Ojo con estos pibes

Mostrando actitud y juego, Argentina levantó un partido chivo y sumó el primer poroto.
Seis semanas es un tiempo como para enamorarse de la chica más linda aunque uno todavía no sepa bien qué gusto de helado prefiere o no conozca sus sitios más dulces. Esta purretada que maneja Javier Weber tiene esa escasa vida como equipo que evoluciona en cada juego y ya da señales de que, si le dejan tiempo, puede ser cosa seria.

Un grupo al que le dolió en el alma perder en el debut un partido decidido por la mínima y que rumió esa derrota para hacerse más fuerte y no tropezar dos veces con la misma piedra. La revancha ante los surcoreanos tuvo las mismas dosis de ciclotimia y coraje, con alzas y bajas como una jornada loca en Wall Street. Pero a la hora señalada en el Suwon Sport Complex hubo juego y actitud para cerrar un 3-2 (21-25, 25-21, 19-25, 25-20 y 15-12) y empezar a potenciar los sueños en la Liga.

El partido había largado como si para los surcoreanos no hubieran pasado 24 horas. Moon, ídolo local, seguía liderando el ataque y, en defensa, parecía prohibido que se les cayera la bola. Weber hizo cirugía mayor y cambió armador y opuesto (out De Cecco y Scholtis, in Uriarte y Chávez) y, si bien el parcial no se pudo salvar, se recuperó el rumbo.

El pibe Uriarte le encontró la vuelta al juego y la bola empezó a llegar a los atacantes en tiempo y forma. El bloqueo atendió a varios (12 tantos en toda la tarde) y el saque nuestro halló el picante que faltó en el primer juego.

Con un chico por lado, reaparecieron los fantasmas en recepción y, al toque, los coreanos sacaron rápido cuatro de luz (13-9) y después fueron piolas para cerrar el chico, sobre todo porque el líbero Yeo era un Droopy que aparecía por todos lados, y mataban de contra vía Lim.

Weber metió mano de vuelta y dejó en cancha a dos receptores suplentes (Uriarte y Ocampo). La transfusión de sangre nueva dio beneficios e hizo subir la temperatura. Luquetas Chávez tuvo un set bárbaro (ocho tantos; 21 en todo el partido), a los locales se les acabó la tiza y de vuelta hubo que ir al tie break. No se perdió la cabeza por una amarilla al DT, hubo paciencia para insistir en los ataques cuando no se podía perforar la defensa rival y el bloqueo dio señales de vida (grosso el Negro Ocampo, con cuatro en total). Un gorro de Facu Conte (el más parejo del weekend) al 16 fue la cereza del postre.

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