Estudiantes dio cátedra y es el único dueño de la punta

Boca sigue sin rumbo y sufrió su cuarta derrota consecutiva.
Estudiantes no miente. Juega como lo que es. Como campeón de América y como líder desde ayer exclusivo del torneo local. Resulta placentero observar en acción a Verón y compañía. Se trata de un equipo de verdad. Es demasiado Estudiantes para la mayoría de sus rivales de este fútbol argentino, pero en especial para este Boca. Ese concepto global, instalado antes del partido, se reforzó al final, con la historia ya consumada. Eso sí, al resultado le faltó la sinceridad de Estudiantes. Más que mentiroso el 2-1. Es que jugando Estudiantes le dio a Boca una paliza individual y colectiva.

Supo Estudiantes aprovecharse de Boca. Y si no goleó fue porque le faltó contundencia. Como si extrañara a Boselli, el goleador ausente por una cláusula contractual. Encima, Salgueiro se mostró impreciso casi siempre en el último toque de cada jugada. Es verdad: Calderón otra vez demostró ser un especialista del gol que se potencia con Boca. Pero igual no es lo mismo. Uno, Boselli, disfruta un pico súper elevado de su carrera. Y otro, Calderón, ya fijó su retiro para diciembre.

Hubo una superioridad total de Estudiantes, asombrosa en este nivel y entre dos equipos con tanto peso. En cada pelota se observaban las dos realidades.

Cuando la tenía Estudiantes, sus jugadores recibían con comodidad, contaban con diversas opciones para descargar, siempre más de uno se mostraba para recibir, se adivinaban sociedades por la derecha (Clemente Rodríguez - Enzo Pérez) y por la izquierda (Juan Manuel Díaz - Leandro Benítez). Había movilidad en los de arriba. Boca ayudaba con su apatía.

En cambio, cuando la redonda estaba en los pies de Boca, sus futbolistas eran el paradigma de un equipo envuelto por las sombras, los temores, los desconciertos y las desconfianzas. El que la recibía, miraba y no sabía a quién pasársela. Trataba de desprenderse bien rápido de ella, como para sacarse un compromiso de encima. Y los receptores no existían porque se escondían. Algunos, como Paletta, se desesperaban por reventarla a la tribuna. Estudiantes colaboraba con su intensidad, presionando siempre con dos o tres hombres.

En ese contexto, pasó lo lógico. Estudiantes presionó y rodeó a Boca de entrada. Rompió el 0 a 0 con una pelota parada, esa fórmula que Estudiantes exprime a la perfección, esa faceta del juego que para Boca ya es un karma. Es que hubo tantos méritos de Estudiantes en el gol del 1-0 como responsabilidades de Boca. Primero, Ibarra cometió una falta sin necesidad ante un Leandro Benítez lejos y de espalda al área, y pegado a la raya del lateral. Después, es real que fue exacto el centro de Benítez, como de costumbre, y que Calderón también fue astuto y preciso, como suele serlo. Pero al mismo tiempo Abbondanzieri se quedó clavado y Monzón se dejó ganar la posición como si fuese un espectador.

No hay caso con Boca. Por las lesiones de Morel, Riquelme y Noir, esta vez Basile dibujó un 4-4-1-1 que tampoco le dio resultado. No logró equilibrio atrás y casi no tuvo profundidad. Recién llegó en serio a los 34 del primer tiempo, tal vez en el único acierto de Ibarra: una proyección con centro atrás que despejó Desábato. Con cero circuito ofensivo, al gol Boca podía llegar como llegó: vía pelotazo. Sacó largo Abbondanzieri, despejó mal Desábato y Palermo, de aire, la ubicó contra un palo.

No duró nada el 1-1. Enseguida, Enzo Pérez, el destacado del partido, la mandó adentro y puso todo en su lugar. Estudiantes, a gozar. Boca, a sufrir y a pedir piedad.

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