El estilo K, un bumerán

Por Fernando Laborda

La decisión del juez norteamericano Thomas Griesa de trabar cuentas del Banco Central, haciendo lugar a un pedido de dos de los llamados "fondos buitres", pareció darles la razón a los economistas y dirigentes de la oposición, además de al propio Martín Redrado, en tanto advirtieron sobre los riesgos de embargos a los que abría la puerta el decreto presidencial que constituyó el Fondo del Bicentenario.

Esa determinación, que conmovió a los mercados argentinos pese a la afortunadamente exigua suma embargada, da cuenta de que el gobierno nacional también comienza a perder la batalla contra Redrado en el terreno de las argumentaciones.

Los traspiés que el gobierno de Cristina Kirchner ha sufrido, tras su intento de remover a Redrado, tanto en la Justicia como en el Congreso de la Nación, están indicando que para el oficialismo nada será igual que antes.

El sueño kirchnerista de gobernar sin límites pudo haber tenido algún viso de realidad hasta el 10 de diciembre, con la anterior composición del Poder Legislativo.

Pero hoy el oficialismo no sólo carece de mayoría parlamentaria, sino que la imagen positiva del matrimonio presidencial está por el piso en cuanta encuesta de opinión pública seria se lleve a cabo.

Lejos de admitir su situación de debilidad en los dos ámbitos adonde ha llegado la disputa por el Fondo del Bicentenario (el legislativo y el judicial), la jefa del Estado intentó ayer retomar la ofensiva, responsabilizando de la determinación del juez Griesa a sectores de la oposición encabezados por el vicepresidente Julio Cobos a los que dice imaginar detrás de un complot contra los intereses del país. Por si esto fuera poco, tildó a Redrado de "okupa del BCRA".

La Presidenta se muestra así inflexible y reacia a admitir errores, al igual que a negociar con la oposición. Casi dos años atrás, tras la resistencia que generó la resolución 125 contra el campo, la jefa del Estado decidió recurrir al debate parlamentario para zanjar la cuestión porque no imaginaba el resultado final. Hoy ella se resiste a esa alternativa, porque sabe que deberá hacer concesiones, algo que no parece figurar en el manual kirchnerista. Aun cuando el estilo de gobernar sin buscar consensos y sin rendir cuentas ha probado sus límites: ya no sólo agiganta a los adversarios elegidos, sino que exhibe los peligros a los que puede dejar expuesto al país. En síntesis, se ha convertido en un bumerán.

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