Las dos son estatizaciones, pero no es igual Massuh que General Motors

Por: Marcelo Canton

General Motors, en los EE.UU., y la papelera Massuh, en la Argentina, tienen un punto en común: ambas son objeto de un proceso de nacionalización. Son soluciones que los gobiernos de ambos países encaran hoy para enfrentar el impacto de la crisis económica mundial. Pero la semejanza termina ahí. Quién se queda con las acciones de la empresa rescatada y quién la administra durante el rescate son diferencias clave entre estos dos casos testigo. El punto no es menor. Pero tampoco es la única diferencia.

La caída de la demanda de los mercados locales, la reducción de las exportaciones, la falta de financiación jaquean a empresas de todo el planeta. Atenazados por la pérdida de puestos de trabajo, los Gobiernos buscan soluciones diversas Hoy el debate en la Argentina gira sobre el caso de la papelera Massuh, que quedó bajo control oficial luego del cierre de la planta por parte de sus dueños. En EE.UU. las noticias giran sobre la quiebra de GM, en la que el estado norteamericano terminará siendo principal accionista.

El Gobierno de EE.UU. intervino en GM para que la empresa avance a la quiebra. De ahí surgirá una "nueva GM", en la que el fisco estadounidense tendrá 60% de las acciones, a cambio de sus aportes a la empresa. Y el de Canadá, 12,5%. El resto se repartirá entre los anteriores accionistas, acreedores y gremios.

En el caso Massuh, los actuales dueños de la empresa siguen siendo dueños de la misma. Y alquilan al Gobierno las instalaciones. La administración quedó en manos de un fideicomiso oficial.

Cuando GM se recupere, luego del aporte del Estado, será propiedad del Estado. Cuando Massuh se recupere, luego del aporte del Estado, será propiedad de Massuh. Por el contrario, el proceso de reestructuración de GM lo manejará su actual conducción. En tanto que en Massuh los privados fueron desplazados y la gestión quedó en manos del secretario Guillermo Moreno.

"Pero además, en el caso de General Motors, lo que queda claro es que el Gobierno entra a la empresa en forma transitoria -señala Juan Llach, profesor de la escuela de negocios del IAE-. Nadie duda que sea de otra manera. Nadie cree que Obama quiera producir autos. En el caso particular de Massuh, hay un contrato de alquiler por 3 años de la planta. Pero en el contexto actual y a tono con la realidad cotidiana, se generan sensaciones diferentes. Allá nadie duda que es temporario y acá si lo dudan. Porque hay otros casos que el Gobierno tuvo una propensión a querer ampliar el conjunto de empresas llamadas del Estado. Esa es una diferencia saliente, lejos la principal. El modelo de estatización temporaria se ha usado en varios países; el problema es la convicción con que se hace".

En la Argentina hay una cultura de empresas estatales que no existe en otros países, señala el profesor emérito de la facultad de Ciencias Económicas (UBA) Manuel Fernández López. "Las estatizaciones de Juan Domingo Perón, tal vez inspiradas en lo que vió en Italia luego de la Primera Guerra Mundial, o lo que hizo Inglaterra luego de la Segunda Guerra, se mantuvieron en el tiempo -señala-. Se formó una constelación de empresas estatales que siguieron fuertes por décadas, hasta el gobierno de Carlos Menem."

Fernández López destaca que "lo que se hace en EE.UU. no se parece mucho a lo que se está haciendo aquí. Lo que anunciaron para General Motors sería como lo que aquí se anunció cuando se reestatizó Aerolíneas Argentinas, que se dijo que era temporario, un paso intermedio para luego reprivatizar. Eso es lo que se dice que harán con GM, que no es una estatización definitiva. Pero en el caso de Aerolíneas parece haberse dejado en el olvido la idea de volver a privatizar, tal vez por razones políticas, tal vez por las elecciones, porque nacionalizar fue muy aplaudido, y volver a privatizar tal vez generaría mala impresión en la generalidad de la población, que aprobó que volviera a ser del Estado".

Los arquetípicos casos de Massuh o de General Motors se diseñaron, así, con esquemas formales muy diferentes. Y también son muy diferentes las expectativas de la sociedad sobre lo que pasará en el futuro con esas compañías. Así, aunque todo reciba el mismo título de nacionalización, aunque muchos funcionarios aquí digan que no hacen más que lo que en EE.UU. instrumenta Obama, está claro que no todo es lo mismo.

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