Esto no es Racing.

Esto no es Racing.
GIMNASIA LP 2 - INDEPENDIENTE 0: Al Rojo se le acabó el encanto del derby. Gimnasia lo bajó y se quedó con la fiesta que quería Pepé para su cumpleaños: punta y chance de salir de la Promoción.
Gimnasia jugó el partido como lo que era: una más de las tantas finales en cadena que debe encarar de acá hasta el final del semestre. Independiente jamás pareció un equipo que venía de llevarse un clásico: ni cuando empataba, ni cuando perdía. Esa fue la razón principal del resultado. No la única...

Está claro que Gimnasia no es Racing. Debería saberlo Independiente. Este Lobo gana porque conoce cuál es la receta que más se adapta a sus posibilidades. Optimiza sus recursos. Juega a meter, ahogar, presionar, porque debe entregarlo todo para permanecer en Primera. Es consciente de que no le van a sobrar llegadas, que difícilmente sea el rey del ping pong de llegadas, y entonces se enfoca en ser efectivo de cara al arco rival. Y cuando consigue la ventaja, la sostiene en su solidez, la misma que le permitió terminar el Apertura con la valla menos vencida. Y así, este equipo que necesariamente empezó el torneo pensando en el promedio, acosado, hoy mira hacia arriba y también hacia abajo, con serios riesgos de sufrir de tortícolis, porque a esta hora, en la tabla de la página 2, está puntero, solito y solo.

Independiente se había mostrado mejor en el arranque, algo más preciso, inquietante por las bandas, con Ismael Sosa vestido de wing derecho y con centros venenosos de Mancuello. Pero rápidamente evidenció dos problemas profundos. El primero, y más tangible, fue su falta de efectividad. José Moreno falló todas: las fáciles (el cabezazo que falló a los tres minutos de juego es insólito), las regulares y las difíciles. El segundo, su falta de intensidad, o tibieza, como le dicen en algunos barrios. Gimnasia, prácticamente sin generarle situaciones de peligro (antes del frentazo de Maldonado, hubo un zurdazo mordido de Piatti), casi que le puso los clavos en el cajón.

Porque cuando faltaba una hora de partido se palpaba que el vencedor estaba decidido. Y eso es para asustarse. Independiente volcó todas sus expectativas ofensivas en Moreno, y ya está dicho cómo jugó el colombiano. Encima, Montenegro estaba disperso, perdido, alejado del área. Todo el equipo fue demasiado light para el torbellino de ímpetu que mostró Gimnasia. Para peor, el Rojo no encontró reacción en el banco. Pepé Santoro también tiene parte de responsabilidades en no haber podido celebrar sus 67 años con una alegría: demoró la salida de Moreno (es cierto, en el banco no tenía a Van Nisterlooy, pero bien que el DT había pedido refuerzos y no llegó ni un punta nuevo) y le faltaron reflejos para sacar a un defensor y tentar un poquito al destino.

El equipo no esbozó ninguna reacción anímica vinculada al deseo de vivir otra semanita veraniega como la que acaba de esfumarse. Gimnasia, el puntero, le mostró de qué se trata. Y lo mira desde lejos.

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