"Este Huracán es mi mayor logro como técnico".

Cappa no necesita la final del domingo para sentir orgullo. "Lo que hicimos en estas 18 fechas, no lo borra nada", dice el mayor defensor del tiki tiki.
Te acordás de las palabras de un hincha que mostró la televisión después de la derrota con Arsenal en el Apertura? Agarrado al alambre, te decía: "Boludo, despertate que nos vamos a la B".

-¿Saben que me pidió perdón? Hace poco, salía del estadio y un señor me abraza y llorando me dice "yo fui el que te dije...".

-¿Esperabas que Huracán diera esta pirueta de rendimiento y estuviera en una situación así?

-Mentiría si dijera que sí. Pero esperaba que el equipo jugara bien. Eso sí.

-Hay un dato que avala esa confianza. Cuando firmaste el contrato, le pediste a Babington premio por salir campeón.

-Es cierto, pero lo hice casi por pudor. Yo nunca pediría un premio por la permanencia. Me da vergüenza. Ya había hecho lo mismo con Universitario de Perú. Y como los dirigentes pensaban que era una locura, pusieron un premio exorbitante. Claro, después nunca me lo pagaron.

-La conclusión general es que Huracán juega bien. ¿Qué es jugar bien?

-Todo el mundo sabe qué es jugar bien. Lo que pasa es que hace algunos años se instaló un discurso que puso en duda esos preceptos. Como había pasado en el 58, cuando empezaron a decir que la nuestra no servía. Y hace unos años pasó lo mismo: decían que jugar bien es defender y no sé cuántas cosas más. Pero si un amigo te pide que lo lleves a ver a un equipo que juegue bien, lo vas a llevar a ver a Lanús, a Vélez y a Huracán. Estudiantes también juega bien.

-¿Podés resumir en dos conceptos esta idea?

-El primero es obvio: el tratamiento de la pelota. Se parte del cuidado del pase, porque el pase es lo más importante del fútbol. Y a partir de ahí, la elaboración. Pero para qué: para llegar a posiciones de gol. Para eso se elabora, no para hacerse el lindo, para que la gente diga "mirá qué lindo que juegan". Se elabora para encontrar un espacio y cuando se encuentra un espacio se genera una situación. Cuántos toques, me preguntaban, hay que dar. Los menos posibles. Dos no se puede porque lo rivales no son tontos. Bueno, entonces, hay que dar los pases que sean necesarios. Pero ni uno menos.

-¿Y para recuperar?

-Se necesita que participe todo el equipo. Cuando se ataca, hay que achicar con la defensa. Eso lo implantó Rinus Michels. Permite que si pierdo la pelota, el retorno sea corto. Si la defensa se queda atrás, el regreso es muy costoso. Hacer un equipo corto es necesario para jugar bien: para atacar y para defender.

-¿Se entrena este modo de jugar?

-Se entrena y mucho. El toque se entrena. Así como hablamos de Michels, ahora tenemos que hablar de Menotti. Para mí los dos entrenadores que revolucionaron el fútbol. Michels impuso el achique y Menotti impuso los conceptos. Y trabajamos a partir de los conceptos. Por ejemplo, cómo hago para que un jugador tenga dos opciones de pase, por lo menos. Yo no se lo puedo anticipar ni puedo andar con un megáfono para decirle al jugador en qué momento tiene que largarla. Entonces lo que hago es generarle un hábito al jugador. Si yo entreno a un toque o a lo sumo a dos, el jugador se acostumbra porque no puede trasladar. Y si no puede, eso obliga a los compañeros a ofrecerse. Detrás de este modo de jugar, hay mucho entrenamiento.

-¿Encontraste en este plantel una receptividad diferente?

-En este grupo todo fue muy rápido. Todo duró una pretemporada. Por eso, cuando llegué, el objetivo era jugar, pero también ver qué jugadores había, ver si se podía. Y se podía: había muchos. No sólo Pastore o Defederico.

-Y llegó Bolatti...

-Sí, lo mandó un hada. Mario es clave, pero también es cierto que encontró un equipo que lo favorece.

-Esa generosidad que Huracán tiene en la gestación, ¿se agota en los últimos metros?

-No creo. Hay zonas donde uno tiene que ser correcto. Y hay otras donde no alcanza con ser correcto. Ahí tiene que aparecer la inspiración. Pero para todo que la inspiración aparezca también hace falta tiempo.

-Este equipo alcanzó rápido la madurez.

-Es cierto. Es el que más rápido la alcanzó de los equipos que dirigí.

-Con Raúl te pasó algo parecido a lo de Pastore. Lo pusiste muy joven..

-Tenía 17 años y un carácter que no dejaba dudas.

-Más allá de los conceptos, pareciera que se dio una química especial entre vos y el plantel.

-No creo en la autoridad. La única autoridad que respeto es la del conocimiento. Y eso lo aprendí en el barrio. El más respetado no era el más fuerte sino el que mejor jugaba. Pero más allá de la autoridad, está el respeto y el afecto.

-¿Alguna vez intentaste que tus equipos jugaran de otra manera?

-No, eso no lo resigno. Y si mañana me toca entrenar a tipos que no saben patear una pelota, perderé 7-0.

-¿Este equipo es tu mayor logro como técnico?

-Sin dudas, este Huracán es mi mayor logro como técnico por lo que generó. No solamente en la hinchada de Huracán sino en el fútbol argentino. Es un equipo que sigue la identidad del fútbol argentino.

-¿Ganaste una batalla?

-Puede ser... Pero me siento reconfortado no por mí sino porque represento a una idea. También se puede ganar de esta forma. Y cuando se gana de esta forma, se gana dos veces.

-Pero también debe ser un triunfo personal...

-Sí, desde luego. Pero yo ya estoy curado. Me ha ido bien y me ha ido mal en muchos lados. Pero a mí no me altera. Esta fue siempre mi verdad. Cuando te va mal, te vas. Pero lo intentás la próxima.

-¿Hay otros mitos que te molestan?

-Las pelotas paradas es otra de las historias que hay que derribar. Huracán tiene diez goles de pelota parada. De córner y tiro libre. Y la gente piensa que somos románticos y que no trabajamos la pelota parada. Yo para trabajar la pelota en serio tendría que tener a los jugadores de Vélez. Si no, de qué me sirve. Pero claro que practico. Tiro cinco de acá, tres de allá para tener las distancias, referencias. Y punto. A veces sale y a veces no. No se trata de tirar cinco horas seguidas un tiro libre porque no sirve.

-¿Creés que a partir de esta campaña hay un cambio en tu imagen?

-No sé. No me interesa. Cuando uno tiene éxito, todo sale bien. Yo ahora salgo en el diario diciendo que el 4 tiene que jugar con los botines al revés y me aplauden.

-Pero ahora te van a llegar ofertas que hace unos años no tenías.

-Nunca planifiqué el futuro. La vida es lo que va saliendo. Además, estoy muy bien acá. Cuando estás en la mala no te llama nadie. Una vez me lo dijo Alterio: "Levanto el teléfono y, la puta madre, anda bien".

-¿Sentís reconocimiento del fútbol argentino?

-Lo siento. Y valoro mucho ese reconocimiento. -¿Cómo se maneja la cabeza de un jugador antes de una final? Sobre todo de pibes que no saben qué será de su futuro un día después...

-En un partido de esta naturaleza no se mensura ese tipo de cuestiones. No hay algo más lindo para el jugador que salir campeón, que jugar una final, porque esto es una final. Y no hay cosa más linda. El jugador piensa en esto, nada más. El domingo a la noche tal vez piense en otra cosa. Pero antes, seguro que no.

-¿Cómo manejás la ansiedad?

-Como se puede. Diciéndoles la verdad. Y la verdad es que Huracán no depende de este partido. Este es el partido número 19, que en los anteriores 18 disfrutamos. Y eso vale. Eso ya está dentro nuestro, de cada uno, de la hinchada. Falta un partido. Y ese partido no puede borrar nada. Como no se lo puede borrar a Vélez ni a Lanús. Es un partido más. Que uno sueña con jugar.

-¿Qué le pasa a Huracán si presionan a Bolatti?

-¿Con un jugador? Tiene recursos. Pero si lo enciman dos, queda uno libre. El otro día decían que a Bolatti lo iban a tomar de adelante y de atrás. Y yo les dije a mis jugadores: "Hagamos cuentas. Si juegan con 14, estamos listos; pero si son 11, es otra cosa".

-¿Cuál es el tu principal acierto de este ciclo?

-Respetar la idiosincrasia del club, el respeto a su significado en el fútbol argentino. Huracán es refugio de fútbol, de bohemia, del barrio, del tango. Y yo lo respeté. Si hubiéramos sido cuartos, la gente también estaría agradecida.

Comentá la nota