Estudiantes: La mística copera apareció con el cabezazo de Calderón

Argentinos fue superior pero le faltó profundidad. La primera final ante Inter será el miércoles.Por: Julio chiappetta
Lo ganó con una pelota parada. Lo ganó porque su gente contagió desde afuera. Porque sus jugadores, sintieron, tal vez, ese cosquilleo, ese pedazo de historia internacional que les tocó el timbre. Estudiantes, su mística, el estilo, lo puso otra vez en una final. En esta Copa Sudamericana. Sin brillo, quizás sin ese fútbol esperado frente a un Argentinos con méritos suficientes para comprar el boleto. Pero se quedó en la puerta, juntando las monedas. Esa autoridad para salir a jugarlo no fue suficiente. Entonces, en La Plata se sacó un lápiz y un papel para comenzar a escribir una nueva página en el libro de oro.

De entrada, el equipo de Néstor Gorosito supo encontrar los atajos para ir hasta el arco de Mariano Andújar. Con control de pelota, con presencia en Juan Mercier y Néstor Ortigoza, con esa apuesta por ubicar a Sergio Escudero en la línea de volantes, Argentinos siempre se mostró seguro de su lectura. Incluso, a los cuatro minutos, pudo dar con ese gol ansiado -indispensable para seguir en pie- luego de una jugada de Gabriel Hauche que Nicolás Pavlovich definió de zurda, el balón rozó en Juan Manuel Díaz y el arquero se estiró para cachetear por arriba, con la punta de los dedos.

Sin la claridad de Sebastián Verón y Leandro Benítez para conducir los destinos de la pelota, a Estudiantes se le oscureció el panorama. Desconectados sus atacantes, sin circuito de juego, a los de Leonardo Astrada les costó acomodarse en la cancha. Además, esa salida que siempre tiene por la derecha con Diego Galván fue anulada por la aparición de Escudero. Entonces, todo quedó reducido a la capacidad individual de un equipo que cuenta, en algunos futbolistas, con ese potencial. Y, claro, fue Verón el que inició desde la mirad de la cancha, balón al piso, una carrera hacia la izquierda en la que eludió a dos jugadores, la pinchó para el medio y luego de la respuesta de Sebastián Torrico, justamente Galván lo perdió de frente al arco. Sólo, su remate con la zurda salió por encima del travesaño.

En la movilidad de sus puntas, en la inteligente estrategia de ocupar los espacios, Argentinos hizo una diferencia. Una distancia intelectual que no pudo cristalizar en la red. Sin embargo, con la poca luz que iluminó a Estudiantes, el conjunto de La Plata pudo ir por el plan canje. En el primer córner, en una misma jugada, lo tuvo Verón, luego Cellay (en ambos casos la pelota rebotó en defensores) y en tercera instancia el remate de Mauro Boselli fue tapado por Sebastián Torrico. Al córner. Y de ese centro de Benítez, asomó la cabeza del viejo zorro del gol, de ese que un minuto antes había ingresado a esta semifinal de la Copa. José Luis Calderón hizo sencillo eso que para otros es tan complicado. Ganó en el salto sobre Ignacio Canuto y Andrés Scotti. Adentro. 1 a 0. El golpe lo sintió Argentinos, se animó Estudiantes, lo empujó esa gente que fue determinante para despertarlo de la siesta, por momentos incómoda, en la noche de La Plata.

Con el ingreso de Andrés Romero por Carlos Recalde, el entrenador de Argentinos intentó ir por ese gol. Ir un poco más. Lo pudo igualar Hauche, pero Andújar se quedó con su remate. Lo tuvo para el empate Romero, pero Cellay se la jugó y fue al piso. Hasta el final, y pese a la expulsión de Franco Quiroga, Argentinos decidió irse de la Copa con una actitud definida. Roja a Braña, último centro aunque inútil. Estudiantes peina canas en esta historia. Y sigue.

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