Este año, la reforma migratoria

Ante un grupo de legisladores hispanos, el presidente de Estados Unidos anunció que su administración buscará regularizar la situación de los doce millones de indocumentados. La pelea por la nueva reforma estará en el Capitolio.
Barack Obama prometió sacar la reforma migratoria este año. En medio de la mayor crisis económica de las últimas décadas y con una reforma de salud en marcha, el presidente estadounidense dio su palabra ante un grupo de legisladores hispanos de que la tercera será la vencida para los más de doce millones de inmigrantes ilegales que esperan poder normalizar su situación y quedarse en Estados Unidos. “El presidente nos dejó claro que él es un hombre de palabra. Este es un asunto de seguridad nacional, de seguridad económica”, dijo la legisladora por Nueva York Nydia Velázquez, presidenta del llamado Caucus Hispano, el grupo que nuclea a los congresistas de origen hispano en el Capitolio.

El senador demócrata Bob Menéndez adelantó que la Casa Blanca difundirá los lineamientos de la nueva reforma migratoria en un foro público –similar al que están realizando en el tema salud– dentro de dos meses. La iniciativa tendría dos ejes: fuertes medidas para la seguridad fronteriza y una vía para legalizar los doce millones de inmigrantes indocumentados que se estima que viven actualmente en el país.

“El entiende que esto es un asunto de derechos civiles”, aseguró el senador por Nueva Jersey. El año pasado, alrededor de 350.000 extranjeros sin papeles fueron deportados, la mayoría de vuelta a Centroamérica. Las redadas masivas en centros de trabajo ganaron gran publicidad en los medios y provocaron el repudio de todas las organizaciones de inmigrantes y de defensa de los derechos civiles.

Los legisladores de origen hispano salieron de la reunión de una hora con Obama más que satisfechos. Sabían que iban a reunirse con un hombre que hace dos años votó a favor de una reforma migratoria amplia y que en noviembre pasado recibió un apoyo crucial del electorado hispano, pero no esperaban conseguir un compromiso tan concreto. “El presidente dijo más de lo que muchos de nosotros esperábamos”, aseguró Luis Gutiérrez, el demócrata que lidera el grupo parlamentario.

No será fácil aprobar la reforma migratoria, reconocieron al unísono los legisladores ayer. Durante el segundo gobierno de Bush, los demócratas se unieron a la Casa Blanca para intentar pasarla en el Congreso. Primero en 2006 y una segunda vez el año siguiente. En las dos oportunidades fueron los republicanos los que boicotearon el proyecto de ley, intentando imponer requisitos policíacos en la frontera.

Casi en el mismo momento en que el Caucus Hispano comunicaba a la prensa los resultados de la reunión con Obama, la Casa Blanca informaba que el presidente hará una parada en México antes de llegar a la Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago, prevista entre el 17 y el 19 de abril próximo. En DF tendrá su segunda reunión con el presidente Felipe Calderón, con quien ya había conversado en el Salón Oval apenas días después de asumir el cargo.

El encuentro promete ser tenso. La relación entre los dos vecinos es contradictoria. Por un lado, Estados Unidos defiende el Tratado de Libre Comercio (Nafta) y la libre circulación de todo tipo de bienes (ver aparte), pero, por otro lado, se niega a otorgar el mismo beneficio a la movilidad de personas, como sí sucede dentro de la Unión Europea. La semana pasada el mandatario estadounidense prometió que no militarizará la frontera, pero sí revisará el posible envío de más hombres de la Guardia Nacional. Durante el primer mes de su gobierno, el Departamento de Estado difundió un informe que alertaba sobre la posibilidad de una explosión social violenta en el vecino del sur.

Ahora largan las negociaciones. Los demócratas tienen el control de la Cámara de Representantes, pero apenas arañan la mayoría en el Senado, con ayuda de algunos independientes, uno de ellos un férreo aliado de su rival republicano John McCain durante la última campaña presidencial. Obama prometió poner en juego su capital político, pero aún la crisis económica sigue dando sorpresas y poniendo trabas a las promesas del mandatario.

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