La estrategia de los testimoniales, a prueba.

Por A. Fidanza.

Fue la apuesta de Néstor Kirchner para disciplinar a la tropa peronista. 47 intendentes en las listas bonaerenses. Andrés Fidanza.

Se utilizaron en elecciones anteriores, pero de forma aislada y nunca como estrategia orgánica de un partido. Las "candidaturas testimoniales" fueron, en ese sentido, una novedad kirchnerista de estas elecciones legislativas. Leídas por los analistas políticos como una señal de debilidad política del Gobierno, "las testimoniales", sin embargo, le darán buenos resultados al kirchnerismo, según presumen los encuestadores.

El procedimiento es sencillo: postularse para un cargo legislativo sin intenciones reales de asumir. El único objetivo de la candidatura es aportar el capital político de un apellido que "tracciona votos", según el argot de los encuestadores. Apellidos como el de Scioli, Massa o, por qué no, el del propio Kirchner.

Los intendentes del gran Buenos Aires, los 47 que aprobaron la estrategia, encarnan el prototipo perfecto de candidato testimonial. A concejal, en el caso de los intendentes: Mario Ishii (José C. Paz); Darío Díaz Pérez (Lanús); Raúl Othacehé (Merlo), y Osvaldo Amieiro (San Fernando), entre los más destacados, prestarán sus apellidos a las boletas del kirchnerismo.

A nivel nacional, los testimoniales casi confirmados son: el gobernador Daniel Scioli, segundo en la lista de diputados del kirchnerismo bonaerense, y Sergio Massa, jefe de ministros y cuarto en la boleta. Desde hace casi dos meses, ambos hacen malabares para no confirmar ante la prensa lo que, casi, ya es una certeza pública: que no asumirán sus bancas.

La situación de Néstor Kirchner, cabeza de lista en provincia de Buenos Aires, no está tan clara: en un principio, se suponía "testimonial"; por estos días, Kirchner jura que irá al Congreso, que será uno más entre los 257 diputados nacionales. Habrá que creerle.

¿Estrategia poco ética, ilegal? Ambas cosas para los dirigentes del Acuerdo Cívico y Social que, comandados por el constitucionalista y candidato Ricardo Gil Lavedra, dieron la pelea en los medios y ante la justicia. Fracasaron, al menos, en el plano legal: la Cámara Nacional Electoral, en fallo dividido de dos contra uno, avaló las "testimoniales" en base a que la Justicia no puede juzgar sobre intenciones futuras.

La inclusión de los intendentes como "candidatos testimoniales", sobre todo los del conurbano, tuvo una segunda intención por parte del kirchnerismo, vinculada con la tradicional volatilidad ideológica de los caciques comunales. Apuntó a evitar que, a través de distintas listas colectoras, jugaran algún apoyo al peronismo disidente, liderado por Francisco de Narváez. Poner el cuerpo, el apellido más bien, es una forma de garantizar lealtad al movimiento, K, en esta oportunidad.

El recurso, de paso, les redituará en votos a los Kirchner. El encuestador Ricardo Rouvier explicó a este diario que la de las "testimoniales" fue "una jugada eficaz. Los intendentes tienen gran popularidad en los municipios y le sumarán valiosos votos al Gobierno".

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