El estigma de El Martillo

En ese barrio hay un complejo de viviendas abandonado, que sirve de refugio para delincuentes. En el último tiempo los vecinos sufrieron varios delitos y hasta hubo tres violaciones. Hay quejas sobre la falta de respuestas desde la Municipalidad, y aseguran que si no se halla una solución, ellos mismos demolerán la construcción.
La publicidad oficial es más que abrumadora. Se habla continuamente de planes de seguridad, se amplía el presupuesto para la compra de patrulleros y la incorporación de personal policial, hasta un helicóptero de Prefectura recorre las calles de la ciudad por la noche y el comisionado Osvaldo Castelli se reúne con el intendente Gustavo Pulti para tranquilizar las aguas y asegurar que el delito disminuye en Mar del Plata. Uno puede pensar que estamos fuertemente cuidados. Y sin embargo no es así.

Pueden dar fe de ello los habitantes del barrio El Martillo, quienes sufren constantemente el asedio de los delincuentes; en los últimos tiempos, vecinos de ese sector han sufrido varios robos y asaltos, además de tres casos de violación. Pero como si lo mencionado no fuera suficiente, se erige en esta zona un complejo de viviendas que resulta el refugio ideal para todo malviviente que transite esas calles. Allí se esconden, huyen de la Policía, pero además venden y compran drogas. El vecino Guillermo Héctor Gatti asegura que esperan respuestas de las autoridades, pero en el caso de que no lleguen, ellos mismos pondrán manos a las obras y demolerán el edificio.

N&P:- La realidad que viven en el barrio El Martillo es muy diferente a la que muestra la publicidad oficial, aseguran los vecinos…

G.H.G.:- En realidad, creo que estamos llenos de palabras. Hace años que este país está lleno de palabras y nos faltan acciones. Hace un año que estoy acá, pero mi padre vivió 15 años en este barrio. Es decir que conozco la realidad. Viví afuera del país y me vine a este lugar porque me gustaban los lugares tranquilos. Claro que en esto de los lugares tranquilos, me gustan los que son lindos ¿no? Y me queda la tranquilidad por un lado, pero la cosa viene incrementándose y en el término de un mes y medio vivimos tres violaciones, doce robos; el último fue la semana anterior en la casa de mi hermana, que vive a dos casas de la mía.

N&P:- ¿Qué le ocurrió a su hermana?

G.H.G.:- Venía del supermercado y aparecen dos personas en moto, le ponen un revólver en el estómago y los quieren hacer entrar a ella, al marido y al hijo. Mi cuñado se puso muy nervioso porque pensó que si entraban los tres morían los tres, y no sabemos si hubo un Dios aparte, pero se asustaron y se fueron. Dentro de esta parte del barrio tenemos un gran estigma, porque dentro de El Martillo nosotros vivimos en la parte olvidada. Sería de la calle 47 para arriba, porque son dos mundos separados dentro de un mismo mundo. Tenemos un baldío que da sobre la calle Gütemberg, que sería del barrio 2 de Febrero, que se inauguró hace poco. Ese baldío tiene más de 60 casas a medio construir, en proceso de destrucción porque llevan más de 20 años así.

N&P:- ¿Es una construcción que había sido encarada por una mutual?

G.H.G.:- Creo que estuvo bastante manoseada. Ahora tenemos entendido que pertenece al Banco Central, porque hubo varios fraudes en toda esta historia. Son casas a medio construir, a algunas les han robado los ladrillos. Y esto de verdad que es un estigma, porque cuando uno sale de su casa y camina… Mire, yo voy a pasear con mi perro, veo esto, y me duele, porque me doy cuenta de que evidentemente éste es el país del desborde. Es decir, tanta gente podría estar viviendo en esa casa que hoy se convirtió en un caldo de cultivo de todo tipo... Es un basurero, un lugar donde se compra y se vende droga, el lugar que los delincuentes usan como alternativa de salida para escaparse. Porque de ahí agarran el campo y desaparecen. Tanto es así, que el día que el intendente Pulti estaba cerrando la campaña, a la misma hora estaban violando a una vecina, una madre joven de 21 años. Dentro de una de esas casas.

Demoliendo edificios

N&P:- ¿Consideran ustedes que una de las posibilidades para terminar con este conflicto es que demuelan ese edificio?

G.H.G.:- Justamente por ahí viene la cosa. Nosotros nos hemos reunido entre los vecinos y les propuse poner en marcha algunos proyectos, porque he vivido afuera del país, y en el sur de Brasil yo presido desde hace muchos años una organización no gubernamental sobre maltrato familiar. Soy psicólogo y desde siempre he trabajado en el área comunitaria, si bien mi profesión desde hace unos cuantos años está orientada hacia el turismo. Pero estoy relacionado a través de puentes solidarios. Algo vamos a hacer. Creo que lo digno, dentro de toda esta historia, es reconvertir las cosas, transformarlas. En vez de salir y ver esto que estamos viendo y sufrir los efectos, vamos a pelear para que este terreno o lo podamos parquizar, o reciclar, o hagamos un espacio de usos múltiples para nuestros adolescentes, nuestros chicos, que por ahí están jugando en la calle, en las plazas. Que puedan tener un lugar.

N&P:- ¿Qué respuesta obtuvo de la sociedad para trabajar en la recuperación de este espacio?

G.H.G.:- Me puse en contacto y hay profesores de gimnasia que están de acuerdo en ayudarnos, profesores de artes plástica, la propia comunidad. Cada uno tiene su talento y no lo usa, y lo puede poner al servicio. Y eso nos puede servir para reciclar conciencia también, que es importante. Inclusive para darle la bienvenida a ese barrio 2 de Febrero que está del otro lado, al cual se lo ha señalado negativamente. "Allí vinieron esos de la villa, estos deben ser, seguramente son ellos", se escucha. Y no nos olvidemos de que esto hace más de cuatro años que viene pasando, y esta gente no estaba. Esta gente tiene hijos, esta gente quiere convivir y esta gente tiene proyectos de vida. Tenemos que integrarlos porque somos todos iguales, y este lugar podría ser ese lugar.

N&P:- ¿Se comunicaron con las autoridades políticas?

G.H.G.:- Se habla con la Municipalidad, pero no hay tiempo. La gripe A está como loca, quemando la conciencia y el cerebro de todo el mundo. Entonces está toda esa energía por allá. Hay que esperar, todo hay que esperar. Se esperó después de las campañas, ahora se espera después de la gripe. Todo es esperar en el país de las largas filas, como lo llamo yo. Por eso empezamos con algunas notas, vinieron de algunos medios. Y en la última nota que se dio hace dos semanas, yo dije por la tele que si no viene alguien de la Municipalidad, no nos convocan, o vamos y no nos dan pelota, en dos semanas empezamos a demoler nosotros.

El país del escrache

Enojado con la realidad que le toca vivir, así se encuentra Guillermo Héctor Gatti. Sin embargo, resaltó que una de las pocas personas que se acercaron a darles respuestas fue el capitán Montero, titular de la Seccional Quinta. "Se puso al servicio para que tengamos una reunión entre nosotros y él, y poder armar una estrategia de patrullaje", indicó, a la vez que reconoció que así como hay mucha gente que desoye su reclamo, hay otra que presta atención.

No obstante, el vecino se mostró partidario de continuar manifestándose a pesar de que aparezcan unas mínimas respuestas. Esta situación le hizo reflexionar acerca del país y llegó a la conclusión de que "somos el país del escrache". Crítico, se mostró molesto porque, al parecer, manifiesta, "somos hijos del rigor. Nos tienen que escrachar para que las cosas empiecen a funcionar".

En ese sentido, Gatti quiso darle un "mensaje" al intendente, y a la vez dejar en claro que no hay cuestiones personales aquí. "No tengo cuestiones políticas. A mí me gustan los hechos, los hechos marcan por encima de cualquier cosa. Que genere autoconciencia. Es importante el marketing en la política, hoy la política es una industria, no es más aquella ciencia. Y que reflexione realmente, cuando escribe su agenda de prioridades, dónde está lo importante".

Al referirse a la "agenda de prioridades", el habitante del barrio El Martillo sostuvo: "desde la Presidencia para abajo me parece que la agenda de prioridades está al revés. Queremos la ciudad feliz que él quiere, la ciudad pujante, la ciudad tecnológica, la ciudad de los congresos, pero hay que tomar conciencia de que la ciudad sigue agrandándose y que periferia no significa necesariamente pobreza. Y si fuera pobreza, porque quiere estar afuera para sentirse mejor, sigue formando parte de la ciudad. Si le queda muy grande la ciudad a él, porque estamos continuamente con argumentos justificativos, tendrá que recuestionarse si realmente la puede gobernar. Porque para mí el que se sube a gobernar un pueblo las tiene que tener muy grandes, porque este pueblo no tiene límites".

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