días) deberá buscar otras alianzas locales rápidamente. Estos días mostraron, como se verá, que sectores afines en épocas recientes también lo confrontan.

De todos los eventos de la última semana, los que chocan con la cuestión social son los que mejor prefiguran el estado de cosas en la política, tal como adelantó la semana pasada esta columna.

Y en todos ellos, la reunión del Consejo Económico y Social (martes a las 19:00, 70 personas de todos los sectores, Salón Azul) fue el ámbito que mostró cómo varían los posicionamientos. Tal como ya se había adelantado, CTA-Suteba mostró las diferencias con el Municipio que ya tienen diversos sectores institucionales en el Consejo del Menor: "no hemos tenido el aporte de las asistentes sociales ni de la línea telefónica que marcaba la Ley (de Protección de los Derechos de la Niñez)", dijo claramente María Elisa Risé en el debate.

La Federación Tierra y Vivienda pidió volver a la construcción de viviendas por cooperativas. La Multisectorial pidió más acción, y uno de los miembros hasta instó a la polémica: "lo que están mencionando es apenas una aspirina para el problema que hay en los barrios", dijo ante las propuestas que mencionaban los funcionarios.

Pero si bien entidades ubicadas a la derecha y a la izquierda del espectro ideológico le están reclamando al eseverrismo acciones concretas (lo cual muestra que el tejido de nuevas alianzas locales todavía está muy verde), dos gestos del oficialismo en ese encuentro fueron determinantes hacia el rumbo futuro.

En primer lugar, la cabeza explicativa de las reuniones barriales que llevó a cabo el oficialismo fue el (desconocido para muchos) subsecretario de Desarrollo Social, Cristian Delpiani. Es decir, el número dos de Patricia Seijo, la secretaria del área.

Y el otro indicador fue más bien sutil, pero este cronista estuvo a dos metros de ese evento: en la reunión, Seijo habló dos veces. Pero otras tres pidió la palabra y el jefe de Gabinete, Héctor Vitale, no se la dio. O directamente le pasó el micrófono a Delpiani.

La probable caída de las 1.000 viviendas es otro de los indicadores que le marcan al eseverrismo la inconveniencia de seguir pegado al Gobierno nacional. De todos modos, la construcción de otro posicionamiento político, en lo local y en lo nacional, es trabajoso para cualquiera. Más aún para una gestión que no logra sobreponerse anímicamente al resultado electoral, que ya va para el mes y medio largo.

Lo local es permanente y laborioso, extremadamente delicado en los equilibrios gestuales.

Es cierto que la mayor parte de las instituciones y sectores locales se arrimarían de buen grado a cualquier gestor del Palacio San Martín que les aporte en efectivo o en cheques a los proyectos para los cuales trabajan, pero no es menos verdadero que recelarán de un Intendente con el que les cuesta hablar sin audiencia previa, o que llega media hora tarde a un acto donde lo espera un jardín de infantes completo, como pasó en la plantación de fresnos de Pueblo Nuevo. La plata municipal es importante para consolidar alianzas vecinales, pero hay códigos que la superan en certidumbre para las partes.

Lo nacional es un aquelarre y la verdad es que el eseverrismo (en tanto logre amarrar sus propios cabos sueltos para no desarmarse en el camino) puede salir casi para cualquier parte: ¿es cierta la versión que animan desde Unión-Pro y que indica que el propio José Eseverri pidió que no le cierren la puerta de ese espacio a futuro? Nada dice que allí recaiga, pero tampoco lo contrario.

Antes de fin de año dos de los puntos pendientes de la transmutación (funcionarios del Gabinete, presidencia del Concejo) deben estar resueltos. Tal vez haya otros, pero en todos los casos para el eseverrismo el modo en que los solucione tiene casi el tenor de un riesgo quirúrgico.

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