Estrategia que no funcionó

Por: Ricardo Kirschbaum

El oficialismo ha unificado su voz para denunciar intentos "desestabilizadores". Comenzó por la Presidenta, siguió por los habituales voceros oficialistas, incluidos piqueteros del mundo K, y alcanzó hasta la CGT de Moyano. La central obrera ha llamado a una marcha para el viernes 20 de apoyo a Cristina y para denunciar a los "desestabilizadores", entre los que ubican a los grupos mediáticos.

Toda esta puesta en escena es para disimular la fuerte derrota que ayer ha sufrido la estrategia oficial de quebrar a los delegados del subte que piden una organización sindical propia. Piden lo que ya le otorgaron velozmente a uno de los hijos de Moyano, un sindicato de peajes.

¿Por qué este distinto rasero para otorgarle a unos y negarles a otros?

Estos dirigentes del subte son de izquierda: provienen de las fracciones duras del trotskismo y también del peronismo. Y enfrentan a la UTA, sostén del aliado de Kirchner, Hugo Moyano.

El conflicto provoca serio malestar a los pasajeros que reclaman de viva voz que los servicios se normalicen. El Gobierno sabe que ésta es una huelga con alto poder de erosión e intentó terminar con ella. Pero ni el forzamiento de la ley –declarando esencial el servicio– ni la presencia de la Policía pudo hacer andar los trenes.

El desafío por izquierda ha sorprendido al kirchnerismo. No encuentra fórmulas para desactivar la protesta –ya le sucedió con Kraft– y el conflicto deja prueba de las presiones de Moyano sobre el matrimonio Kirchner y las necesidades políticas de éstos para contenerlo.

Peor aún: la CTA está en un dilema y debe definir qué hará frente al Gobierno, mientras se denuncian presiones oficiales sobre la empresa para despedir a los delegados.

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