La estrella en un encuentro opaco

Por Andrés Oppenheimer

PUERTO ESPAÑA, Trinidad y Tobago.- El presidente Barack Obama se lució en su primera reunión conjunta con líderes de América latina y el Caribe, pero la Cumbre de las Américas terminó sin acuerdos trascendentales y su declaración final fue una broma.

A diferencia de recientes cumbres continentales, donde el líder narcisista-leninista venezolano Hugo Chávez se robó la atención, Obama fue la estrella indisputada esta vez. Quizá previendo que quedaría aislado si criticaba al popular presidente estadounidense -una encuesta de Iberobarómetro dada a conocer el fin de semana muestra que Obama es el líder más popular en América latina-, Chávez bajó de tono su retórica antiestadounidense y mantuvo una presencia menos protagónica.

Obama se ganó el aplauso unánime de los líderes del continente por su disposición a escuchar y extenderles la mano a los críticos de Estados Unidos. Cuando el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, pronunció un discurso de 50 minutos en el que culpó a Washington, de modo virtual, por todos los males de la región en los últimos dos siglos, Obama se limitó a escuchar estoicamente, tomando notas de manera ocasional. Cuando los periodistas le pedimos su reacción, Obama sólo dijo: "Duró 50 minutos´´.

Cuando Chávez le regaló un ejemplar en español de Las venas abiertas de América latina , del autor uruguayo Eduardo Galeano, una visión infantil de la historia latinoamericana según la cual la pobreza de la región se debe al imperialismo norteamericano, Obama aceptó el ejemplar con una sonrisa.

Cuando los periodistas le preguntaron posteriormente qué pensaba del regalo de Chávez, Obama sonrió y dijo: "Fue un gesto amable. Me gusta leer´´. Fue una respuesta gentil, considerando que el gesto de Chávez fue el equivalente a regalar Mi lucha , de Adolf Hitler, al presidente de Israel.

En vez de trabarse en debates violentos con presidentes populistas radicales, Obama exhortó a sus colegas a dejar atrás las diferencias históricas entre el Norte y el Sur. "No vine a debatir el pasado. Vine a hablar sobre el futuro", les dijo, al comienzo de la cumbre.

La respuesta fue casi unánimemente positiva. El canciller chileno, Mariano Fernández, me dijo: "Escuchó todo con una paciencia extraordinaria. Fue enormemente elegante en lo intelectual".

El ministro de Relaciones Exteriores argentino, Jorge Taiana, me dijo: "Obama expresa otra forma de relacionarse con la región, más sensible al reclamo de un diálogo igualitario". Sin embargo, en entrevistas con varios presidentes y sus principales asistentes, noté cierta preocupación de que la agenda de Obama pronto se volcará a otras partes del mundo y que la Casa Blanca seguiría prestando poca atención a la región.

A diferencia de las cumbres de Estados Unidos con los líderes de la cuenca del Pacífico, que se celebran anualmente y que obligan a la Casa Blanca a darles seguimiento constante a los acuerdos, la Cumbre de las Américas se celebra cada tres o cuatro años. Es posible que la Casa Blanca de Obama no se vuelva a concentrar en la región hasta entonces, señalaron. Además, Obama todavía no ha cumplido su promesa de campaña de nombrar un enviado especial a las Américas, un cargo eliminado por el ex presidente George W. Bush, agregaron algunos.

La declaración final de Trinidad y Tobago, de 97 artículos, es tan ridículamente larga y llena de contradicciones y acuerdos anodinos -"estamos decididos a intensificar nuestra batalla contra la pobreza", dice un artículo típico- que no encontré ningún alto funcionario que la tomase muy en serio.

Al final, después de que Chávez amenazó con no firmar el capítulo económico de la declaración y otros países decidieron que no valía la pena batallar por el documento, los presidentes cancelaron la ceremonia colectiva en que se iba a firmar el documento. Para salvar la cara, el primer ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning, en su calidad de anfitrión de la cumbre, la firmó en nombre de todos.

Mi opinión: me preocupa que, mientras la Unión Europea y los países asiáticos están ampliando sus respectivos bloques de integración económica, en esta parte del mundo no hay nada de eso.

Para poner las cosas en perspectiva, cuando el entonces presidente Bill Clinton convocó a la primera Cumbre de las Américas en Miami en 1994, la reunión generó un acuerdo continental para crear una zona de libre comercio de las Américas. Cuatro cumbres después, el plan respaldado por Estados Unidos para una zona de libre comercio desde Alaska hasta la Patagonia está muerto, y no ha sido reemplazado por ninguna otra iniciativa.

Todo lo que tenemos es un nuevo presidente estadounidense que ha caído muy bien en América latina. Eso puede ser buenísimo si lleva a acuerdos regionales más ambiciosos en el futuro o insignificante si no lo hace.

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