YPF y la estrategia del pozo seco

El día que comenzó la era K, YPF tenía en el país 130,3 millones de m3 de petróleo y 156.608 millones de m3 de gas como reservas. Hoy quedan 85,5 millones de m3 de petróleo y 79.656 millones de m3 de gas. Nadie quiere invertir.

Cuarenta y cinco kilómetros mar adentro el viento es implacable. La Presidenta se protege con sobretodo, guantes de cuero y gorro de lana. En la plataforma de exploración petrolera, y al abrigo de la moda, Cristina Fernández de Kirchner infla su discurso con orgullo patriótico: “Hoy reconstruimos la autoestima de los argentinos, esa que habíamos perdido”. A su lado está el banquero Enrique Eskenazi, accionista de YPF desde hace menos de un año. Ese día, 6 de octubre de 2008, juntos anunciaron una inversión de 100 millones de dólares para buscar petróleo en alta mar. Detrás de esa fotografía de prosperidad kirchnerista obtenida hace unas semanas atrás se esconde una realidad irremediable: en los últimos cinco años, las reservas comprobadas de crudo y gas de YPF se redujeron casi a la mitad y si se mantiene el nivel de producción actual, el petróleo de la empresa de energía más grande del país se agotará en cuatro años.

El proceso de vaciamiento de la ex YPF no es nuevo. Comenzó con su privatización en 1992. Pero en el último lustro el mecanismo se intensificó al amparo de un Gobierno que encontró en la sangría negra un atajo para financiar las cuentas públicas.

El día que Néstor Kirchner entró como presidente a la Casa Rosada, y según datos de la Secretaría de Energía de la Nación, el suelo de la República albergaba 130,3 millones de metros cúbicos de petróleo de YPF y 156.608 millones de metros cúbicos de gas. Cuando le dejó el despacho a su mujer, a fin del año pasado, las reservas comprobadas de crudo de YPF se habían reducido a 85,5 millones de m3 y las de gas a 79.656 millones de m3. El enroque matrimonial no alteró la estrategia del pozo seco.

En la Argentina operan 48 empresas petroleras que producen un promedio de 51.300 millones de m3 de gas y 37,4 millones de m3 de crudo por año. Sólo YPF aporta un tercio de esa producción. Por ahora.

El 24 de abril pasado, en medio de la guerra gaucha, el día que Martín Lousteau renunció como ministro de Economía, YPF realizó su asamblea anual. Advertido de la estrepitosa caída de las reservas, uno de los accionistas increpó al presidente de la compañía, Antonio Brufau. Se sabe: el capital de una petrolera es esencialmente el petróleo del cual dispone. “¿Cuáles son las razones de la baja del 52% en las reservas comprobadas de petróleo?”, escuchó el catalán desde la tribuna. Según quedó registrado en el acta de aquella reunión, Brufau admitió el problema y aventuró una explicación. “Evidentemente, las reservas, desde el año 2003 hasta hoy, han caído en una forma sustancial. ¿Qué razones hay? La primera es la genérica, es decir, el país es un país maduro y evidentemente en un país maduro la recuperación de la reserva es francamente compleja”, comenzó a explicar el ejecutivo. “Si usted compara la tasa de recuperación del petróleo argentino con la tasa de recuperación que tiene un país como Estados Unidos, verá que hay una diferencia como mínimo de 10 puntos. Allí ya llevan mucho tiempo, en lenguaje coloquial, exprimiendo el limón. ¿Por qué? Porque son capaces de tener un entorno de precios, y no cuestiono el entorno de precios interior, sino que simplemente me pongo a los hechos”, avanzó Brufau.

El accionista volvió a la carga:

–En este momento YPF tiene menos de cuatro años de reservas, o sea, si sigue así, se va a transformar en una empresa refinadora.

El catalán perdió la paciencia y cerró el debate:

–Mire: ojalá nosotros tuviésemos 40 años de reservas. Tenemos lo que tenemos y lo que estamos haciendo es intentar, como le he dicho antes, incorporar reservas.

Ácido, el limón. No lo dicen en voz alta. Sólo a puertas cerradas: las empresas petroleras, y en especial YPF, limitan sus inversiones en el país por la escasa rentabilidad de la plaza. Durante el reciente reinado del oro negro, que en los últimos meses se mantuvo en los niveles más altos de su historia con un récord de 147 dólares el barril, las empresas radicadas en la Argentina debieron afrontar un nivel de derechos a la exportación de hidrocarburos también histórico. Con la intención de contener los precios internos de los combustibles, el Gobierno retuvo todo el excedente entre el precio de venta al mercado internacional y un barril de referencia de 60,9 dólares. Es decir que el 11 de julio, cuando el crudo cotizó al nivel más elevado, el Estado retuvo 86,1 dólares por cada barril exportado.

“Y si hoy cambia la legislación, no hay confianza de que vaya a ser reemplazada por una política de largo plazo. Un mercado que no genera confianza pierde su estatus de mercado”, afirma un empresario del sector que pide mantener su nombre –y el de su empresa– en reserva.

El accionista de la asamblea de abril retomó su avanzada sobre Brufau:

–Señor presidente, le hago una segunda pregunta. Esta baja en las reservas, ¿no hace peligrar las concesiones de exploración y producción?

–Nosotros explotamos racionalmente la concesión. Además usted sabe muy bien que nosotros tenemos una relación muy estrecha con todos los gobiernos provinciales. Ellos saben lo que estamos haciendo, ellos saben de qué forma estamos trabajando.

Seco, el limón. Los gobiernos provinciales y el nacional sabían muy bien lo que la petrolera estaba haciendo. Y la dejaron hacer. Es más, necesitaban que lo hiciera. El motivo: la caja. Gracias a los derechos a la exportación de hidrocarburos, el fisco recaudó entre enero de 2004 y septiembre de 2008 unos 20 mil millones de pesos, de los cuales YPF aportó más de 7 mil millones. Ese monto duplica al presupuesto que el Estado destinó al Poder Legislativo en todos esos años.

En diciembre del año pasado, la Secretaría de Energía dejó de publicar las estadísticas sobre las reservas de petróleo y gas. Aún informa –con limitaciones– las ventas al exterior: de los 2.900 millones de dólares en hidrocarburos que se exportaron hasta septiembre, YPF aportó la mitad. En los cuatro años anteriores, las ventas de la ex petrolera estatal representaban entre un 30 y un máximo del 37 por ciento de las exportaciones.

La estrategia de vaciamiento se mantuvo este año en el business plan corporativo y en el programa de gobierno. De acuerdo con datos que el directorio de Repsol-YPF les informó a sus accionistas al inicio del verano boreal, el limón volvió a pasar por el exprimidor. De los 927 mil barriles diarios de hidrocarburos que produjo la multinacional durante el primer semestre de 2008 entre todas sus filiales, el subsuelo argentino aportó 612 mil barriles por día. Es decir que el 65 por ciento del crudo y del gas que extrajo Repsol-YPF entre enero y junio es criollo. Pero las inversiones del grupo no se distribuyeron de la misma manera. La compañía reinvirtió 2.036 millones de euros en el semestre para exploración y producción. Pero poco más de una cuarta parte (566 millones de euros) tuvo como destino a la Argentina. En ese mismo período el resultado semestral de la explotación de la sucursal local fue de 735 millones de euros, un 17,8 por ciento más que el año anterior. En cambio, las inversiones se redujeron un 4,1 por ciento en la comparación interanual.

Repsol-YPF utilizó la renta que obtuvo con el petróleo y el gas argentino para financiar la expansión de la empresa en otras latitudes. “La inversión en desarrollo representó el 49% del total y se realizaron principalmente en Golfo de México y Trinidad y Tobago”, informó la compañía a sus accionistas.

Esta semana, el Senado sancionó el Presupuesto para 2009. El texto, pensado antes de la crisis financiera mundial, prevé que los commodities (incluyendo los agropecuarios) le aportarían al fisco más de 47 mil millones de pesos, el doble de lo que habían estimado para este año. El derrumbe de los precios internacionales hundió a las previsiones oficiales, pero el Ejecutivo se negó a rever las proyecciones presupuestarias. Y si pretende mantener el mismo nivel de ingresos por los derechos a la exportación de hidrocarburos, el limón, ya seco, tendrá que aportar su última gota: a ese ritmo, las reservas de YPF durarán hasta mediados de 2010. Será la sequía del Bicentenario.

El proceso de “reargentinización” de la petrolera

En junio de 2006, el directorio de Repsol-YPF anunció que el grupo comenzaría a “reducir su exposición en la Argentina”. Inicialmente había previsto una colocación del 25 por ciento del capital de la subsidiaria local en la Bolsa porteña. La operación se frustró por recomendación de las calificadoras de riesgo. El gobierno de Néstor Kirchner insistió para que los españoles buscaran captar socios argentinos. El santacruceño necesitaba revertir el desinterés empresario: la abrupta evaporación de las reservas de petróleo y gas hacía cada vez más inviable la ecuación de crecimiento económico con superávit fiscal e inflación contenida. Enrique Eskenazi, dueño del Banco de Santa Cruz, terminó adquiriendo el 14,9 por ciento de las acciones con una opción de compra que le permitirá llegar hasta el 25 por ciento de la compañía. Prácticamente no desembolsó un solo euro: pagará su porción con futuros dividendos de la compañía.

–¿Por qué aceptaron los españoles esa ecuación?

–Nadie va a negar en este Gobierno que se amenazó con aplicar la Ley de Hidrocarburos –responde un alto funcionario K, muy cercano a aquellas negociaciones.

El artículo 31 de la Ley de Hidrocarburos establece que los concesionarios están obligados explotar “racionalmente” sus áreas y a realizar las inversiones que aseguren la “máxima producción de hidrocarburos compatible con la explotación adecuada y económica del yacimiento”. Una adecuada interpretación de la “racionalidad” y la “conveniencia” podían conjugar en la rescisión del contrato de concesión.

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