"Esto no se lo hicimos ni a Menem"

Fue presidente de la Federación Agraria de Córdoba entre 2002 y 2005. Afirma que el nivel de las protestas es desmedido y remarca que no es decoroso cortar las rutas en plena época de cosecha y seguir trillando mientras los camioneros no pueden trabajar.
Daniel Martinelli es un productor agrícola de 48 años que siembra soja en 280 hectáreas propias al sur de Río Cuarto y en otras 220 que alquila en el norte de Santiago del Estero. Fue presidente de la Federación Agraria de Córdoba y miembro del Consejo Directivo Central entre 2002 y 2005. La semana pasada generó revuelo en su provincia cuando declaró a un diario local que los sojeros "no podemos pretender ganar siempre tanto". En diálogo con Página/12 explicó por qué no está de acuerdo con la protesta: "El reclamo principal hacia mis pares es que esto que hemos hecho ahora no se lo hicimos ni a Menem. En la década del ’90, tratábamos de movilizarnos y la mayoría no participaba, pese a que nos endeudamos, nos descapitalizamos y quedaron en el camino más de 100 mil productores. Ahora eso no está ocurriendo. Los sojeros nos hemos desendeudado, nos capitalizamos y algunos también hemos podido comprar tierras", afirmó.

–¿Cuándo comenzó a oponerse a las protestas de la Mesa de Enlace?

–Tengo diferencias con la metodología desde el 11 de marzo de 2008. La movilización se genera a partir de un problema con la soja y para serle honesto es el cultivo que menos problemas tiene en la Argentina. Por eso no estuve de acuerdo con las movilizaciones del año pasado y no estoy de acuerdo ahora. No me parece justo un reclamo de semejante magnitud. Creo que las entidades deberían haber negociado de otra manera.

–¿Cuando critica la metodología se refiere a los cortes de ruta?

–El año pasado el lockout fue muy agresivo con la sociedad. Por ejemplo, en el piquete de Río Cuarto le impidieron el paso a camiones con tomates y esa mercadería se terminó pudriendo, mientras nosotros teníamos la soja guardada en los silobolsas. Este año no se llegó a ese nivel de violencia, pero me parece que hay que tener un poco de decoro porque estamos en plena cosecha. Estamos todos trabajando. ¿Cómo le explicás a la sociedad que vos hacés un paro pero seguís trabajando? Todo el mundo sabe cuál es la dinámica del campo. Los camioneros se quejan con razón. Saben que nosotros seguimos trillando mientras ellos no pueden trabajar y entonces piden que dejemos de trillar, pero es imposible porque cuando la cosecha está lista hay que cosecharla. No podés esperar una semana. Por eso digo que los productores tendríamos que haber tenido un poco más de decoro.

–Los dirigentes afirman que ahora la situación es peor que la del año pasado porque los rindes fueron muy afectados por la sequía y remarcan que el negocio de la soja es inviable con una retención del 35 por ciento.

–La sequía es un dato de la realidad que no se puede negar. Los rindes en muchos lugares se vieron afectados, pero justamente por eso tenemos que poner el eje de la discusión en otras cosas y no en las retenciones porque al productor que perdió la cosecha no le sirve de nada que haya menos retenciones. Las retenciones son un instrumento de política económica y para mí deberían estar segmentadas, pero insisto en que ése no debe ser el eje de la discusión ahora. Lo que hay que discutir, región por región y producto por producto, son las rentabilidades y ahí vamos a tener un dato más real de qué es lo que está pasando, incluso con la soja. Circunscribir todo a las retenciones es un error y más grave lo es en el caso de Federación Agraria que tiene una historia de casi cien años, muy rica en propuestas. La conducción de la entidad quedó entrampada en la Mesa de Enlace y cometió equivocaciones muy gruesas como, por ejemplo, haber firmado una solicitada en contra de la intervención del Estado en el comercio exterior de granos, que es una bandera histórica de la entidad.

–Usted dice que hay que hablar de rentabilidad, ¿qué rinde está dando la soja ahora?

–La seca es muy dispar. En algunos departamentos hay lugares donde hay buena cosecha y otros donde la producción quedó afectada. Por eso hay que hablar de los rindes de inflexión. Si sos el dueño del campo, necesitás 10 o 12 quintales por hectárea para cubrir los costos y en un campo alquilado el rinde de inflexión es de 22 quintales. Donde hubo seca no se va a llegar a 22 quintales y tal vez no se llegue a los 12 quintales, depende de cuán afectada esté la zona.

–¿Y dónde no hubo seca?

–Hay rindes de hasta 35 quintales por hectárea. No se puede decir que a todo el mundo le rinde 35 quintales, pero se llega a eso.

–Si bajar las retenciones no le sirve al que perdió su producción, ¿qué es lo que se debe discutir?

–Hay una ley de emergencia agropecuaria que debe ser modernizada y los productores que sufren las inclemencias del tiempo deben tener asistencia estatal. Eso debe ser parte de una política integral. Debe haber diálogo entre las partes, pero no con el revólver cargado apuntando. Se debe generar un ámbito para discutir una política agropecuaria. No sólo para la soja sino también para todas las otras producciones y para las economías regionales, sino seguiremos siendo un país soja-dependiente y esto no creo que vaya a ser para toda la vida. Las consecuencias del monocultivo son reales.

–¿A qué consecuencias se refiere?

–Tiene consecuencias negativas en todo aspecto. Una es la degradación del suelo, que sólo se puede ir corrigiendo con aportes de fertilizantes y un manejo adecuado, pero hay otro problema mucho más grave y es que el monocultivo lleva a la concentración de la tierra. La concentración en el sector agropecuario lleva a la despoblación y al desierto. Una vez que se termine el negocio de la soja no sé como se puede llegar a reconstruir el ámbito agrario a lo largo y a lo ancho del país.

–¿Usted es la oveja negra de los campos cordobeses, no?

–Me dieron algún espacio en el diario de Córdoba por mi trayectoria, pero en mi pueblo la gente del campo rechaza fuertemente mi posición desde marzo del año pasado. Lamentablemente estoy sólo.

–¿Son discusiones civilizadas o sufrió algún tipo de agresión?

–No he tenido escraches, pero discutir este tema es muy difícil. Hay un cierto grado de intolerancia. Hoy (por el viernes) en el diario de Córdoba salió una nota de la Federación Agraria de Río Tercero diciendo que yo no puedo hablar porque soy kirchnerista. La verdad es que nunca milité en el kirchnerismo, pero comulgo con el modelo que se está llevando adelante. Creo que hay que hacerle muchas correcciones en cuanto a la política agropecuaria, pero el reclamo principal hacia mis pares es que esto que hemos hecho ahora no se lo hicimos ni a Menem. En la década del 90, tratábamos de movilizarnos y la mayoría no participaba, pese a que nos endeudamos, nos descapitalizamos y quedaron en el camino más de 100 mil productores. Ahora eso no está ocurriendo. Los sojeros nos hemos desendeudado, nos capitalizamos y algunos también hemos podido comprar tierras. Con mi hermano, en cinco años hemos crecido lo que a mi padre como agricultor le hubiera llevado cinco vidas.

–¿La rentabilidad de los últimos años fue tan alta comparada con otros períodos de la historia?

–No hay duda de que la rentabilidad fue extraordinaria. En el 2001 sembramos cuando estaba vigente el 1 a 1 y luego se nos pesificó la deuda y vendimos nuestra producción con un 3 a 1. Además, los precios internacionales empezaron a subir. Salvo en un período de 2004, la tendencia fue alcista, sobre todo en el caso de la soja. Hubo una toma de ganancias enorme y el esfuerzo individual que tuvimos que hacer nosotros es ínfimo comparado con el que tuvieron que hacer nuestros viejos debido al avance tecnológico. Por eso yo dije que los grandes productores no pueden pretender ganar tanta plata durante tanto tiempo sin ser solidarios. Lo que quiero es apelar a la memoria. Me parece que es muy desmedido lo que se ha hecho. En el campo criticamos durante muchos años los paros que le hacía Ubaldini a Alfonsín porque no lo dejaba gobernar. Y Alfonsín se tuvo que ir mal. Hoy creo que estamos en una situación similar. Hay un cerrojo que no deja avanzar. Es cierto que el Gobierno no se manejó bien. Hubo algunas palabras que encresparon los ánimos, pero tampoco eso justifica que se siga tanto tiempo con la protesta.

–¿Esta discusión usted la sigue dando dentro de Federación Agraria?

–Después del voto de Cobos me acerqué a la filial y dije que era el momento de retirarse de la Mesa de Enlace, pero no me dieron bolilla. Me dijeron que no podían romper la unidad del campo, pero éste es un frente para muy pocos. Es un frente para sacar las retenciones. La Federación Agraria no puede estar en eso. La pinza entre la Sociedad Rural y los autoconvocados nos llevó a un camino sin salida. Los dirigentes de Federación Agraria van a tener que dar muchas explicaciones. No ha habido debate interno y pasamos a ser funcionales a un sector que no sé si quiere el bien de todo el país.

–También terminaron siendo un ariete de la oposición.

–La oposición encontró un palenque muy bueno en este reclamo. Fíjese lo que pasó en la fiesta del trigo en Leones. Estaba toda la oposición política y el presidente de Federación Agraria les pidió que se unan para derrotar al Gobierno. El acto de Leones no fue de protesta gremial, fue un acto de la oposición.

–¿Qué grado de movilización hubo en su zona durante esta última protesta?

–Fue infinitamente menor a la del año pasado.

–¿Se volvieron a cortar rutas?

–Los primeros días hubo algunos intentos que demoraron un poco el tránsito, pero en realidad no, por lo menos en la zona centro de Córdoba.

–¿La ciudad sigue apoyando?

–No es el mismo apoyo que había antes. La gente se está dando cuenta de que esto es algo que no tiene fin. Después de un lockout por tiempo indeterminado, ¿qué es lo que hay? Para mí el abismo. Hay una actitud que ya raya lo irresponsable y la sociedad lo empezó a ver.

–¿Hay críticas o hay indiferencia?

–Córdoba es una provincia donde el gobierno nacional no tiene demasiado apoyo. A lo mejor hay mucha gente que saldría a decir basta con el quilombo del campo, pero no lo hace porque tampoco quiere aparecer defendiendo al gobierno nacional.

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